22-02-21 Imperio mexica e Imperio español
Aprendizaje esperado: Reconoce
hechos ocurridos en Europa y América antes y durante los viajes de exploración.
También estudia la relación entre la defensa de la religión cristiana y el
proceso de conquista española.
Énfasis: Conocer
las características del Imperio español y las del Imperio mexica.
¿Qué vamos a aprender?
En sesiones anteriores,
estudiaste las culturas del Posclásico que se desarrollaron en la región de
Mesoamérica, incluyendo al Imperio mexica. Durante el siglo XVI todas ellas
tuvieron que hacer frente a la llegada de una entidad política ajena al mundo
mesoamericano: el Imperio español. En esta sesión, comenzarás por conocer esa
nueva entidad política y la compararás con el Imperio mexica.
Origen del Imperio Español
El Imperio Español nació en el
siglo XV, cuando la reina Isabel I de Castilla y el rey Fernando II de Aragón
contrajeron nupcias.
Este matrimonio unificó sus
territorios y se hizo conocer como los Reyes católicos, dada su lealtad a la
Iglesia y su propósito expansionista evangelizador.
El nuevo reino unificado logró
expulsar los remanentes islámicos que permanecían en Granada en 1492, poniendo
así fin a la Reconquista.
En medio de estas victorias se
otorgó al navegante genovés Cristóbal Colón los recursos para explorar una ruta
comercial hacia Oriente. En este viaje “descubrió” el continente americano. Desde ese momento se inició
su conquista y colonización.
La avanzada española sobre
tierras americanas disparó a su vez la expansión del Imperio. Así, se extendió
por África, Asia y Oceanía, especialmente luego de la conquista de las Islas
Canarias de manos de sus pobladores guanches.
Sociedad del Imperio Español
El Imperio Español estableció un
sistema virreinal que trataba a sus colonias como extensiones de la
metrópoli en vez de colonias extractivas. Esto obligó a conformar una
sociedad colonial que distinguía sus clases en base a la raza.
Por eso, los «blancos» (europeos
o hijos de europeos) conservaban las funciones de gobernación y administración. Los
«indios» (nativos de las colonias) eran forzados a la servidumbre o
esclavitud. Los «negros» (población traída de África y en algunos casos sus
descendientes) eran forzados a la esclavitud.
Esta estructura respondía a
determinadas estructuras burocráticas y políticas:
- Virreinatos. Gobernados por un Virrey,
eran subreinos del peninsular, que reportaban directamente a la metrópoli.
Eran nombrados por el Rey para operar como sus representantes.
- Audiencias. Encargadas de los asuntos
jurídicos en las colonias, podían llegar a sustituir a los virreyes de ser
necesario.
- Capitanías generales. Sometidas a los
virreinatos o las audiencias, eran divisiones políticas en manos de un
Capitán General o Gobernador, encargado de las fuerzas militares y
la jurisprudencia, especialmente en zonas de interés estratégico para
la corona.
- Cabildos. Encargados del control fiscal
(presupuestos, rentas), del control de la delincuencia y del
abastecimiento del pueblo en las colonias, eran administrados por los
alcaldes y concejales de cada ciudad.
La sociedad castellana estaba
organizada a partir de jerarquías y estamentos muy definidos. Idealmente, el
rey se hallaba a la cabeza, vivía de los terrenos de los que era dueño y de
ciertos cobros e impuestos. Él debía impartir justicia a todos sus súbditos,
otorgarles beneficios y cuidar su bienestar cristiano.
Debajo se ubicaba el estamento
noble, compuesto por los grandes señores castellanos –dueños de enormes
porciones de territorio, de donde obtenían fuertes recursos económicos–, y la
media y baja nobleza, que para esos siglos comenzaba a sufrir una transformación
de importancia al reducirse sus recursos económicos provenientes de la guerra.
La conquista de Granada y el lento fortalecimiento de la institución monárquica
obligó a muchas personas de la media y baja nobleza a dedicarse a labores
administrativas dentro de la corte real, a incursionar en el comercio o a
emigrar hacia otros territorios, donde la guerra les permitiera conseguir las
riquezas y los privilegios que en la Península ya no podían obtener.
Por debajo de este estamento se
encontraban los llamados pecheros y los plebeyos, es decir, todos aquellos que
debían trabajar para subsistir y, además, tenían que pagar contribuciones a la
Corona, a las autoridades municipales o al dueño de las tierras donde trabajaran
y vivieran (fuera laico o religioso). Aquí podíamos encontrar a los pequeños
comerciantes, artesanos o campesinos, quienes muchas veces no dependían del rey
sino del señor de las tierras donde vivían.
Ahora bien, es importante decir
que los monarcas en esta época no tenían el poder que se decía que tenían. En
vez de que el rey pudiera imponer su voluntad como quisiera, en realidad debía
negociar con otros sectores de la sociedad (nobleza, Iglesia o grandes
comerciantes) para seguir gobernando. Esto sería evidente en 1520, con el
estallido de la revuelta de los comuneros, cuando varios nobles se levantaron
en armas contra Carlos I.
