09-11-20 Olmecas II
Aprendizaje
esperado: Conoce los principales rasgos del periodo preclásico de Mesoamérica, así
como algunos de sus centros regionales y su importancia en el posterior
desarrollo de las culturas mesoamericanas.
Énfasis: Reconocer la
influencia cultural olmeca en otras áreas de Mesoamérica.
¿Qué vamos a aprender?
Continuarás con el estudio de la cultura
Olmeca e identificarás sus principales características.
Esta antigua civilización representa muchos
misterios que no se han podido resolver, como la manera en la que ellos se
autonombraban, ya que el término “Olmeca” es de origen náhuatl.
Etimología
La palabra «olmeca» significa ‘habitantes [de la
región] del hule’
en idioma náhuatl.
Ese nombre fue utilizado por los mexicas para nombrar a varios pueblos, étnica y
lingüísticamente diversos, que ocuparon la región de Veracruz y Tabasco a
través de los siglos. Se desconoce el nombre que se daban a sí mismos a quienes
llamamos olmecas. En ese sentido, es necesario hacer la aclaración de que el
etnónimo olmeca les fue impuesto por los arqueólogos del siglo XX, y no deben
ser confundidos con los olmeca-xicalancas, que fueron un grupo que floreció en
el Epiclásico en sitios del centro de México, como Cacaxtla.
De hecho, en estas zonas se extraía el látex de los
arboles Castilla elástica (un tipo de caucho). No se está seguro
si se pueda definir el término olmeca. Los estudiosos están de acuerdo en casi
en su totalidad en el hecho de que la olmecas hablaron un idioma perteneciente
a la familia mixe-zoque:
- Mixe (que incluye las lenguas mixes de Oaxaca y las lenguas
popoluca en el estado de Veracruz).
- Zoque (que incluye las lenguas que se han llamado zoque en Chiapas,
Oaxaca y Tabasco).
Se considera que los hablantes de mixe y zoque
actuales en Oaxaca y Chiapas son descendientes de la civilización olmeca.
Aunque las pruebas sobre su lengua todavía son limitadas.
La cultura olmeca tuvo una difusión que alcanzó la
mayor parte de Mesoamérica ―excepto en la región de Occidente, que siguió un
desarrollo cultural más o menos autónomo hasta finales del Preclásico―, una de
las regiones donde se han encontrado las evidencias más claras de la presencia
de esta cultura es la parte sur de la Llanura Costera del Golfo, comprendida
entre los ríos Papaloapan y Grijalva, que corresponde a la mitad norte del
Istmo de Tehuantepec. Actualmente, esta zona corresponde al sureste del estado
de Veracruz y el poniente de Tabasco. Se trata de una zona de un clima cálido y
muy húmedo, condiciones climatológicas que seguramente poseyó también en la
antigüedad precolombina.
La región posee suelos ricos en humus y de espesores
considerables. El petróleo crudo brota a flor de suelo entre la vegetación. Sin
embargo, carece de muchos de los materiales que son característicos de los
objetos de estilo olmeca encontrados en esta zona y en otras partes de
Mesoamérica. Entre ellos se incluye la obsidiana, el jade, la serpentina y el
cinabrio. Para obtener piedra sólida para sus materiales, los habitantes de
esta región recurrieron a las canteras de la Sierra de los Tuxtlas ―conocida
también como sierra de Santa Martha o de San Andrés―, que les proveyeron de
basalto y otras rocas volcánicas que emplearon en la construcción y en la escultura.
Sin embargo, estas fuentes de materiales pétreos se encuentran a más de cien
kilómetros de distancia respecto a sitios como San Lorenzo y La Venta, lo que puede dar
una idea del nivel de organización que se requirió para trasladar ―sin animales
de carga y sobre un suelo cenagoso― esos monolitos que se pesan en decenas de
toneladas, hasta los centros políticos de la cultura olmeca.
