28-01-21 Comunícate
y soluciona el conflicto
Aprendizaje esperado: Comprende
los elementos que intervienen en un conflicto y crea las condiciones básicas
para solucionarlo.
Énfasis: Reconocer
las condiciones que permiten solucionar un conflicto.
¿Qué vamos a aprender?
La intención de esta sesión
es reconocer las condiciones en las que ocurre un conflicto para aplicar
estrategias que permitan su solución, haciendo uso del análisis y la reflexión.
Sabemos que tú, como
adolescente, experimentas diversos cambios que, en ocasiones, son complicados
de asimilar, ya sea por la falta de conocimiento sobre el tema, o por las
condiciones diversas en las que te encuentras. Todo ello genera conflictos que
demandan el desarrollo de capacidades para resolverlos; por ello, durante esta
sesión vas a reflexionar sobre las condiciones, habilidades y valores que
contribuyen a las soluciones.
Conflicto y violencia
La violencia es el uso directo u
oculto de la fuerza como medio para resolver el conflicto. Estrictamente
hablando la violencia no es una fuerza sino el abuso de la fuerza. Es apenas
una de las tantas formas en que se manifiesta el conflicto, pero éste puede
mostrarse en toda una gama de actitudes que sirven como indicadores del
conflicto: el lenguaje corporal, las palabras empleadas y el tono de la voz
usados para exponer una idea, la retención de información y el
"encerramiento", o su contrapartida: ventilar información reservada a
través de los medios de comunicación; los desacuerdos con los sistemas de
valores, el aumento en la falta de respeto, la falta de objetivos claros, la
negativa a efectuar evaluaciones o valoraciones de una determinada actitud,
etc., etc.
Toda la historia de la humanidad
está llena de conflictos y guerras, y muchos autores, especializados en temas
de cultura y evolución de las civilizaciones, indican que de no ser por estos
factores la sociedad nunca se habría desarrollado. Algunos han intentado
explicar el uso de la violencia en la resolución de nuestros conflictos
aplicando algo de teoría psicoanalítica, y dicen por ejemplo, que es
simplemente una manifestación más de la desazón producida por el desequilibrio
social, la injusticia, la falta de gobernabilidad, la incertidumbre por el
futuro de la nación, etc. Aparecen entonces los correspondientes contradictores
a este análisis diciendo que no explica nada puesto que hay otras naciones y
países que experimentan condiciones socioeconómicas mucho más adversas y sin
embargo no exhiben los niveles de expresión de la violencia que caracterizan
nuestra cotidianidad.
Es probable que los anteriores
planteamientos sean ciertos pero da lugar a una interpretación pesimista,
también propuesta por otros ensayistas, de que siempre viviremos en guerra y
que nada de lo que hagamos por mejorar en la resolución de los conflictos y la
búsqueda de la paz será verdaderamente efectivo, puesto que la actitud violenta
es propia del ser humano. Sustentan su posición en que en la gran mayoría de
los casos nuestra alternativa personal para resolver un conflicto es la
violencia y la imposición.
Aceptan que la fuerza es el
recurso, último o habitual, cuando está interiorizada como parte de la cultura
propia y del modo de obrar para obtener la razón, y de esta forma se continua
dando ejemplo para perpetuar el mismo mecanismo de resolución de conflictos, la
fuerza, de forma que se está construyendo una sociedad violenta y en permanente
amenaza, siempre en nombre de la razón y la verdad.
Hay que asumir el conflicto como
un hecho natural de las relaciones sociales, cuya resolución no puede ser
mediante la violencia, puesto que estaríamos alimentando permanentemente una
sociedad violenta y respaldando así los planteamientos de los pensadores que
cité en la Introducción de este ensayo. Tampoco podemos olvidar que en el fondo
de la violencia están las desigualdades económicas y la pobreza, los obstáculos
a las posibilidades de desarrollo, los gobiernos autoritarios, la exclusión por
razón de sexo, cultura o color de piel, etc., y que la solución de estos
problemas sociales y económicos a todas las escalas es prioritario para que se
pueda "eliminar la violencia" y construir la paz.
