lunes, 14 de diciembre de 2020

F.C. y E. I Grupos: 1D y 1E 15-12-20

 

15-12-20              El poder de la mujer en nuestra sociedad

Aprendizaje esperado: Analiza situaciones de la vida social y política de México a la luz del derecho a la igualdad. 

Énfasis: Reconocer la participación de las mujeres en diversos ámbitos de la vida social.

¿Qué vamos a aprender?

En la sesión de hoy, reconocerás la participación de las mujeres en diversos ámbitos de la vida social en México, como la ciencia, el deporte y la economía.

Aunque en los últimos años el feminismo ha tomado protagonismo, la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad de derechos comenzó hace mucho tiempo: allí donde había desigualdad, muchas de ellas se plantaron ante la sociedad y sirvieron como palanca para el cambio gracias a su ejemplo. Filosofas, escritoras o políticas son algunas de las profesiones que han ostentado aquellas que han servido de inspiración para las siguientes generaciones. Abordar el feminismo en el aula es imposible sin pasar por estas figuras ilustres.

Hipatia de Alejandría (370-415, aproximadamente)

Considerada como la primera mujer científica de la historia, era hija del matemático y filósofo Teón de Alejandría, del que heredó el gusto por la vida intelectual. Él trabajó en el Museo, institución que fue fundada por Tolomeo, y en la que ella se educó. Allí también desarrolló su labor divulgativa y de enseñanza cuando se convirtió en su directora. Pero su erudición le valió la enemistad de los cristianos, religión que se instauró en ese momento en el Imperio Romano, por lo que fue víctima de un linchamiento bajo la creencia de que embrujaba a todos los alejandrinos que escuchaban sus lecciones.

Wu Zetian (624-705)

Esta joven burguesa fue educada con esmero y pasó a formar parte de las concubinas del emperador Taizong, bajo cuyo mandato ejerció como secretaria y demostró sus habilidades para la vida política. Tras su fallecimiento, pasó a servir su hijo, Gaozong. Esto supuso un escándalo, ya que no estaba bien visto que una misma mujer fuera la concubina de dos emperadores distintos. Cuando Gaonzong también falleció, Wu decidió posicionarse como la única emperatriz de China por encima de los derechos legítimos de su hijo: demostró ser una gobernante hábil creando un clima de crecimiento y estabilidad y destacó por sus mejoras en educación y por elevar la posición social de las mujeres chinas.

Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695)

Esta religiosa mexicana destacó por apoyar la enseñanza tanto para hombres como para mujeres, porque consideraba que si no se entendían las ciencias de la tierra, tampoco se podía comprender el plano espiritual. El escritor Octavio Paz encabeza una larga lista de estudiosos que consideran que su obra influyó de manera positiva en el cambio del papel de la mujer en la sociedad.

Olympe de Gouges (1748-1793)

Conocida por su lucha por la igualdad a todos los niveles, se centró en reivindicar el papel de la mujer en la sociedad, pero también luchó de manera activa contra la esclavitud a través de las numerosas obras escritas que publicó a lo largo de su vida. Entre sus textos más destacados se encuentra la ‘Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana’, en la que proclamaba la igualdad entre hombres y mujeres. Entre ellos, mencionaba el derecho al divorcio, proponía la creación de centros de acogida y apostaba por el reconocimiento de todos los hijos naturales por parte del hombre, ya que ella misma sufrió la discriminación como hija bastarda.



El derecho internacional de los derechos humanos se ocupa de los estereotipos de género y de su utilización, que afectan a derechos humanos y libertades fundamentales ampliamente reconocidos. Un estereotipo de género es una opinión o un prejuicio generalizado acerca de atributos o características que hombres y mujeres poseen o deberían poseer o de las funciones sociales que ambos desempeñan o deberían desempeñar. Un estereotipo de género es nocivo cuando limita la capacidad de hombres y mujeres para desarrollar sus facultades personales, realizar una carrera profesional y tomar decisiones acerca de sus vidas y sus proyectos vitales. Los estereotipos nocivos pueden ser hostiles o negativos (por ejemplo, las mujeres son irracionales) o aparentemente benignos (por ejemplo, las mujeres son protectoras). Por ejemplo, sobre la base de este último estereotipo de que las mujeres son más protectoras, las responsabilidades del cuidado de los hijos suele recaer sobre ellas de manera casi exclusiva.

El uso de los estereotipos de género es la práctica de asignar a una persona determinada, hombre o mujer, atributos, características o funciones específicas, únicamente por su pertenencia al grupo social masculino o femenino. La utilización de los estereotipos de género es dañina cuando genera violaciones de los derechos y las libertades fundamentales. Un ejemplo de lo anterior es la falta de penalización de la violación marital, basada en el concepto social de que la mujer es la propiedad sexual del hombre.

