15-12-20 El poder de la mujer en nuestra
sociedad
Aprendizaje esperado: Analiza situaciones
de la vida social y política de México a la luz del derecho a la igualdad.
Énfasis: Reconocer la participación de las
mujeres en diversos ámbitos de la vida social.
¿Qué vamos a aprender?
En la sesión de hoy, reconocerás la participación de las
mujeres en diversos ámbitos de la vida social en México, como la ciencia, el
deporte y la economía.
Aunque en los últimos años el
feminismo ha tomado protagonismo, la lucha de las mujeres por conseguir la
igualdad de derechos comenzó hace mucho tiempo: allí donde había desigualdad,
muchas de ellas se plantaron ante la sociedad y sirvieron como palanca para el
cambio gracias a su ejemplo. Filosofas, escritoras o políticas
son algunas de las profesiones que han ostentado aquellas que han servido de
inspiración para las siguientes generaciones. Abordar el feminismo en
el aula es imposible sin pasar por estas figuras ilustres.
Hipatia de Alejandría (370-415,
aproximadamente)
Considerada como la primera mujer
científica de la historia, era hija del matemático y filósofo Teón de
Alejandría, del que heredó el gusto por la vida intelectual. Él trabajó en el
Museo, institución que fue fundada por Tolomeo, y en la que ella se educó. Allí
también desarrolló su labor divulgativa y de enseñanza cuando se
convirtió en su directora. Pero su erudición le valió la enemistad de los
cristianos, religión que se instauró en ese momento en el Imperio Romano, por
lo que fue víctima de un linchamiento bajo la creencia de que embrujaba a todos
los alejandrinos que escuchaban sus lecciones.
Wu Zetian (624-705)
Esta joven burguesa fue educada
con esmero y pasó a formar parte de las concubinas del emperador Taizong, bajo
cuyo mandato ejerció como secretaria y demostró sus habilidades para la vida
política. Tras su fallecimiento, pasó a servir su hijo, Gaozong. Esto supuso un
escándalo, ya que no estaba bien visto que una misma mujer fuera la concubina
de dos emperadores distintos. Cuando Gaonzong también falleció, Wu decidió
posicionarse como la única emperatriz de China por encima de los derechos
legítimos de su hijo: demostró ser una gobernante hábil creando un
clima de crecimiento y estabilidad y destacó por sus mejoras en educación y por
elevar la posición social de las mujeres chinas.
Sor Juana Inés de la Cruz
(1648-1695)
Esta religiosa mexicana destacó
por apoyar la enseñanza tanto para hombres como para mujeres,
porque consideraba que si no se entendían las ciencias de la tierra, tampoco se
podía comprender el plano espiritual. El escritor Octavio Paz encabeza una
larga lista de estudiosos que consideran que su obra influyó de manera positiva
en el cambio del papel de la mujer en la sociedad.
Olympe de Gouges (1748-1793)
Conocida por su lucha por la
igualdad a todos los niveles, se centró en reivindicar el papel de la mujer en
la sociedad, pero también luchó de manera activa contra la esclavitud a través
de las numerosas obras escritas que publicó a lo largo de su vida. Entre sus
textos más destacados se encuentra la ‘Declaración de Derechos de la
Mujer y la Ciudadana’, en la que proclamaba la igualdad entre hombres y
mujeres. Entre ellos, mencionaba el derecho al divorcio, proponía la creación
de centros de acogida y apostaba por el reconocimiento de todos los hijos
naturales por parte del hombre, ya que ella misma sufrió la discriminación como
hija bastarda.