El estilo olmeca puede verse plasmado en peñas,
cuevas, esculturas grandes y chicas y objetos de barro que se encuentran
diseminados por todo Mesoamérica. De Jalisco a Costa Rica,
pasando por Guerrero, Chiapas, Oaxaca, el altiplano
central y la costa del golfo de México, se han encontrado imágenes de
niños-jaguares y otros rasgos propios del arte olmeca. Se cree que la
dispersión de este estilo artístico se debe a que los pueblos del golfo crearon
una amplia red de intercambios con otras poblaciones lejanas. De este modo, los
símbolos y formas olmecas se integraron a las expresiones artísticas de otras
zonas mesoamericanas.
Religión
de la cultura Olmeca
La
religión en la cultura Olmeca fue uno de sus aspectos más representativos y de
los cuales se han encontrado más evidencias. Tenía un significado para ellos asociados a todos
los aspectos de sus vidas, desde la organización social hasta el arte. Su
máxima deidad no fue solo una, más bien adoraban a diferentes dioses con propia
simbología cada uno.
La mayoría de los Dioses estaban asociados
al trabajo, a los poderes que profesaban y a los hechos que rodeaban a la
comunidad. De esta forma aquellas personas que tenían acceso a ellos eran
consideradas los líderes de la población por ciertos periodos de tiempo. Por
esta razón los gobernantes, sacerdotes y chamanes desempeñaban un papel
fundamental, a tal punto de ser los máximos representantes.
Para los Olmecas sus gobernantes eran personas con
poderes milagrosos, considerados descendientes directos de los dioses. Esto
ocasionaba que se crearan dinastías alrededor de los jefes, las cuales eran
aceptadas por el pueblo. Era tanta la importancia de estas personas que se
vestían como animales para simbolizar su poder y relación con las figuras
soberanas.
Otro aspecto religioso que le da valor a la cultura Olmeca era la importancia de
algunos lugares para ellos. Esta antigua civilización creía en que sitios como
las montañas formaban un lazo entre el cielo, tierra e inframundo. De esta
manera, para ellos, se podían encontrar con ancestros y diferentes espíritus en
estos lugares tan emblemáticos.
Por lo antigua de su civilización, y su complejidad,
no se ha podido descifrar algunos aspectos de la religión. De hecho
anteriormente se consideraban monoteístas por solo conseguir pruebas de uno de
sus dioses. En la actualidad se ha comprobado que sus creencias están asociadas
a diferentes deidades. De hecho la mayoría de ellas están relacionadas con sus
actividades cotidianas de trabajo y sociedad.
Dioses
Los dioses de la cultura Olmeca representaban
a lo místico, mágico y desconocido, teniendo una gran variedad. Es
fundamental señalar que la mayoría de ellos podían ser identificados con
diferentes especies animales. Igualmente podían determinarse con alguna
facultad de la naturaleza o con una actividad propia de la cultura.
- El Dios
Jaguar o Nahual: Era considerado el centro de la
religión por su vital importancia. Caracterizado con prominentes
colmillos y distintos adornos. Representante de la vida y la lluvia, de
gran autoridad tal punto de hacer sacrificios para honrarlo.
- Serpiente
emplumada: Representante de los Olmecas y de otras culturas Mesoamérica.
Este es una serpiente que, como su nombre lo indica, cubre su cuerpo con
plumas de diferentes colores. Era muy cercano a ellos ya que dotaba de
maíz a la humanidad (su cosecha más importante).
- Distintos
animales: Los Olmecas consideraron a distintas especies de animales como
sus dioses. Algunos de los más representativos son el los reptiles en
general como los caimanes y serpientes. Igualmente se dejaban guiar por
aquellas especies que se encontraban a su alrededor y que observaban con
facilidad. De hecho algunas de sus representaciones son combinaciones de
piezas de bestias diferentes, lo que ampliaba más su mitología.
- Hombre de la
cosecha: La creencia en este Dios nace cuando a ser humano se sacrificó
por la alimentación de su comunidad. De esta forma se convirtió en héroe
ya que los cultivos comenzaron a dar frutos.
Etimología
La palabra «olmeca» significa ‘habitantes [de la
región] del hule’
en idioma náhuatl.
