miércoles, 16 de diciembre de 2020

F.C. y E. I Grupos : 1D y 1E 17-12-20

 

17-12-20   Igualdad de género en la vida política

Aprendizaje esperado: Analiza situaciones de la vida social y política de México a la luz del derecho a la igualdad.

 Énfasis: Valorar la participación de la mujer mexicana en la toma de decisiones.

 ¿Qué vamos a aprender?

Como lo dice el título, centrarás tu atención en la igualdad de oportunidades que deben de gozar las mujeres en la vida social y política del país.

 

Para ello, analizarás situaciones que han enfrentado y todavía enfrentan las mujeres del país, a quienes no se les valora, ni se generan las condiciones para su participación en la toma de decisiones de la vida social y política del país.

Con la celebración del Día Internacional de la Mujer –merced a la lucha valerosa de un grupo de trabajadoras textiles que decidieron protestar, el 8 de marzo de 1857, en Nueva York, por las míseras condiciones laborales, con lo que se convirtió en una de las primeras manifestaciones para luchar a favor de sus derechos– se debe insistir la inclusión de la mujer en los espacios políticos, y no obstante que nuestro país en los últimos años ha tenido avances legales en el tema, aún persiste la supremacía del hombre.

El entramado legal nacional e internacional garantiza la igualdad de género, tal como se expresa en la Carta Magna, en los artículos primero y cuarto, donde quedan establecidos los principios de no discriminación y de igualdad; de igual manera, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se plasma con toda precisión y contundencia las libertades y derechos que tienen todos los seres humanos.

En el ámbito de la política fue hasta 2014, con una reforma constitucional, que se garantizó esa equidad, al precisar en su artículo 41, fracción 1, que los partidos políticos deben establecer las reglas para garantizar la paridad entre los géneros en candidaturas a legisladores federales y locales, lo que dio lugar a que 50 por ciento fueran para mujeres. Así, la paridad de género es una garantía constitucional que busca la existencia de la equidad en casi todos los procesos electorales que se lleven a cabo, y decimos casi porque esto no se dio en la búsqueda de las candidaturas presidenciales en el seno de los partidos políticos. 

Desde la reforma constitucional de 1953 que otorgó a las mujeres mexicanas el derecho al sufragio, se entendió que la mera igualdad formal era insuficiente para lograr una mayor equidad entre hombres y mujeres en el ámbito político.



En nuestro país, la reforma constitucional de 1953 que otorgó a las mujeres el derecho al sufragio constituye uno de los acontecimientos más importantes para buscar la equidad de género en la vida política. Con el reconocimiento a nivel federal del derecho de voto a las mujeres, se vivió un gran avance democrático que generó una situación de igualdad constitucional. Sin embargo, con el tiempo se hizo evidente que las mujeres siguieron enfrentándose a una serie de obstáculos que las ponían en desventaja frente a los hombres cuando intentaban participar activamente en la vida pública del país. Se entendió entonces que la mera igualdad formal era insuficiente para lograr una mayor equidad entre hombres y mujeres en el ámbito político y, de esta forma, comenzaron a concebirse acciones afirmativas para perseguir esa equidad.

En 1993, por ejemplo, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) recomendaba que los partidos «promovieran una mayor participación de las mujeres en la vida política del país». Esta disposición no dejaba de ser una mera declaración de buena voluntad, pero, a pesar de ello, el hecho de que por primera vez se buscara abrir el camino a la reivindicación electoral del voto pasivo de las mujeres en un ordenamiento federal tuvo efectos positivos. Prueba de lo anterior es que, en la lvi Legislatura, el porcentaje de mujeres pasó del 8% a casi un 14% de participación en la Cámara de Diputados, y del 4% a un 13% en la Cámara de Senadores. No obstante, por muy diversas causas, el interés por el voto pasivo de las mujeres fue perdiendo su impulso inicial y no fue sino hasta 1996 cuando este tema se volvió a situar en el centro de la discusión de los partidos políticos, a través del establecimiento de cuotas de género. Ese año se aprobó una reforma en la que se señalaba que, en sus estatutos, los partidos políticos considerarían que las candidaturas a diputados y senadores para un mismo género no excedieran el 70% del total.