El derecho internacional de los
derechos humanos se ocupa de los estereotipos de género y de su utilización,
que afectan a derechos humanos y libertades fundamentales ampliamente
reconocidos. Un estereotipo de género es una opinión o un prejuicio
generalizado acerca de atributos o características que hombres y mujeres poseen
o deberían poseer o de las funciones sociales que ambos desempeñan o deberían
desempeñar. Un estereotipo de género es nocivo cuando limita la capacidad de
hombres y mujeres para desarrollar sus facultades personales, realizar una
carrera profesional y tomar decisiones acerca de sus vidas y sus proyectos
vitales. Los estereotipos nocivos pueden ser hostiles o negativos (por ejemplo,
las mujeres son irracionales) o aparentemente benignos (por ejemplo, las
mujeres son protectoras). Por ejemplo, sobre la base de este último estereotipo
de que las mujeres son más protectoras, las responsabilidades del cuidado de
los hijos suele recaer sobre ellas de manera casi exclusiva.
El uso de los estereotipos de
género es la práctica de asignar a una persona determinada, hombre o mujer,
atributos, características o funciones específicas, únicamente por su
pertenencia al grupo social masculino o femenino. La utilización de los
estereotipos de género es dañina cuando genera violaciones de los derechos y
las libertades fundamentales. Un ejemplo de lo anterior es la falta de
penalización de la violación marital, basada en el concepto social de que la
mujer es la propiedad sexual del hombre.
¿Por qué existen los estereotipos
de género?
Los estereotipos de género
adquieren fuerza en función de la cantidad de personas que los comparten,
convirtiéndose en ideas difícilmente refutables, y que solo pueden ser
corregidos o desmontados con herramientas como la educación.
Pueden ser negativos, positivos o
neutros, pero en cualquier caso marcan los roles y el desempeño tanto de los
hombres como de las mujeres desde la infancia, generando en muchos casos
situaciones de desigualdad y discriminación. ¡Los hay de todas clases!
Por ejemplo, socialmente, a los
hombres se les vincula con cualidades como la valentía, el carácter dominante,
la racionalidad, la fortaleza o la eficacia, entre otras. A la vez, la
figura femenina es sinónimo de sustantivos como la fragilidad, la
inestabilidad, la sumisión, la dependencia, la falta de control de sí misma, la
pasividad o frivolidad.
Ejemplos de estereotipos de género
Para que entiendas mejor de lo
que te estamos hablando, a continuación queremos presentarte algunos ejemplos
concretos de estereotipos de género que en algún momento todos hemos
escuchado. Presta atención; quizá tú también los repitas y aún no seas consciente
de ello:
La maternidad impide que las mujeres
se centren en su trabajo
Si esto sucede, no es por la
maternidad en sí misma sino por las condiciones laborales y sociales. Nos
referimos, por ejemplo, al tipo de leyes que intentan regular estas
circunstancias y a su alcance y eficacia. A lo mejor deberíamos empezar por
elaborar marcos legales más justos y con verdaderas garantías para una
conciliación real de estos dos aspectos. También existen otros factores como la
mentalidad: el volumen de hombres que solicitan bajas por paternidad es
aún bajo porque aún existen muchos hombres que no quieren renunciar a su
posición laboral.
La mujer no tiene la suficiente
autoridad para ocupar cargos directivos
Numerosos ejemplos desmontan este
estereotipo. Las mujeres han demostrado que tienen las mismas capacidades que
los hombres para ocupar altos cargos y dirigir equipos. De hecho, en muchos
casos han demostrado una gestión mucho más eficaz que los hombres en diferentes
áreas o disciplinas. Otra cosa es que el sistema laboral limite su acceso a
dichos cargos.
Si un chico te trata mal es porque le gustas
Un niño no maltrata a una niña
porque le gusta, sino que posibleblemente está repruduciendo situaciones de
violencia, ya que considera los malos tratos como normales o porque sus adultos
cercanos no han alcanzado a advertir ni a corregir sus acciones.
Deberías ser un poco más "femenina"
Lo único que deberías ser y hacer
es lo que te haga sentir cómoda y feliz. Las mujeres y niñas, culturalmente,
han tenido que ajustar su comportamiento y apropiarse de características y
valores esperables para su género. Entre ellos encontramos atributos internos
como la delicadeza, la afectividad, el cuidado maternal y, en aspectos
superficiales, la apariencia, la belleza, los colores, los gustos, la
inclinación por ciertos deportes y carreras.