 

 

¿Por qué existen los estereotipos de género?

Los estereotipos de género adquieren fuerza en función de la cantidad de personas que los comparten, convirtiéndose en ideas difícilmente refutables, y que solo pueden ser corregidos o desmontados con herramientas como la educación.

Pueden ser negativos, positivos o neutros, pero en cualquier caso marcan los roles y el desempeño tanto de los hombres como de las mujeres desde la infancia, generando en muchos casos situaciones de desigualdad y discriminación. ¡Los hay de todas clases!

Por ejemplo, socialmente, a los hombres se les vincula con cualidades como la valentía, el carácter dominante, la racionalidad, la fortaleza o la eficacia, entre otras. A la vez, la figura femenina es sinónimo de sustantivos como la fragilidad, la inestabilidad, la sumisión, la dependencia, la falta de control de sí misma, la pasividad o frivolidad.

Ejemplos de estereotipos de género

Para que entiendas mejor de lo que te estamos hablando, a continuación queremos presentarte algunos ejemplos concretos de estereotipos de género que en algún momento todos hemos escuchado. Presta atención; quizá tú también los repitas y aún no seas consciente de ello:

 

La maternidad impide que las mujeres se centren en su trabajo

Si esto sucede, no es por la maternidad en sí misma sino por las condiciones laborales y sociales. Nos referimos, por ejemplo, al tipo de leyes que intentan regular estas circunstancias y a su alcance y eficacia. A lo mejor deberíamos empezar por elaborar marcos legales más justos y con verdaderas garantías para una conciliación real de estos dos aspectos. También existen otros factores como la mentalidad: el volumen de hombres que solicitan bajas por paternidad es aún bajo porque aún existen muchos hombres que no quieren renunciar a su posición laboral.

La mujer no tiene la suficiente autoridad para ocupar cargos directivos

Numerosos ejemplos desmontan este estereotipo. Las mujeres han demostrado que tienen las mismas capacidades que los hombres para ocupar altos cargos y dirigir equipos. De hecho, en muchos casos han demostrado una gestión mucho más eficaz que los hombres en diferentes áreas o disciplinas. Otra cosa es que el sistema laboral limite su acceso a dichos cargos.

Si un chico te trata mal es porque le gustas

Un niño no maltrata a una niña porque le gusta, sino que posibleblemente está repruduciendo situaciones de violencia, ya que considera los malos tratos como normales o porque sus adultos cercanos no han alcanzado a advertir ni a corregir sus acciones.

 

Deberías ser un poco más "femenina"

Lo único que deberías ser y hacer es lo que te haga sentir cómoda y feliz. Las mujeres y niñas, culturalmente, han tenido que ajustar su comportamiento y apropiarse de características y valores esperables para su género. Entre ellos encontramos atributos internos como la delicadeza, la afectividad, el cuidado maternal y, en aspectos superficiales, la apariencia, la belleza, los colores, los gustos, la inclinación por ciertos deportes y carreras.



 

Todas las sociedades se estructuran y construyen su cultura en torno a la diferencia sexual de los individuos que la conforman, la cual determina también el destino de las personas, atribuyéndoles ciertas características y significados a las acciones que unas y otros deberán desempeñar –o se espera que desempeñen–, y que se han construido socialmente. Los roles de género son conductas estereotipadas por la cultura, por tanto, pueden modificarse dado que son tareas o actividades que se espera realice una persona por el sexo al que pertenece. Por ejemplo, tradicionalmente se ha asignado a los hombres roles de políticos, mecánicos, jefes, etc., es decir, el rol productivo; y a las mujeres, el rol de amas de casa, maestras, enfermeras, etcétera (rol reproductivo). El concepto  sexo se refiere a las diferencias y características biológicas, anatómicas, fisiológicas y cromosómicas de los seres humanos que los definen como hombres o mujeres; son características con las que se nace, universales e inmodificables. En cambio el género es el conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construye en cada cultura y momento histórico con base en la diferencia sexual. De aquí surgen los conceptos de masculinidad y feminidad, los cuales determinan el comportamiento, las funciones, las oportunidades, la valoración y las relaciones entre mujeres y hombres. Es decir, el género responde a construcciones socioculturales susceptibles de modificarse dado que han sido aprendidas. En consecuencia, el sexo es biológico y el género se elabora socialmente, de manera que ser biológicamente diferente no implica ser socialmente desigual.) Cabe destacar que  “el papel (rol) de género se configura con el conjunto de normas y prescripciones que dictan la sociedad y la cultura sobre el comportamiento femenino o masculino. Aunque hay variantes de acuerdo con la cultura, la clase social, el grupo étnico y hasta el estrato generacional de las personas, se puede sostener una división básica que corresponde a la división sexual del trabajo más primitiva: las mujeres paren a los hijos y, por lo tanto, los cuidan: ergo, lo femenino es lo maternal, lo doméstico, contrapuesto con lo masculino, que se identifica con lo público. La dicotomía masculino-femenino, con sus variantes establece estereotipos, las más de las veces rígidos, que condicionan los papeles y limitan las potencialidades humanas de las personas al estimular o reprimir los comportamientos en función de su adecuación al género”. Según Lamas, el hecho de que mujeres y hombres sean diferentes anatómicamente los induce a creer que sus valores, cualidades intelectuales, aptitudes y actitudes también lo son. Las sociedades determinan las actividades de las mujeres y los hombres basadas en los estereotipos, estableciendo así una división sexual del trabajo. Al conocer el sexo biológico de un recién nacido, los padres, los familiares y la sociedad suelen asignarles atributos creados por expectativas prefiguradas. Si es niña, esperan que sea bonita, tierna, delicada, entre otras características; y si es niño, que sea fuerte, valiente, intrépido, seguro y hasta conquistador (Delgado et al., 1998). A las niñas se les enseña a “jugar a la comidita” o a “las muñecas”, así desde pequeñas, se les involucra en actividades domésticas que más adelante reproducirán en el hogar. De acuerdo con estas autoras, estos aprendizajes forman parte de la “educación” que deben recibir las mujeres para cumplir con las tareas que la sociedad espera de ellas en su vida adulta. En cambio, a los niños se les educa para que sean fuertes y no expresen sus sentimientos, porque “llorar es cosa de niñas”, además de prohibirles ser débiles.