Ese nombre fue utilizado por los mexicas para nombrar a varios pueblos, étnica y
lingüísticamente diversos, que ocuparon la región de Veracruz y Tabasco a
través de los siglos. Se desconoce el nombre que se daban a sí mismos a quienes
llamamos olmecas. En ese sentido, es necesario hacer la aclaración de que el
etnónimo olmeca les fue impuesto por los arqueólogos del siglo XX, y no deben
ser confundidos con los olmeca-xicalancas, que fueron un grupo que floreció en
el Epiclásico en sitios del centro de México, como Cacaxtla.
De hecho, en estas zonas se extraía el látex de los
arboles Castilla elástica (un tipo de caucho). No se está seguro
si se pueda definir el término olmeca. Los estudiosos están de acuerdo en casi
en su totalidad en el hecho de que la olmecas hablaron un idioma perteneciente
a la familia mixe-zoque:
- Mixe (que incluye las lenguas mixes de Oaxaca y las lenguas
popoluca en el estado de Veracruz).
- Zoque (que incluye las lenguas que se han llamado zoque en Chiapas,
Oaxaca y Tabasco).
Se considera que los hablantes de mixe y zoque
actuales en Oaxaca y Chiapas son descendientes de la civilización olmeca.
Aunque las pruebas sobre su lengua todavía son limitadas.
La cultura olmeca tuvo una difusión que alcanzó la
mayor parte de Mesoamérica ―excepto en la región de Occidente, que siguió un
desarrollo cultural más o menos autónomo hasta finales del Preclásico―, una de
las regiones donde se han encontrado las evidencias más claras de la presencia
de esta cultura es la parte sur de la Llanura Costera del Golfo, comprendida
entre los ríos Papaloapan y Grijalva, que corresponde a la mitad norte del
Istmo de Tehuantepec. Actualmente, esta zona corresponde al sureste del estado
de Veracruz y el poniente de Tabasco. Se trata de una zona de un clima cálido y
muy húmedo, condiciones climatológicas que seguramente poseyó también en la
antigüedad precolombina.
La región posee suelos ricos en humus y de espesores
considerables. El petróleo crudo brota a flor de suelo entre la vegetación. Sin
embargo, carece de muchos de los materiales que son característicos de los
objetos de estilo olmeca encontrados en esta zona y en otras partes de
Mesoamérica. Entre ellos se incluye la obsidiana, el jade, la serpentina y el
cinabrio. Para obtener piedra sólida para sus materiales, los habitantes de
esta región recurrieron a las canteras de la Sierra de los Tuxtlas ―conocida
también como sierra de Santa Martha o de San Andrés―, que les proveyeron de
basalto y otras rocas volcánicas que emplearon en la construcción y en la escultura.
Sin embargo, estas fuentes de materiales pétreos se encuentran a más de cien
kilómetros de distancia respecto a sitios como San Lorenzo y La Venta, lo que puede dar
una idea del nivel de organización que se requirió para trasladar ―sin animales
de carga y sobre un suelo cenagoso― esos monolitos que se pesan en decenas de
toneladas, hasta los centros políticos de la cultura olmeca.
El estilo olmeca puede verse plasmado en peñas,
cuevas, esculturas grandes y chicas y objetos de barro que se encuentran
diseminados por todo Mesoamérica. De Jalisco a Costa Rica,
pasando por Guerrero, Chiapas, Oaxaca, el altiplano
central y la costa del golfo de México, se han encontrado imágenes de
niños-jaguares y otros rasgos propios del arte olmeca. Se cree que la
dispersión de este estilo artístico se debe a que los pueblos del golfo crearon
una amplia red de intercambios con otras poblaciones lejanas. De este modo, los
símbolos y formas olmecas se integraron a las expresiones artísticas de otras
zonas mesoamericanas.
Periodos de la historia olmeca
Escultura olmeca.
La historia de los olmecas se divide en tres
periodos principales que abarcan un total de diez siglos. Aunque algunos
de los estudiosos consideran que en realidad los olmecas perduraron en el área
24 siglos (desde el 2500 al 100 a. n. e.), pero los restos arqueológicos
indican la primera acepción. A cada uno de estos periodos se les ha asignado el
nombre del lugar de mayor predominancia a pesar de que su influencia cultural
por el intercambio comercial alcanzó el área de la actual Guatemala.