Todas las sociedades se
estructuran y construyen su cultura en torno a la diferencia sexual de los
individuos que la conforman, la cual determina también el destino de las
personas, atribuyéndoles ciertas características y significados a las acciones
que unas y otros deberán desempeñar –o se espera que desempeñen–, y que se han
construido socialmente. Los roles de género son conductas estereotipadas por la
cultura, por tanto, pueden modificarse dado que son tareas o actividades que se
espera realice una persona por el sexo al que pertenece. Por ejemplo,
tradicionalmente se ha asignado a los hombres roles de políticos, mecánicos,
jefes, etc., es decir, el rol productivo; y a las mujeres, el rol de amas de
casa, maestras, enfermeras, etcétera (rol reproductivo). El concepto sexo se refiere a las diferencias y
características biológicas, anatómicas, fisiológicas y cromosómicas de los
seres humanos que los definen como hombres o mujeres; son características con
las que se nace, universales e inmodificables. En cambio el género es el
conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construye en cada
cultura y momento histórico con base en la diferencia sexual. De aquí surgen
los conceptos de masculinidad y feminidad, los cuales determinan el
comportamiento, las funciones, las oportunidades, la valoración y las
relaciones entre mujeres y hombres. Es decir, el género responde a construcciones
socioculturales susceptibles de modificarse dado que han sido aprendidas. En
consecuencia, el sexo es biológico y el género se elabora socialmente, de
manera que ser biológicamente diferente no implica ser socialmente desigual.)
Cabe destacar que “el papel (rol) de
género se configura con el conjunto de normas y prescripciones que dictan la
sociedad y la cultura sobre el comportamiento femenino o masculino. Aunque hay
variantes de acuerdo con la cultura, la clase social, el grupo étnico y hasta
el estrato generacional de las personas, se puede sostener una división básica
que corresponde a la división sexual del trabajo más primitiva: las mujeres
paren a los hijos y, por lo tanto, los cuidan: ergo, lo femenino es lo
maternal, lo doméstico, contrapuesto con lo masculino, que se identifica con lo
público. La dicotomía masculino-femenino, con sus variantes establece
estereotipos, las más de las veces rígidos, que condicionan los papeles y
limitan las potencialidades humanas de las personas al estimular o reprimir los
comportamientos en función de su adecuación al género”. Según Lamas, el hecho
de que mujeres y hombres sean diferentes anatómicamente los induce a creer que
sus valores, cualidades intelectuales, aptitudes y actitudes también lo son.
Las sociedades determinan las actividades de las mujeres y los hombres basadas
en los estereotipos, estableciendo así una división sexual del trabajo. Al
conocer el sexo biológico de un recién nacido, los padres, los familiares y la
sociedad suelen asignarles atributos creados por expectativas prefiguradas. Si
es niña, esperan que sea bonita, tierna, delicada, entre otras características;
y si es niño, que sea fuerte, valiente, intrépido, seguro y hasta conquistador
(Delgado et al., 1998). A las niñas se les enseña a “jugar a la comidita” o a
“las muñecas”, así desde pequeñas, se les involucra en actividades domésticas
que más adelante reproducirán en el hogar. De acuerdo con estas autoras, estos
aprendizajes forman parte de la “educación” que deben recibir las mujeres para
cumplir con las tareas que la sociedad espera de ellas en su vida adulta. En
cambio, a los niños se les educa para que sean fuertes y no expresen sus
sentimientos, porque “llorar es cosa de niñas”, además de prohibirles ser
débiles.
Estas son las bases sobre las que
se construyen los estereotipos de género, reflejos simples de las creencias
sociales y culturales sobre las actividades, los roles, rasgos, características
o atributos que distinguen a las mujeres y a los hombres. Los estereotipos son
concepciones preconcebidas acerca de cómo son y cómo deben comportarse las
mujeres y los hombres.