Actualmente, los historiadores
dicen que en la práctica, la sociedad castellana era una sociedad en la que el
poder no estaba concentrado en la Corona, sino que estaba repartido entre
varios grupos, sin que los monarcas tuvieran siempre la última palabra, una
sociedad plurijurisdiccional.
También es importante decir que
los estamentos no se encontraban cerrados y, por tanto, se quería y podía
llegar a la nobleza. Para lograrlo, había que juntar una gran fortuna
(principalmente a través de las armas o por el comercio) y conseguir que el
Rey, o en su defecto un noble importante, diera ciertos privilegios como pago
por servirlo. A pesar que era difícil de conseguir, el pertenecer a la nobleza
fue uno de los objetivos sociales más importantes de la época, promovido por
las muy difundidas novelas de caballería. Seguramente fue un motivo fundamental
para aquellos que formaron parte de las expediciones en América.
Además de este pensamiento, había
una fuerte carga religiosa en todos ellos. Muchos tenían la creencia de que
combatir al paganismo y al demonio mediante la conquista de nuevas tierras y
con la conversión de personas a la religión católica, hacerlas gente de Dios,
era cumplir con su deber cristiano. Hay que recordar también que para ellos lo
sobrenatural y lo mundano convivían en todo momento.
Pero es posible que no todos
pensaran así. Algunos podrían tener una forma de ver el mundo “humanista”. Para
ellos, lo más importante no era la fama y la gloria personal del afán de
hidalguía o el servicio al Rey, sino el beneficio de la república entendida
como “la cosa pública” o de todos, el respeto al valor y los derechos de otros
grupos sociales, incluyendo a los habitantes de las Indias, así como el
perfeccionamiento de la sociedad humana, por medio de la difusión de la religión,
la piedad y el estudio.
De este contexto era que
provenían Cortés y sus hombres cuando llegaron a las playas veracruzanas en
1519. Allí se encontraron con otro mundo, con sus propias características del
que Pitalpotoque y Tendile, junto con Malintzin y los indígenas que fueron
servidores, formaban parte. Tenerlo presente es fundamental porque igualmente
influiría en el desarrollo de los eventos de los próximos años.
Imperio Mexica
Para principios del siglo XVI, la
región conocida como Mesoamérica era una zona con poco más de 20 millones de
habitantes y aproximadamente 500 ciudades, (altepetl en náhuatl) de
diversos tamaños. En el centro de esta región estaba ubicada el altépetl más
grande y poderoso, México-Tenochtitlán, una ciudad construida a mitad del lago
de Texcoco y donde vivían más de 200,000 habitantes. Fundada por el
pueblo mexica en el año 1325, Tenochtitlán había logrado expandir su zona de
dominio de manera considerable hasta abarcar un territorio que llegaba de la
región del Soconusco en el sur, a las costas de Guerrero y de Veracruz, así
como a la zona de Tula y la frontera con Michoacán. Por otro lado, se sabe que
las redes de comercio e influencia mexica llegaban a lugares tan apartados como
el actual Nuevo México y Honduras.
Para lograr esta impresionante
expansión, los mexicas, como se le llamaba a los habitantes de
México-Tenochtitlán, se apoyaron en otras dos poblaciones nahuas que se
hallaban en la cuenca del Lago de Texcoco: los altepeme de
Texcoco y Tacuba, con quienes habían formado la llamada Triple Alianza o Excan
Tlahtoloyan en el año de 1430.
Mapa de Nuremberg, 1524. Primer
mapa de la ciudad México-Tenochtitlán, fue realizado –con representaciones y
elementos europeos– para ilustrar la Segunda Carta de Relación de Hernán
Cortés. Ahora bien, es importante señalar que, si bien los mexicas y sus
aliados habían logrado conquistar varios pueblos, el control que ejercían sobre
ellos no era tan intenso como podría pensarse. En lugar de que manipularan al
gobierno del pueblo conquistado, impusieran sus dioses y borraran la
identidad local, los mexicas sólo obligaban a los pueblos vencidos a entregar
una cantidad determinada de tributos y prisioneros, así como a dar apoyo
logístico y militar en ciertas campañas militares mexicas. Esto es
importante tenerlo presente, puesto que, si en un principio se podría pensar en
los mexicas como un imperio fuerte, uniforme y unido, en realidad era una red
de poblaciones diversas y con un alto grado de autonomía política que
únicamente estaban sometidas a los tributos y requerimientos de Tenochtitlán. Ésta
es la razón de que muchos de los pueblos mesoamericanos, como fue el caso de
los cempoaltecas o los tlaxcaltecas, decidieran unirse a los castellanos contra
los mexicas, pues querían aprovechar a los recién llegados para recobrar su
autonomía y librarse de los tributos.