San Lorenzo
La cultura de San Lorenzo Tenochtitlán, del 1200 al
900 a. n. e.: fue de esta área donde comenzó a surgir las
características de esta civilización, cuyo ascenso fue probablemente ayudado
por la zona de llanuras aluviales que favorecía una alta producción de Maíz (situación, por
lo tanto, similar de que vivió en Egipto y Mesopotamia). Situado en la cuenca del río
Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz. El inicio del florecimiento de la cultura olmeca en
este sitio comenzó alrededor del año 1150 a. n. e., época de la
que datan la mayor parte de las esculturas y elementos arquitectónicos que
caracterizan a la cultura olmeca, muchos de los cuales se conservan en el
sitio. San Lorenzo fue saqueado en el año 900 a. n. e., y las
esculturas monumentales sufrieron un intento de destrucción; algunas se
enterraron, y otras fueron trasladadas al centro ceremonial La Venta. Hablando
acerca de si la alta concentración de población en San Lorenzo y el desarrollo
de elite que finalmente condujo a los olmecas a dominar y fue la base para el
desarrollo de una refinada cultura mesoamericana.
La Venta
La cultura de La Venta de 900 al
400 a. n. e.: San Lorenzo fue abandonado alrededor del año
900 a. n. e. aproximadamente, en ese período se volvió
importante el centro ceremonial de La Venta. Este movimiento migratorio
podría haber sido por cambios ambientales que llevó incluso a cambiar el curso
de algunos ríos importantes. La destrucción de los monumentos San Lorenzo
alrededor de 950 a. n. e. podría explicarse por una rebelión interna
o invasión desde el exterior. Sin embargo, La Venta fue un centro olmeca
importante hasta los años 400 a. n. e.
Aproximadamente en el año 800 a. n. e.,
los olmecas comenzaron la construcción de las pirámides mesoamericanas, las que
en los siglos siguientes alcanzaron el período de mayor esplendor, con la
construcción de la Gran Pirámide y otros monumentos ceremoniales complejos en
este centro. Aunque alrededor de los años
400 a. n. e. el centro ceremonial La Venta
había agotado su papel importante como centro olmeca.
Tumba olmeca.
La Venta es el centro ceremonial más grande y más
importante de la cultura olmeca, localizado en el actual municipio de
Huimanguillo, en Tabasco,
se ubica en un islote rodeado por ríos y zonas pantanosas, y está trazado sobre
un eje Norte-Sur. En La Venta se han encontrado un gran número de tumbas
con ajuares muy ricos, con cerámica y figurillas de piedra. También se han
encontrado cabezas colosales y tronos, con lo cual se ha definido como el
centro de máximo esplendor de esa cultura. Se cree que pudo llegar a albergar
hasta a 18 000 habitantes.
Tres Zapotes
La Cultura de Tres Zapotes del 400 al
200 a. n. e.: Tres Zapotes se refiere a la tercera capital
principal de los olmecas. Su ocupación fue aproximadamente al mismo tiempo que
en La Venta, pero tuvo incluso población después de los olmecas. Aunque la
fase Tres Zapotes olmeca constituye solo una parte de la historia del lugar,
que continuó a través de la cultura Epiolmeca (posolmeca) y la cultura clásica
de Veracruz.
El centro ceremonial de Tres Zapotes fue el último en desarrollarse. Es el más
conocido porque fue el que sobrevivió hasta una época más cercana, pero la
civilización olmeca que se desarrolló aquí fue una cultura ya en decadencia, no
el esplendor que vivió en los centros ceremoniales anteriores.
Estos centros ceremoniales tenían función de ciudades,
y en ellos se construyeron edificaciones de tierra y adobe, por lo cual han
perdurado pocos restos. Se construyeron montículos con templos en la parte
superior, lo que se podía considerar como un precursor de las pirámides
mesoamericanas. También construyeron edificaciones en torno a patios centrales,
característicos de las civilizaciones posteriores en la zona. Desde el 900 a. n. e. existen
pruebas de bruscos cambios políticos; como muestra, el intento de destrucción
de algunas de las cabezas olmecas.
Investigaciones sobre los olmecas
La cultura olmeca fue descubierta en la segunda
mitad del siglo XIX.