Estas son las bases sobre las que se construyen los estereotipos de género, reflejos simples de las creencias sociales y culturales sobre las actividades, los roles, rasgos, características o atributos que distinguen a las mujeres y a los hombres. Los estereotipos son concepciones preconcebidas acerca de cómo son y cómo deben comportarse las mujeres y los hombres.

Estas creencias, sin embargo, no son elecciones conscientes que se puedan aceptar o rechazar de manera individual, sino que surgen del espacio colectivo, de la herencia familiar y de todos los ámbitos en que cada persona participe. Se trata de una construcción social que comienza a partir del nacimiento de los individuos, quienes potencian ciertas características y habilidades según su sexo e inhiben otras, de manera que quienes los rodean, les dan un trato diferenciado que se refleja en cómo se relacionan con ellos, dando lugar a la discriminación de género. No obstante, es mediante la interacción con otros medios que cada persona obtiene información nueva que la conduce a reafirmar o a replantear sus ideas de lo femenino y lo masculino.

Hoy por hoy, no existe un solo país en el mundo en el que las mujeres hayan alcanzado la igualdad en lo tocante a la salud, la educación, el empleo, la información, la transmisión del patrimonio, la representación política, la libertad de expresión o la toma de decisiones en el seno de la pareja y la familia. Aunque en las últimas décadas hemos asistido a grandes avances en campos como la educación, el acceso a determinadas profesiones o el derecho al voto, las desigualdades siguen existiendo, a veces de forma obvia y otras de un modo mucho más sutil. En ocasiones, los progresos se limitan a determinadas regiones mundiales o a ámbitos concretos. Otras veces, dentro de una misma sociedad, las mujeres solo se benefician de estas mejoras en función de su posición en la escala social. La falta de igualdad de género ha sido denunciada como una de las principales formas de discriminación existentes en el mundo. En este sentido, la lucha por los derechos de las mujeres se ha convertido en uno de los grandes movimientos de la segunda mitad del siglo xx. En 1945, la Carta de las Naciones Unidas estableció los principios fundamentales de la igualdad entre hombres y mujeres. Sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación frente a las Mujeres (CEDM, en sus siglas en español) era aprobada por 187 países, convirtiéndose en el texto de referencia en materia de derechos de las mujeres a escala mundial.

«La violación más vergonzosa de los derechos humanos es, sin duda, la violencia contra las mujeres. No conoce barreras geográficas, culturales o sociales. Mientras este tipo de violencia sea perpetrada, no podremos pretender que progresamos en la igualdad, el desarrollo o la paz».

 Kofi Annan

 



La lucha de las mujeres de los países desarrollados se originó gracias al acceso progresivo de la mujer a la educación formal, plataforma fundamental que les proporcionó un arma muy poderosa de formación e información a través de la cual canalizaron sus aspiraciones y reivindicaciones sociales y políticas así como su integración en el mercado laboral.

