martes, 23 de febrero de 2021

Historia II Grupos: 2C y 2D 22-02-21

 

22-02-21     Imperio mexica e Imperio español

Aprendizaje esperado: Reconoce hechos ocurridos en Europa y América antes y durante los viajes de exploración. También estudia la relación entre la defensa de la religión cristiana y el proceso de conquista española.

 Énfasis: Conocer las características del Imperio español y las del Imperio mexica.

 ¿Qué vamos a aprender?

En sesiones anteriores, estudiaste las culturas del Posclásico que se desarrollaron en la región de Mesoamérica, incluyendo al Imperio mexica. Durante el siglo XVI todas ellas tuvieron que hacer frente a la llegada de una entidad política ajena al mundo mesoamericano: el Imperio español. En esta sesión, comenzarás por conocer esa nueva entidad política y la compararás con el Imperio mexica.

Origen del Imperio Español

El Imperio Español nació en el siglo XV, cuando la reina Isabel I de Castilla y el rey Fernando II de Aragón contrajeron nupcias.

Este matrimonio unificó sus territorios y se hizo conocer como los Reyes católicos, dada su lealtad a la Iglesia y su propósito expansionista evangelizador.

El nuevo reino unificado logró expulsar los remanentes islámicos que permanecían en Granada en 1492, poniendo así fin a la Reconquista.

En medio de estas victorias se otorgó al navegante genovés Cristóbal Colón los recursos para explorar una ruta comercial hacia Oriente. En este viaje “descubrió”  el continente americano. Desde ese momento se inició su conquista y colonización.

La avanzada española sobre tierras americanas disparó a su vez la expansión del Imperio. Así, se extendió por África, Asia y Oceanía, especialmente luego de la conquista de las Islas Canarias de manos de sus pobladores guanches.



Sociedad del Imperio Español

El Imperio Español estableció un sistema virreinal que trataba a sus colonias como extensiones de la metrópoli en vez de colonias extractivas. Esto obligó a conformar una sociedad colonial que distinguía sus clases en base a la raza.

Por eso, los «blancos» (europeos o hijos de europeos) conservaban las funciones de gobernación y administración. Los «indios» (nativos de las colonias) eran forzados a la servidumbre o esclavitud. Los «negros» (población traída de África y en algunos casos sus descendientes) eran forzados a la esclavitud.

Esta estructura respondía a determinadas estructuras burocráticas y políticas:

  • Virreinatos. Gobernados por un Virrey, eran subreinos del peninsular, que reportaban directamente a la metrópoli. Eran nombrados por el Rey para operar como sus representantes.
  • Audiencias. Encargadas de los asuntos jurídicos en las colonias, podían llegar a sustituir a los virreyes de ser necesario.
  • Capitanías generales. Sometidas a los virreinatos o las audiencias, eran divisiones políticas en manos de un Capitán General o Gobernador, encargado de las fuerzas militares y la jurisprudencia, especialmente en zonas de interés estratégico para la corona.
  • Cabildos. Encargados del control fiscal (presupuestos, rentas), del control de la delincuencia y del abastecimiento del pueblo en las colonias, eran administrados por los alcaldes y concejales de cada ciudad.

La sociedad castellana estaba organizada a partir de jerarquías y estamentos muy definidos. Idealmente, el rey se hallaba a la cabeza, vivía de los terrenos de los que era dueño y de ciertos cobros e impuestos. Él debía impartir justicia a todos sus súbditos, otorgarles beneficios y cuidar su bienestar cristiano.

Debajo se ubicaba el estamento noble, compuesto por los grandes señores castellanos –dueños de enormes porciones de territorio, de donde obtenían fuertes recursos económicos–, y la media y baja nobleza, que para esos siglos comenzaba a sufrir una transformación de importancia al reducirse sus recursos económicos provenientes de la guerra. La conquista de Granada y el lento fortalecimiento de la institución monárquica obligó a muchas personas de la media y baja nobleza a dedicarse a labores administrativas dentro de la corte real, a incursionar en el comercio o a emigrar hacia otros territorios, donde la guerra les permitiera conseguir las riquezas y los privilegios que en la Península ya no podían obtener.

Por debajo de este estamento se encontraban los llamados pecheros y los plebeyos, es decir, todos aquellos que debían trabajar para subsistir y, además, tenían que pagar contribuciones a la Corona, a las autoridades municipales o al dueño de las tierras donde trabajaran y vivieran (fuera laico o religioso). Aquí podíamos encontrar a los pequeños comerciantes, artesanos o campesinos, quienes muchas veces no dependían del rey sino del señor de las tierras donde vivían.

Ahora bien, es importante decir que los monarcas en esta época no tenían el poder que se decía que tenían. En vez de que el rey pudiera imponer su voluntad como quisiera, en realidad debía negociar con otros sectores de la sociedad (nobleza, Iglesia o grandes comerciantes) para seguir gobernando. Esto sería evidente en 1520, con el estallido de la revuelta de los comuneros, cuando varios nobles se levantaron en armas contra Carlos I.