En 1862, el viajero mexicano José María Melgar y Serrano descubrió,
fortuitamente, en Hueyapan de Mimendi (Santiago Tuxtla, Veracruz), el primer
monumento olmeca: una cabeza colosal. En los años 1920, Frans Blom de la
universidad de Tulane descubre el sito arqueológico de La Venta, en el
estado de Tabasco, pero erróneamente asigna las ruinas a los mayas. Al final de
los años treinta, el arqueólogo estadounidense Matthew Stirling, del instituto
Smithsoniano de Washington, lleva las primeras excavaciones detalladas de
algunos sitios olmecas de la costa del Golfo como La Venta,
Tres Zapotes y San Lorenzo. Durante los años cuarenta, Miguel Covarrubias
y Alfonso Caso afirman que la cultura olmeca es antigua y constituye la cultura
madre de Mesoamérica. A partir de los años 1950, la antigüedad de los
olmecas es confirmada por métodos de carbono 14.
Si para la mayoría de los especialistas como Michael D.
Coe o Richard Diehl, la cultura olmeca es originaria de la
costa del Golfo (ZMO: zona metropolitana olmeca), para la escuela francesa
promovida por Christine Niederberger[1] y
desarrollada en particular por en: Caterina Magni,[2] la
cultura olmeca aparece como un conjunto multiétnico y plurilingüístico que se
extiende sobre la mayor parte de Mesoamérica desde el 1200 hasta 500 a. n. e.
La presencia olmeca se certifica en México (costa del
Golfo, costa del Pacífico y altiplano central), principalmente en la zona
costera del Golfo de México entre los ríos Papaloapan
y Grijalva, pero también en lugares como Chalcatzingo (Morelos),
Teopantecuanitlán (Guerrero). Más allá de las fronteras mexicanas, vestigios de
una presencia olmeca se encuentran en Guatemala (Takalik
Abaj), Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Cultura
Como la primera de las civilizaciones de Mesoamérica,
a los olmecas se les atribuye y acredita la invención de muchas creaciones y
tradiciones, incluyendo el juego de pelota mesoamericana (juego de bola con
fines religiosos), sacrificios humanos, escritura y epigrafía,
y la invención del cero y del calendario mesoamericano. Su organización política estuvo
basada en reinos de ciudades-estado fuertemente jerarquizadas, que fue imitado
por practicamente todas las civilizaciones mexicanas y centroamericanas que le
siguieron. algunos como el historiador de arte Miguel Covarrubias, postula
incluso que los olmecas habrían creado a los precursores de muchas de las
divinidades o dioses mesoamericanos posteriores, es por eso que se considera a
la cultura olmeca como la cultura madre de las sociedades mesoamericanas.
Manifestaciones artísticas
Pintura mural.
De las realizaciones artísticas olmecas, lo más
destacable es, sin duda, la escultura y el relieve. A pesar de no existir una
cantera de piedra cercana, se cree que las transportaban de la provincia de
Tuxtlas y de las laderas de la sierra de Chiapas, realizaron enormes monumentos
de piedra y
esculpieron colosales figuras.
Trabajaron con piedras volcánicas, así como con
piedras duras y semipreciosas, principalmente con jadeítas traslúcidas de
color verde esmeralda, azul verdoso o
grisáceo y, en menor escala, la serpentina, la hematita y hasta se han
encontrado en La Venta cuentas de amatista y de cristal roca.
Su esmerada factura, así como su perfección no fue
alcanzada por ningún pueblo civilizado del Nuevo Mundo en el tratamiento de las
piedras duras como lo hicieron los olmecas. Fueron ellos los primeros en
posicionar las jadeitas por encima de metales tan preciados como el oro o la plata. Esto se perpetuó en
toda la Mesoamérica, desde los mayas hasta los aztecas.
La búsqueda de esas piedras a las cuales atribuían
valor supremo, llevó a los olmecas a emprender expediciones y tal vez, a crear
colonias a grandes distancias de su centro principal, en dos direcciones: hacia
el oeste y el norte, a través del Altiplano Central, hacia las serpentinas de
Puebla y los jades de Guerrero; hacia el sur y el este, a través de Oaxaca y el
Istmo de Tehuantepec, a lo largo de las costas de Chiapas y de Guatemala, hasta El Salvador y Costa Rica.