Más tarde, en 2002, en el apartado B del Artículo 75 del Cofipe, se estableció que las listas de representación proporcional se integrarían por segmentos de tres candidaturas y que, en cada uno de los tres segmentos de cada lista, habría una candidatura de género distinto. Además, en el apartado C del mismo Artículo, se enunció, por primera vez, un sistema de sanciones para los partidos que no cumpliesen con el mandato de la ley.



Otra de las acciones legislativas para favorecer la equidad de género en la vida pública sucedió en 2008. A partir de ese año, el Cofipe señaló que al menos el 40% de los candidatos propietarios del total de solicitudes de registro -tanto para las candidaturas a diputados como a senadores que presenten los partidos políticos o las coaliciones ante el Instituto Federal Electoral (IFE)- deberían integrarse con personas de un mismo género, procurando llegar a la paridad. Asimismo, el Cofipe estableció que las listas de representación proporcional deberían integrarse por segmentos de cinco candidaturas y que, en cada uno de los segmentos de cada lista, habría dos candidaturas de género distinto, de manera alternada.

Las cuotas han contribuido sensiblemente a obtener una mayor representación descriptiva en los órganos legislativos federales, pero los cambios no han sido tan evidentes en el contexto global de la producción legislativa y de la participación de las mujeres en la vida política. En México, si bien la presencia de las mujeres en los órganos legislativos aumentó con las cuotas de género, aún existen muchos ámbitos de la vida pública en los que no existe una verdadera equidad entre hombres y mujeres. En este sentido, cabe preguntar si sería recomendable impulsar reformas legales para que la integración de los órganos colegiados de los organismos electorales federal y estatales se ajuste a una proporción de un máximo de 60% y un mínimo de 40% de consejeros del mismo género, para que su conformación sea congruente con la actual cuota en el registro de candidaturas a cargos de elección popular que establece el Cofipe. También cabe preguntar cómo es posible que el órgano que vigila el cumplimiento de cuotas o paridad de género carezca de ello en su integración.

A fin de que la participación política de las mujeres no sea simplemente descriptiva, sino que se convierta en una representación sustantiva a través de la cual las mujeres tengan una mayor participación en la construcción de la agenda política nacional, además del establecimiento de las cuotas, se han llevado a cabo acciones que buscan fortalecer el liderazgo político de las mujeres. Una de ellas es dar financiamiento para apoyar la participación política de este grupo de la población, ya que ahora el Cofipe (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) establece que cada partido político debe destinar anualmente el 2% de su financiamiento público ordinario para la capacitación, promoción y desarrollo del liderazgo político de las mujeres [Artículo 78, párrafo 1, inciso A), fracción v)]. El uso de estos recursos es fiscalizado por la Unidad correspondiente del INE a partir de los informes anuales de ingresos y egresos que los partidos políticos presentan al Instituto. Además, los datos que contienen dichos informes forman parte de los siguientes dos documentos que, cada año, se ponen a consideración del Consejo General del INE para su aprobación: a) el Dictamen Consolidado respecto de la Revisión de los Informes Anuales de Ingresos y Gastos de los Partidos Políticos Nacionales, y b) el Proyecto de Resolución del Consejo General del IFE sobre las Irregularidades Encontradas en la Revisión de los Informes Anua- les de Ingresos y Gastos de los Partidos Políticos Nacionales. Estos documentos, elaborados por la Unidad de Fiscalización, aportan datos importantes sobre la forma como que se aplican los recursos destinados a la capacitación, la promoción y el desarrollo del liderazgo político de las mujeres, y ofrecen también la oportunidad de formular algunas propuestas que ayudarían a lograr que la finalidad de la reforma del Artículo 78 se cumpla, ya que, muchas veces, los partidos políticos no aplican de manera adecuada los recursos destinados al desarrollo del liderazgo de las mujeres.