Actualmente, los historiadores dicen que en la práctica, la sociedad castellana era una sociedad en la que el poder no estaba concentrado en la Corona, sino que estaba repartido entre varios grupos, sin que los monarcas tuvieran siempre la última palabra, una sociedad plurijurisdiccional.

También es importante decir que los estamentos no se encontraban cerrados y, por tanto, se quería y podía llegar a la nobleza. Para lograrlo, había que juntar una gran fortuna (principalmente a través de las armas o por el comercio) y conseguir que el Rey, o en su defecto un noble importante, diera ciertos privilegios como pago por servirlo. A pesar que era difícil de conseguir, el pertenecer a la nobleza fue uno de los objetivos sociales más importantes de la época, promovido por las muy difundidas novelas de caballería. Seguramente fue un motivo fundamental para aquellos que formaron parte de las expediciones en América.



Además de este pensamiento, había una fuerte carga religiosa en todos ellos. Muchos tenían la creencia de que combatir al paganismo y al demonio mediante la conquista de nuevas tierras y con la conversión de personas a la religión católica, hacerlas gente de Dios, era cumplir con su deber cristiano. Hay que recordar también que para ellos lo sobrenatural y lo mundano convivían en todo momento.

Pero es posible que no todos pensaran así. Algunos podrían tener una forma de ver el mundo “humanista”. Para ellos, lo más importante no era la fama y la gloria personal del afán de hidalguía o el servicio al Rey, sino el beneficio de la república entendida como “la cosa pública” o de todos, el respeto al valor y los derechos de otros grupos sociales, incluyendo a los habitantes de las Indias, así como el perfeccionamiento de la sociedad humana, por medio de la difusión de la religión, la piedad y el estudio.

De este contexto era que provenían Cortés y sus hombres cuando llegaron a las playas veracruzanas en 1519. Allí se encontraron con otro mundo, con sus propias características del que Pitalpotoque y Tendile, junto con Malintzin y los indígenas que fueron servidores, formaban parte. Tenerlo presente es fundamental porque igualmente influiría en el desarrollo de los eventos de los próximos años.

Imperio Mexica

Para principios del siglo XVI, la región conocida como Mesoamérica era una zona con poco más de 20 millones de habitantes y aproximadamente 500 ciudades, (altepetl en náhuatl) de diversos tamaños. En el centro de esta región estaba ubicada el altépetl más grande y poderoso, México-Tenochtitlán, una ciudad construida a mitad del lago de Texcoco y donde vivían más de 200,000 habitantes. Fundada por el pueblo mexica en el año 1325, Tenochtitlán había logrado expandir su zona de dominio de manera considerable hasta abarcar un territorio que llegaba de la región del Soconusco en el sur, a las costas de Guerrero y de Veracruz, así como a la zona de Tula y la frontera con Michoacán. Por otro lado, se sabe que las redes de comercio e influencia mexica llegaban a lugares tan apartados como el actual Nuevo México y Honduras.

Para lograr esta impresionante expansión, los mexicas, como se le llamaba a los habitantes de México-Tenochtitlán, se apoyaron en otras dos poblaciones nahuas que se hallaban en la cuenca del Lago de Texcoco: los altepeme de Texcoco y Tacuba, con quienes habían formado la llamada Triple Alianza o Excan Tlahtoloyan en el año de 1430.



Mapa de Nuremberg, 1524. Primer mapa de la ciudad México-Tenochtitlán, fue realizado –con representaciones y elementos europeos– para ilustrar la Segunda Carta de Relación de Hernán Cortés. Ahora bien, es importante señalar que, si bien los mexicas y sus aliados habían logrado conquistar varios pueblos, el control que ejercían sobre ellos no era tan intenso como podría pensarse. En lugar de que manipularan al gobierno del pueblo conquistado, impusieran sus dioses y borraran la identidad local, los mexicas sólo obligaban a los pueblos vencidos a entregar una cantidad determinada de tributos y prisioneros, así como a dar apoyo logístico y militar en ciertas campañas militares mexicas. Esto es importante tenerlo presente, puesto que, si en un principio se podría pensar en los mexicas como un imperio fuerte, uniforme y unido, en realidad era una red de poblaciones diversas y con un alto grado de autonomía política que únicamente estaban sometidas a los tributos y requerimientos de Tenochtitlán. Ésta es la razón de que muchos de los pueblos mesoamericanos, como fue el caso de los cempoaltecas o los tlaxcaltecas, decidieran unirse a los castellanos contra los mexicas, pues querían aprovechar a los recién llegados para recobrar su autonomía y librarse de los tributos.