Para lograr imponer su autoridad,
la Triple Alianza solía enviar ejércitos en incursiones que no buscaban
destruir al enemigo, sino sólo ganar recursos. Sin embargo, el sistema tenía
que hacer frente a problemas logísticos derivados de no usar la rueda o carecer
de bestias de carga, por lo que los ataques se hacían menos eficientes conforme
se alejaban del valle de México. De hecho, a pesar del poder de los
ejércitos mexicas, existían en Mesoamérica varios pueblos que resistían y no
habían sido sometidos, como los purépechas, algunas poblaciones mixtecas, los
totonacas de Cempoala y los tlaxcaltecas. De hecho, pocos años antes
de la llegada de los castellanos, una gran expedición militar mexica que
buscaba subyugar a los pueblos de Tlaxcala fue sonoramente derrotada, lo que
puso un freno a las ambiciones políticas de Moctezuma Xocoyotzin.
A pesar de todo, aún con la
existencia de lugares que se resistían al dominio mexica, en realidad gran
parte de los pueblos de la región mesoamericana eran sus tributarios. Gracias a
las conquistas, llegaban a Tenochtitlan una gran cantidad de productos,
riquezas y prisioneros, los cuales se comerciaban en el famoso mercado de
Tlaltelolco o se utilizaban en las grandes ceremonias religiosas. Para 1519,
los mexicas estaban en la cima de su esplendor y a la cabeza de ella se encontraba
Moctezuma, el noveno tlatoani mexica.
La sociedad mexica, y en
general la gran mayoría de los pueblos de la región mesoamericana de finales
del siglo XV y principios del XVI, estaba estructurada a partir de una división
central. Por un lado, se encontraban los nobles que por linaje tenían varios
privilegios y prerrogativas económicas, políticas y sociales, incluyendo el uso
de ciertos vestidos o peinados. Por el otro, los del común (o macehualtin en
náhuatl) estaban encargados de trabajar y de entregar una porción de sus
productos en forma de tributo a los nobles, fueran estos nobles de su
propio altépetl o de uno conquistador.
A la cabeza de cada altépetl se
hallaba el tlatoani (huey tlahtoani en el caso de los
mexicas), un cihuacoatl o consejero real, y los tetecutin (tecutli en
singular), que serían los funcionarios nobles. Los hijos de estos últimos eran
los pipiltin. Todos ellos estaban integrados en el gobierno, donde
cumplían diversas funciones, ya fuera que tuvieran algún puesto en el palacio
real tenochca, se encontraran adscritos a algún tecpan o
palacio de la ciudad como jueces, fungieran como sacerdotes en los templos
principales o fueran calpixqueh, encargados de recaudar tributos en
las regiones del imperio, como era el caso de Tendile o Pitalpitoque.
Debajo de ellos había grupos
sociales que se encontraban en la frontera entre los nobles y los comunes,
estos eran los importantísimos pochteca, o comerciantes mexicas, y
los cuahpiltin, los cuales podían estar divididos en diversos
rangos, como guerreros jaguar, águila, coyote o los del contingente otomí.
Ninguno de ellos era noble y difícilmente podían llegar a serlo, sin embargo,
podían ocupar posiciones en el gobierno y tener una situación económica
holgada.
Imagen proveniente del Códice
Florentino en la que se pueden apreciar a dos guerreros águila (cuāuhpilli) y
un guerrero jaguar (ocēlōpilli) con sus armas e indumentaria. Estos serían los
soldados más especializados del ejército mexica y sus miembros tendrían un
estatus especial dentro de la sociedad mexicaAl final se hallaban la mayoría de
los habitantes, los macehualtin, que debían pagar tributo.
Principalmente eran agricultores, aunque también existían una gran variedad de
profesiones, como plumeros, trabajadores de textiles, escultores, orfebres o
talladores de obsidiana.
En esta sociedad, la comunidad
local era la base de la identidad; una persona se definía en buena medida
gracias a su familia y a su barrio o calpulli. En este sentido, no
existía el individuo libre como lo entendemos actualmente, sino que su función
era cumplir los roles que por su origen social y de nacimiento tenía ya
determinados. En este mundo las diferencias entre estratos estaban muy
marcadas y era mal vista la gente que intentaba salirse del esquema y romper
con las tradiciones. El único medio de ascenso era el servicio a la sociedad y
al gobernante mexica, a través de la guerra, la religión o el comercio.
Para los pueblos originarios, la
vida representaba una constante repetición de ciclos regidos por las fuerzas
sobrenaturales, dentro de los cuales se insertaba la vida de las personas. Todo
estaba mediado por rituales que marcaban en todo momento el día a día y
buscaban influir en los dioses y el destino del mundo. Así pues, en Mesoamérica
la religión se encontraba en todos lados e influía todo, fenómeno que,
guardando ciertas salvedades, era similar en el mundo de los castellanos.
Actividad:
- · Realiza un esquema de cómo estaba compuesta la sociedad en el imperio español.
- · ¿Qué significa plurijurisdiccional?
- · Realiza un esquema de cómo estaba compuesta la sociedad en el imperio mexica.