Esto se debe a que los yacimientos de jade que los olmecas pudieron explotar se
encuentran situados muy lejos de su territorio: sin duda a una centena de
kilómetros al oeste de Taxco, en las montañas de rocas metamórficas de
Guerrero, en la cuenca del Balsas. En cuanto a la serpentina, fue en el actual
Estado de Puebla donde casi con toda seguridad pudiero hallarla. La magnetita
de que se sirvieron para producir sus extraordinarios espejos provenía, sin
duda, de yacimientos situados al sur de la zona olmeca ‘metropolitana’, en
Oaxaca y en la extremidad meridional del Istmo de Tehuantepec. En cuanto a la
producción de obras escultóricas que se han hallado en los principales focos
olmecas, se pueden dividir en cuatro apartados:
- Cabezas
monumentales: han sido descubiertas en los yacimientos de La Venta, San Lorenzo,
Tres Zapotes, Nestepe y Cerro Vigía.
La primera de ellas fue descubierta en 1862 en Tres
Zapotes. Sin embargo, San Lorenzo fue un centro de poder territorial importante
y por ello es este lugar donde se han encontrado el mayor número de cabezas
colosales.
Son monolíticas, suelen medir entre 1’60 y 3 metros
de altura; su peso oscila entre 6 y 25 toneladas (aunque hay excepciones como
la cabeza de Cobata, hallada en Tres Zapotes que posee 65 toneladas). Posee
unas características físicas que recuerdan a la raza negroide: nariz ancha, labios gruesos
y ojos abotagados, que
se cubren con un casquete ajustado que cae por los lados. Cada una de ellas
muestra rasgos faciales distintos, como si fueran retratos. Pudieron haber sido
reyes o sacerdotes.
También se ha especulado con la posibilidad de que fueran jugadores de pelota
porque el tocado que llevan, ya que podría tratarse del casco de protección
para este juego ritual. Otros sostienen que podrían ser ‘cabezas de linaje’, es
decir que serían un monumento de culto a los muertos. Su significado, al igual
que casi todo lo que rodea a esta cultura tampoco está claro, lo que sí se sabe
es que las cabezas estaban totalmente pintadas porque la mayoría presentan
restos de pintura.
- Altares
pétreos: encontrados en los yacimientos de La Venta, San Lorenzo y La
Laguna de los Cerros. Estos altares se caracterizan por ser piedras monolíticas
de forma prismática y con un tamaño aproximado de 2’50 x 1’60 cm. Poseen
una decoración, tanto en bajo como en alto relieve, de escenas que
sorprenden por sus volumetrías, aunque no se desmarcan del marco
arquitectónico del que emergen. En numerosos altares se representa una
figura sedente, emergente de una cueva u hornacina que se interpreta como la boca de un dragón,
que podría representar al dios o diosa del Inframundo.
- Hachas
ceremoniales: otra de las representaciones típicas de los olmecas. Su tamaño es
bastante reducido, a pena superan los 30 centímetros de alto. Se decoran en
la parte frontal con la figura de un extraño personaje, una mezcla entre
real y fantástico. Para realizarlas utilizaron materiales de gran dureza
como el jade o
similares. Consiguieron un alto nivel de expresividad y una técnica de
pulimentado muy perfeccionado.
Se cree que tuvieron un simbolismo
religioso-ceremonial, ya que según aparecen en las ilustraciones del Códice
Trocortesiano del Museo de América de Madrid, los dioses se valían de ellas para golpear las nubes
para hacer que lloviera. Esta teoría cobra mayor fuerza teniendo en cuenta el
lugar donde han sido halladas, cerca que construcciones ceremoniales.
- Figuras
humanas de bulto redondo: son muy abundantes y poseen unas
características muy avanzadas para la época, el escultor olmeca no se
conformó con copiar meramente la realidad, sino que optó por la simetría y
la monumentalidad de las formas.