Este acceso ha permitido el inicio del proceso y, aunque queda todavía mucho camino por andar, el trecho recorrido ha colocado a la mujer si no en un nivel igualitario con el hombre, sí en unas cotas de igualdad muy superiores a las mantenidas en épocas pasadas. La autonomía de la mujer comienza por su independencia económica, un elemento clave para el disfrute del resto de derechos, por lo que la integración de la mujer al mercado laboral es esencial, aun cuando siguen existiendo aspectos muy controvertidos como son la igualdad de retribución por un mismo cargo desempeñado y la conciliación laboral y familiar.

Respecto a la igualdad de retribución salarial, a pesar de que se han conseguido avances aún queda mucho para poder alcanzar la igualdad, según señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al indicar que los salarios promedios de las mujeres son entre un 4 y un 36%  inferiores a los de los hombres, y la brecha salarial aumenta en términos absolutos para las mujeres que ganan más.

Respecto a la conciliación laboral y familiar se produce la siguiente paradoja: si bien la mujer se ha incorporado a la sociedad y al mundo productivo, una vez alcanzado ese paso continúa asumiendo la carga familiar. El reto al que se enfrentan estas sociedades en la actualidad consiste en conciliar ambas vidas, la laboral y familiar, tanto para hombres como para mujeres. Así, se favorecerá un reparto más equitativo entre ambos sexos y esto contribuirá a la igualdad real.

Frente a esta realidad, se vienen utilizando diversas aproximaciones a las estrategias y políticas públicas para conseguir avanzar hacia la igualdad de género y fortalecer el papel de la mujer. La equidad de género es fundamental para mejorar las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales de la sociedad en su conjunto, y también contribuye a lograr una ciudadanía más integral  para fortalecer la gobernabilidad democrática. Lograr la equidad de género es un reto para todas las sociedades y sus gobiernos, tanto es así que dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se encuentra el objetivo de promover la Equidad de Género y la Autonomía de la Mujer.

Para lograr estos objetivos es necesario que problemas como la pobreza, la falta de acceso a la educación, servicios de salud y la ausencia de oportunidades de empleo y trabajo productivo dejen de afectar principalmente en las mujeres. Es también ineludible que se formulen y estructuren los medios pertinentes para desarrollar las mismas capacidades, oportunidades y seguridad reduciendo su vulnerabilidad a la violencia y al conflicto, esto con el fin de que tanto los hombres como las mujeres tengan la libertad y la capacidad de elegir y decidir de manera estratégica y positiva sobre sus condiciones de vida.

Como se ha señalado más arriba, las condiciones de igualdad de género difieren notablemente de las sociedades desarrolladas a las no desarrolladas, si bien es cierto que a pesar de los logros conseguidos en las primeras, la igualdad de género no se ha logrado. En los países en vías de desarrollo la desigualdad de género es una constante en la dinámica de funcionamiento de la sociedad, y la mujer pasa a convertirse en el colectivo más vulnerable y discriminado de estos países. Si verdaderamente se quiere conseguir avanzar en el desarrollo es necesario incorporar a ambos géneros en dicho proceso. Si se continúa relegando a la mujer a un segundo plano, sin mejorar el acceso a los diversos sectores de la vida social, económica, política y cultural del país, el desarrollo estará condenado a convertirse en una meta inalcanzable.

La igualdad efectiva entre hombres y mujeres continúa siendo más un objetivo que una realidad en todo el mundo. Vivimos en un mundo desigual e injusto, en el que hay que hacer frente a relaciones asimétricas de poder generadoras de variadas formas de desigualdad y a la vulneración de derechos económicos, sociales y políticos de muchas personas y especialmente de las mujeres. Por ello es necesario seguir realizando aportaciones que contribuyan a que la igualdad avance, tanto desde el punto de vista del análisis como de la intervención.



Debemos implementar todas las acciones necesarias para avanzar hacia un desarrollo sostenible, que pasa por la inclusión de las mujeres en todos los procesos de la vida, fomentando la incorporación universal de las niñas a todos los ciclos de enseñanza, apoyando su inserción real en el mercado laboral y el espacio público, mejorando la gestión de su tiempo familiar y privado para no se vean sobrecargadas en exceso, fomentando la lucha contra la violencia de género en todas y cada una de sus manifestaciones, fortalecer la autoestima de las mujeres para que puedan identificarse como sujetos de derechos, etc.  Si verdaderamente las sociedades quieren avanzar en el desarrollo y bienestar de sus miembros, esto no se podrá lograr sin incorporar a la mitad de la masa laboral, las mujeres, sin que se vean postergadas a ser meras espectadoras.

Actividad:

·       °  Menciona 2 situaciones de estereotipo negativas   que  hayas visto o te contaron que paso alguna mujer en tu comunidad.

·         °Ilustra dos situaciones que pasan las mujeres en la sociedad por la falta de equidad ya sea con recortes o dibujos.