Para lograr imponer su autoridad, la Triple Alianza solía enviar ejércitos en incursiones que no buscaban destruir al enemigo, sino sólo ganar recursos. Sin embargo, el sistema tenía que hacer frente a problemas logísticos derivados de no usar la rueda o carecer de bestias de carga, por lo que los ataques se hacían menos eficientes conforme se alejaban del valle de México. De hecho, a pesar del poder de los ejércitos mexicas, existían en Mesoamérica varios pueblos que resistían y no habían sido sometidos, como los purépechas, algunas poblaciones mixtecas, los totonacas de Cempoala y los tlaxcaltecas. De hecho, pocos años antes de la llegada de los castellanos, una gran expedición militar mexica que buscaba subyugar a los pueblos de Tlaxcala fue sonoramente derrotada, lo que puso un freno a las ambiciones políticas de Moctezuma Xocoyotzin.

A pesar de todo, aún con la existencia de lugares que se resistían al dominio mexica, en realidad gran parte de los pueblos de la región mesoamericana eran sus tributarios. Gracias a las conquistas, llegaban a Tenochtitlan una gran cantidad de productos, riquezas y prisioneros, los cuales se comerciaban en el famoso mercado de Tlaltelolco o se utilizaban en las grandes ceremonias religiosas. Para 1519, los mexicas estaban en la cima de su esplendor y a la cabeza de ella se encontraba Moctezuma, el noveno tlatoani mexica.

La sociedad mexica, y en general la gran mayoría de los pueblos de la región mesoamericana de finales del siglo XV y principios del XVI, estaba estructurada a partir de una división central. Por un lado, se encontraban los nobles que por linaje tenían varios privilegios y prerrogativas económicas, políticas y sociales, incluyendo el uso de ciertos vestidos o peinados. Por el otro, los del común (o macehualtin en náhuatl) estaban encargados de trabajar y de entregar una porción de sus productos en forma de tributo a los nobles, fueran estos nobles de su propio altépetl o de uno conquistador.

A la cabeza de cada altépetl se hallaba el tlatoani (huey tlahtoani en el caso de los mexicas), un cihuacoatl o consejero real, y los tetecutin (tecutli en singular), que serían los funcionarios nobles. Los hijos de estos últimos eran los pipiltin. Todos ellos estaban integrados en el gobierno, donde cumplían diversas funciones, ya fuera que tuvieran algún puesto en el palacio real tenochca, se encontraran adscritos a algún tecpan o palacio de la ciudad como jueces, fungieran como sacerdotes en los templos principales o fueran calpixqueh, encargados de recaudar tributos en las regiones del imperio, como era el caso de Tendile o Pitalpitoque.

Debajo de ellos había grupos sociales que se encontraban en la frontera entre los nobles y los comunes, estos eran los importantísimos pochteca, o comerciantes mexicas, y los cuahpiltin, los cuales podían estar divididos en diversos rangos, como guerreros jaguar, águila, coyote o los del contingente otomí. Ninguno de ellos era noble y difícilmente podían llegar a serlo, sin embargo, podían ocupar posiciones en el gobierno y tener una situación económica holgada.



Imagen proveniente del Códice Florentino en la que se pueden apreciar a dos guerreros águila (cuāuhpilli) y un guerrero jaguar (ocēlōpilli) con sus armas e indumentaria. Estos serían los soldados más especializados del ejército mexica y sus miembros tendrían un estatus especial dentro de la sociedad mexicaAl final se hallaban la mayoría de los habitantes, los macehualtin, que debían pagar tributo. Principalmente eran agricultores, aunque también existían una gran variedad de profesiones, como plumeros, trabajadores de textiles, escultores, orfebres o talladores de obsidiana.

En esta sociedad, la comunidad local era la base de la identidad; una persona se definía en buena medida gracias a su familia y a su barrio o calpulli. En este sentido, no existía el individuo libre como lo entendemos actualmente, sino que su función era cumplir los roles que por su origen social y de nacimiento tenía ya determinados. En este mundo las diferencias entre estratos estaban muy marcadas y era mal vista la gente que intentaba salirse del esquema y romper con las tradiciones. El único medio de ascenso era el servicio a la sociedad y al gobernante mexica, a través de la guerra, la religión o el comercio.

Para los pueblos originarios, la vida representaba una constante repetición de ciclos regidos por las fuerzas sobrenaturales, dentro de los cuales se insertaba la vida de las personas. Todo estaba mediado por rituales que marcaban en todo momento el día a día y buscaban influir en los dioses y el destino del mundo. Así pues, en Mesoamérica la religión se encontraba en todos lados e influía todo, fenómeno que, guardando ciertas salvedades, era similar en el mundo de los castellanos.

Actividad:

  • ·         Realiza un esquema de  cómo estaba compuesta la sociedad en el imperio español.
  • ·         ¿Qué significa plurijurisdiccional?
  • ·         Realiza un esquema de  cómo estaba compuesta la sociedad en el imperio mexica.