- Pintura
mural,
aunque fuera del área central. En las cuevas de Oxtotitlán y Juxtlahuaca
(Guerrero). Existen escenas que representan posibles ceremonias elitistas
con simbología olmeca.
En cuanto a sus edificaciones, estaban construidas
con materiales perecederos, como son el adobe, el barro y la paja. Sus
calles estaban dispuestas de norte a sur, sus edificios más importantes se situaban
en torno a grandes espacios abiertos, y el resto de edificios se disponían en
torno al centro ceremonial.
Arte
olmeca
El arte olmeca era muy complejo, tiene muchos
elementos que aún se están investigando. Los más importantes y conocidos son
posiblemente las cabezas colosales olmecas, que son un ejemplo de escultura
monumental y una de sus mejores representaciones artísticas. Se cree que pueden
representar a guerreros o
a jefes. Se conocen 17 ejemplares, la mayoría de ellos repartidos entre el
Museo de Antropología de Xalapa y el Parque Museo La Venta.
Una característica llamativa de estas cabezas
colosales es la marcada apariencia negroide, lo que ha llevado a diferentes
conjeturas. Se han lanzado hipótesis, después rechazadas, que sugieren algunos
contactos interoceánicos en tiempos antiguos. Las nueve primeras cabezas que se
encontraron, estaban primero en San Lorenzo, y se trasladaron a La Venta,
donde fueron enterradas. Se cree que podrían representar cabezas de enemigos,
de ahí el enterramiento; o de jefes, y se enterraron cuando estos murieron. Se
cree que podrían tener rasgos idealizados, felinos, y de ahí ese aspecto.
También se cree que son guerreros y no dioses, por los cascos que llevan.
Fueron construidas con basalto traído desde grandes distancias. Pesan varias
toneladas, y miden hasta tres y cuatro metros de altura.
1. Sitio arqueológico San Lorenzo: 10 cabezas
colosales
2. Sitio arqueológico La Venta: 4 cabezas
colosales
3. Sitio arqueológico Tres Zapotes: 2 cabezas
colosales
4. Sitio arqueológico Rancho La Corbata: 1 cabeza
colosal
En los lugares donde se establecieron los olmecas
había muchos animales y plantas que les sirvieron para alimentación, pero
también aprendieron a cultivar maíz, fríjol y calabaza que aseguraban comida para todos y ya no había
necesidad de ir de un lugar a otro. Entre las plantas que consumían se
encuentran numerosos árboles frutales como la guayaba y el zapote. Entre los animales
que les servían para alimento estaban los tlacuaches, monos, guajolotes, venados, tapires, pavos silvestres, peces,
mariscos y aves acuáticas. Es probable que también criaran abejas para obtener
miel.
Los olmecas realizaron más esculturas de este tipo,
como El luchador olmeca, que muestra un personaje barbado, con
brazos y piernas doblados, lo que le da un aspecto realista único en todo el
arte prehispánico. También hay otras obras importantes como El enano de
jadeíta o El señor de las limas. Esta última escultura
lleva entre los brazos a un niño, que en realidad se cree que es una divinidad,
con rasgos propios del hombre-jaguar, al que se ha llamado erróneamente
«baby-face» (‘cara de niño’), y probablemente representa el nacimiento del dios
jaguar.
Hay otro tipo de escultura, los altares, que son
bloques trapezoidales, con representaciones religiosas esculpidas en los
laterales, y tienen un agujero del que sale un personaje, que tiene la forma de
una boca de dragón o jaguar, que probablemente represente el nacimiento de un
dios desde el inframundo. Se han encontrado en esa misma zona elementos de
alfarería, figurillas y fragmentos cerámica que corresponden al periodo de
crecimiento entre el 1500 y el 1150 a. n. e.
La cerámica es lo más pobre de la cultura,
normalmente monocroma, y sin una gran variedad de tipología. De color negro y
sin decoración elaborada. El uso del basalto y de la obsidiana comenzó a
destacarse en esa época. Se constata el uso de cuarzo, piritas y todas las
piedras duras. También se usaron otro tipo de piedras, como el jade, para
realizar máscaras funerarias.
Actividad:
Ø ° Elabora un mapa
mental con las principales aportaciones de los Olmecas y características.