Ahora bien, debe señalarse que el empoderamiento de las mujeres y su liderazgo político requieren alcanzar todos los niveles de gobierno, tanto de la federación como de los estados y municipios. En este sentido, dentro del ámbito de las entidades federativas se han registrado avances importantes en materia de equidad de género. En la actualidad, la mayoría de las legislaciones electorales locales establecen que, en la postulación de candidatos a puestos de elección popular, los partidos políticos y las coaliciones deberán satisfacer, entre otros requisitos, el de equidad de género. Gran parte de las legislaturas locales han establecido como tope para un mismo género el 70% del total; sin embargo, existen entidades vanguardistas, como Chihuahua y Tlaxcala, en las que se ha llegado a la paridad de género como requisito para el registro de candidaturas. La legislación de Chihuahua establece una cuota de 50% de mujeres para las candidaturas de diputados por el principio de re- presentación proporcional y munícipes, tanto respecto de propietarios como de suplentes. La misma proporción se encuentra ordenada en la legislación electoral de Tlaxcala, que también establece una cuota del 50%, tanto en las elecciones de diputaciones locales como en las de ayuntamientos.

La igualdad de género es un ideal humano profundamente anhelado que produce enormes beneficios a la humanidad. Sin embargo, es muy difícil de alcanzar porque implica cambios en una infinidad de asuntos humanos anclados profundamente en la cultura, en la organización social y en las subjetividades de las personas. Por este motivo es que, desde el Estado, se ha promovido la agenda de la igualdad de género mediante diversas políticas públicas.

Las políticas públicas más comunes para promover la igualdad de género pasan por la creación de nuevas leyes que garanticen -entre otras cosas- la igualdad, la no discriminación y la eliminación de la violencia contra las mujeres. Además se busca crear estructuras gubernamentales que implementen dichas reformas legislativas, como ministerios, secretarías o institutos de las mujeres con mecanismos o enlaces locales distribuidos en distintas regiones y sectores de los países. Se suelen crear también planes de igualdad, programas y acciones encaminadas a transformar la realidad cotidiana. Estos modelos también se aplican, en mayor o menor grado, al interior de instituciones u otro tipo de organizaciones.

Para la implementación de políticas públicas de género se requiere de un conocimiento profundo sobre las formas que adquiere la desigualdad de género en cada sociedad. Esto implica disponer de gran cantidad de información cuantitativa -siempre desagregada por sexo- y de investigaciones de carácter cualitativo que permitan comprender las causas de la desigualdad. Aunque hay tendencias y fenómenos de carácter general que ocurren prácticamente en todo el mundo -como la menor participación de las mujeres en los espacios laborales mejor pagados y de toma de decisiones, la violencia de género o el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado- cada región o país tiene características propias generadas por su cultura, su historia, su situación económica, política, social y religiosa que requieren intervenciones adecuadas a la realidad social que viven.

Un instrumento internacional para conocer el estado de los países en materia de igualdad de género es el «Global Gender Gap Report», publicado anualmente desde 2006 por el Foro Económico Mundial. Las dimensiones que se utilizan en este reporte son cuatro: participación económica y oportunidades, educación, salud y poder político. Cada dimensión contiene una serie de indicadores que permite evaluar algunos aspectos de la igualdad entre mujeres y hombres en el mundo. 

Las políticas orientadas a la corresponsabilidad y a la distribución igualitaria de las tareas de cuidado son un eje fundamental para avanzar hacia sociedades con mayor igualdad de género. Sin embargo, dichas políticas no son suficientes: son imprescindibles también las aquellas orientadas a defender derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En este sentido, los países nórdicos nuevamente son un ejemplo a seguir pues, desde hace varias décadas, tienen legalizado el derecho al aborto.

Las políticas orientadas a la corresponsabilidad y a la distribución igualitaria de las tareas de cuidado son un eje fundamental para avanzar hacia sociedades con mayor igualdad de género. Sin embargo, dichas políticas no son suficientes: son imprescindibles también las aquellas orientadas a defender derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En este sentido, los países nórdicos nuevamente son un ejemplo a seguir pues, desde hace varias décadas, tienen legalizado el derecho al aborto.