Estas creencias, sin embargo, no
son elecciones conscientes que se puedan aceptar o rechazar de manera
individual, sino que surgen del espacio colectivo, de la herencia familiar y de
todos los ámbitos en que cada persona participe. Se trata de una construcción
social que comienza a partir del nacimiento de los individuos, quienes
potencian ciertas características y habilidades según su sexo e inhiben otras,
de manera que quienes los rodean, les dan un trato diferenciado que se refleja
en cómo se relacionan con ellos, dando lugar a la discriminación de género. No
obstante, es mediante la interacción con otros medios que cada persona obtiene
información nueva que la conduce a reafirmar o a replantear sus ideas de lo
femenino y lo masculino.
Hoy por hoy, no existe un solo
país en el mundo en el que las mujeres hayan alcanzado la igualdad en lo
tocante a la salud, la educación, el empleo, la información, la transmisión del
patrimonio, la representación política, la libertad de expresión o la toma de
decisiones en el seno de la pareja y la familia. Aunque en las últimas décadas
hemos asistido a grandes avances en campos como la educación, el acceso a
determinadas profesiones o el derecho al voto, las desigualdades siguen
existiendo, a veces de forma obvia y otras de un modo mucho más sutil. En
ocasiones, los progresos se limitan a determinadas regiones mundiales o a
ámbitos concretos. Otras veces, dentro de una misma sociedad, las mujeres solo
se benefician de estas mejoras en función de su posición en la escala social.
La falta de igualdad de género ha sido denunciada como una de las principales
formas de discriminación existentes en el mundo. En este sentido, la lucha por
los derechos de las mujeres se ha convertido en uno de los grandes movimientos
de la segunda mitad del siglo xx. En 1945, la Carta de las Naciones Unidas
estableció los principios fundamentales de la igualdad entre hombres y mujeres.
Sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación frente a las Mujeres
(CEDM, en sus siglas en español) era aprobada por 187 países, convirtiéndose en
el texto de referencia en materia de derechos de las mujeres a escala mundial.
«La violación más vergonzosa de
los derechos humanos es, sin duda, la violencia contra las mujeres. No conoce
barreras geográficas, culturales o sociales. Mientras este tipo de violencia
sea perpetrada, no podremos pretender que progresamos en la igualdad, el
desarrollo o la paz».
Kofi Annan
La lucha de las mujeres de los
países desarrollados se originó gracias al acceso progresivo de la mujer a la
educación formal, plataforma fundamental que les proporcionó un arma muy
poderosa de formación e información a través de la cual canalizaron sus
aspiraciones y reivindicaciones sociales y políticas así como su integración en
el mercado laboral.
Este acceso ha permitido el
inicio del proceso y, aunque queda todavía mucho camino por andar, el trecho
recorrido ha colocado a la mujer si no en un nivel igualitario con el hombre,
sí en unas cotas de igualdad muy superiores a las mantenidas en épocas
pasadas. La autonomía de la mujer comienza por su independencia
económica, un elemento clave para el disfrute del resto de derechos,
por lo que la integración de la mujer al mercado laboral es esencial, aun
cuando siguen existiendo aspectos muy controvertidos como son la igualdad de
retribución por un mismo cargo desempeñado y la conciliación laboral y
familiar.
Respecto a la igualdad
de retribución salarial, a pesar de que se han conseguido avances aún
queda mucho para poder alcanzar la igualdad, según señala la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) al indicar que los salarios promedios de las
mujeres son entre un 4 y un 36% inferiores a los de los hombres, y la
brecha salarial aumenta en términos absolutos para las mujeres que ganan más.