Para la región latinoamericana se creó el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que analiza tres grandes dimensiones: la autonomía física, la autonomía en la toma de decisiones y la autonomía económica. Cada una de estas dimensiones tiene una serie de indicadores que permite conocer, por país y en la región, tanto algunos avances como las desigualdades profundas que continúan imperando en Latinoamérica. Por ejemplo, Colombia y Perú reportan más de 80 muertes de mujeres ocasionadas por su pareja o expareja íntima (de acuerdo con el último periodo disponible), Guatemala y Honduras tienen más de 40% de mujeres sin ingresos propios, frente al 8.9% y 16.1% de hombres en la misma situación respectivamente. En términos políticos los países con más de 40% de participación de mujeres electas en los parlamentos son Andorra, Bolivia, Cuba y Nicaragua.

Algunos países de Latinoamérica han impulsado leyes y políticas públicas para fortalecer la autonomía y el reconocimiento de las mujeres y avanzar hacia condiciones de mayor igualdad. En el libro Políticas públicas para la igualdad de género: un aporte a la autonomía de las mujeres, publicado por la CEPAL en 2014, se pueden identificar siete políticas, en distintos países latinoamericanos, que han fortalecido alguno de los objetivos de justicia redistributiva, de reconocimiento y de representación que plantean las autoras. Dos de ellas, en Brasil y Uruguay, están orientadas a enfrentar la violencia dirigida a las mujeres. Otra política catalogada como exitosa en Latinoamérica es la interrupción legal del embarazo en Colombia. En relación a la autonomía de las mujeres en la toma de decisiones, destacan dos políticas de paridad política impulsadas una en Bolivia y otra en Costa Rica. En Chile se analiza una reforma previsional orientada a disminuir las brechas de pensiones que tienen las mujeres en relación a las de los hombres. Finalmente, en el caso de México se analiza el gasto etiquetado para las mujeres que se distribuye en toda la administración pública federal. Además, en este país, a partir de 2000, se han creado leyes, estructuras y planes para impulsar la igualdad de género -como la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres y la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia- y, sin embargo, México aparece en el lugar 80 en el «Global Gender Gap Report» de 2014. Además, algunos de estos avances en materia de igualdad producen resistencias y retrocesos. Este es el caso de la interrupción legal del embarazo en la Ciudad de México que trajo aparejado una reacción profundamente conservadora en otros estados de la República Mexicana que cambiaron sus constituciones locales para definir la vida desde el momento de la gestación.

Aún quedan muchos retos por alcanzar y algunos más por plantearse. La reproducción de los estereotipos de género sigue invadiendo todos los espacios sociales. En las familias, en las instituciones escolares y en los medios de comunicación se siguen reproduciendo sin cesar apariencias, modales, emociones, intereses, espacios y actividades «adecuadas» para las mujeres, por un lado, y los hombres, por el otro. A pesar de los esfuerzos realizados desde hace décadas en diversos países del mundo para transformar el núcleo duro de la desigualdad -la valoración superior de lo masculino sobre lo femenino- y las múltiples formas que adquiere en la vida cotidiana de las mujeres, los avances son muy modestos, se producen lentamente y de manera muy heterogénea en las distintas regiones del planeta.



Para construir una sociedad en la que el respeto, la tolerancia y la igualdad sean los pilares, es necesario considerar principios como los siguientes: 

  • Valorar la dignidad de todas y todos por igual.
  • Exigir a las autoridades la creación de condiciones igualitarias para todas y todos.
  • Rechazar todas las formas de discriminación y negarse a participar en ellas.

 

El gobierno ha trabajado en programas, a favor de la igualdad, para garantizar que: 

  • las niñas ingresen y permanezcan en la escuela con becas y apoyos económicos.
  • las mujeres y hombres reciban el mismo pago por el mismo trabajo.
  • los partidos políticos incluyan a las mujeres entre sus candidaturas a puestos de elección popular.

Actividad:

Ø  ¿Qué articulo establece las reglas para garantizar la paridad entre los géneros en candidaturas a legisladores federales y locales, lo que dio lugar a que 50 por ciento fueran para mujeres?

Ø  ¿Qué estados han establecido la paridad de género como requisito para el registro de candidaturas?

Ø  ¿Cuál es la ley que se creó en México para impulsar la igualdad de género?

Ø  Menciona 4 nombres de mujeres que ocupen un cargo público.

Ø  ¿Qué piensas de la participación de las mujeres en la política?