Respecto a la
conciliación laboral y familiar se produce la siguiente paradoja:
si bien la mujer se ha incorporado a la sociedad y al mundo productivo, una vez
alcanzado ese paso continúa asumiendo la carga familiar. El reto al que se
enfrentan estas sociedades en la actualidad consiste en conciliar ambas vidas,
la laboral y familiar, tanto para hombres como para mujeres. Así, se favorecerá
un reparto más equitativo entre ambos sexos y esto contribuirá a la igualdad
real.
Frente a esta realidad, se vienen
utilizando diversas aproximaciones a las estrategias y políticas públicas para
conseguir avanzar hacia la igualdad de género y fortalecer el papel de la
mujer. La equidad de género es fundamental para mejorar
las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales de la sociedad en
su conjunto, y también contribuye a lograr una ciudadanía más integral
para fortalecer la gobernabilidad democrática. Lograr la equidad de
género es un reto para todas las sociedades y sus gobiernos, tanto es así
que dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se encuentra el objetivo
de promover la Equidad de Género y la Autonomía de la Mujer.
Para lograr estos objetivos es
necesario que problemas como la pobreza, la falta de acceso a la educación,
servicios de salud y la ausencia de oportunidades de empleo y trabajo
productivo dejen de afectar principalmente en las mujeres. Es también
ineludible que se formulen y estructuren los medios pertinentes para
desarrollar las mismas capacidades, oportunidades y seguridad reduciendo su
vulnerabilidad a la violencia y al conflicto, esto con el fin de que tanto los
hombres como las mujeres tengan la libertad y la capacidad de elegir y decidir
de manera estratégica y positiva sobre sus condiciones de vida.
Como se ha señalado más arriba,
las condiciones de igualdad de género difieren notablemente de las sociedades
desarrolladas a las no desarrolladas, si bien es cierto que a pesar de los
logros conseguidos en las primeras, la igualdad de género no se ha logrado. En
los países en vías de desarrollo la desigualdad de género es una constante en
la dinámica de funcionamiento de la sociedad, y la mujer pasa a convertirse en
el colectivo más vulnerable y discriminado de estos países. Si verdaderamente
se quiere conseguir avanzar en el desarrollo es necesario incorporar a ambos
géneros en dicho proceso. Si se continúa relegando a la mujer a un segundo
plano, sin mejorar el acceso a los diversos sectores de la vida social,
económica, política y cultural del país, el desarrollo estará condenado a
convertirse en una meta inalcanzable.
La igualdad efectiva entre
hombres y mujeres continúa siendo más un objetivo que una realidad en todo el
mundo. Vivimos en un mundo desigual e injusto, en el que hay que hacer
frente a relaciones asimétricas de poder generadoras de variadas formas de
desigualdad y a la vulneración de derechos económicos, sociales y políticos de
muchas personas y especialmente de las mujeres. Por ello es necesario seguir
realizando aportaciones que contribuyan a que la igualdad avance, tanto desde
el punto de vista del análisis como de la intervención.
Debemos implementar todas las
acciones necesarias para avanzar hacia un desarrollo sostenible, que pasa por
la inclusión de las mujeres en todos los procesos de la vida, fomentando la
incorporación universal de las niñas a todos los ciclos de enseñanza, apoyando
su inserción real en el mercado laboral y el espacio público, mejorando la
gestión de su tiempo familiar y privado para no se vean sobrecargadas en
exceso, fomentando la lucha contra la violencia de género en todas y cada una
de sus manifestaciones, fortalecer la autoestima de las mujeres para que puedan
identificarse como sujetos de derechos, etc. Si verdaderamente las
sociedades quieren avanzar en el desarrollo y bienestar de sus miembros, esto
no se podrá lograr sin incorporar a la mitad de la masa laboral, las mujeres,
sin que se vean postergadas a ser meras espectadoras.
Actividad:
· ° Menciona 2 situaciones de estereotipo negativas que hayas visto o te contaron que paso alguna
mujer en tu comunidad.
· °Ilustra dos situaciones que pasan las mujeres en
la sociedad por la falta de equidad ya sea con recortes o dibujos.