La educación en valores y la cultura de la paz: Hacia una nueva
conciencia social
La paz empieza por rechazar la
violencia como forma de resolver los conflictos. No es fácil: en nosotros está
muy profundizada esta cultura de la guerra y la violencia, consideramos que la
guerra es injusta y dramática pero a la vez la consideramos inevitable en
muchos casos. Hay que empezar por hacer una interiorización cultural de la paz,
considerar otros modelos de negociación de conflictos, buscar alternativas de
conciliación. La construcción de una cultura de la paz es un lento proceso que
va de la mano con el cambio de mentalidad individual y colectiva.
En este paso hacia una nueva
mentalidad la educación es fundamental. Sólo la formación en valores de los
futuros ciudadanos permitirá una evolución del pensamiento social. Como
cualquier cambio evolutivo es lento, pero tiene un carácter más irreversible
[…] y aquí la escuela ayuda con la construcción de nuevas formas de pensamiento
y de pensar (1).
La educación formal en valores no
es suficiente para que estos cambios se operen en profundidad: la construcción
de la cultura de la paz, debe venir desde los medios de comunicación, desde la
familia y las empresas, desde los campos y los cuarteles, desde las
organizaciones no gubernamentales y las asociaciones ciudadanas, desde el
gobierno, etc. Hay que formar una conciencia colectiva sobre la necesidad de la
paz que esté tan enraizada en la sociedad y con tanta fuerza que no deje lugar
a la violencia.
Pero obviamente que a la par con
la educación y el cultivo de los valores para la paz habrá que trabajar, no
sólo desde los entes administrativos, sino el Estado en general, para ir
fortaleciendo los factores y condicionantes que faciliten esa búsqueda de la
paz: eliminando las situaciones de injusticia, buscando una distribución más
equitativa de la riqueza y los recursos, asegurando el derecho a la educación
en igualdad de condiciones, etc., es, en resumidas cuentas, asumir una nueva
cultura de administrar el poder, más que simplemente cambiar las estructuras
políticas, económicas y sociales.
Enseñar, instruir, formar,
adiestrar, capacitar (los sinónimos son incontables) para la paz es una forma
especial de educar en valores, porque cuando educamos estamos transmitiendo,
consciente o inconscientemente una escala de valores. Conscientemente estamos
ayudando a construir unas actitudes determinadas como la justicia, la
cooperación, el respeto, la libertad, la actitud crítica, la solidaridad, la
autonomía, el compromiso, la participación, el dialogo. Pero además,
inconscientemente, estamos cuestionando valores que son contrarios a la paz:
intolerancia, discriminación, violencia, y muchos más.
Educar para la paz no es inhibir
la iniciativa y el interés sino encauzar la actividad y el espíritu combativo
hacia la consecución de resultados útiles a la sociedad. Representa
proporcionar alternativas que favorezcan la autoestima como base de las
relaciones personales y sociales, para que se fortalezcan la comunicación, la
convivencia, el deseo de participar en actos y celebraciones relacionados con
la paz y fomentar ambientes democráticos en las aulas, en los parques, en los
campos, en la mesa familiar, etc. Educar para la paz es ayudar a superar el
miedo de expresar las propias opiniones y de controvertir las ajenas para así
facilitar el trabajo en grupo, poder dar soluciones a grandes problemas o
simplemente disfrutar una sencilla conversación entre amigos.
Los valores en la construcción de la cultura de la paz: algunos
ejemplos concretos
El valor de la autoestima como proyecto para
equilibrar las bases del poder.
El desarrollo del propio
auto-concepto y el de los demás, sirve para ir descubriendo, valorando y
proyectando todas las potencialidades (talentos, aptitudes, etc., etc.) que
tenemos. Así podemos reconocer las bases de nuestro propio poder para saber, en
caso de enfrentarnos al conflicto, qué recursos tenemos y equilibrar las fuerzas
de manera que sea posible negociar satisfactoriamente. Los sicólogos han
desarrollado todo un mostrario de juegos y actividades lúdicas que permiten
interiorizar el cultivo del valor de la autoestima y su aplicación en la
resolución de conflictos.
El valor de la cooperación como proyecto de solución
de conflictos.
Entender que la cooperación puede
permitir el enriquecimiento mutuo asegura que los espíritus, las motivaciones y
las manos se unan por una causa común, y por tanto nos ayuda a descubrir los
valores del otro, como alguien con el que puedo asociarme y colaborar. Sirve
para aprender a valorar en el otro la diferencia de pensamiento y la riqueza
emanada de tal diferencia y verlo más como un aliado con quien intercambiar
puntos de vista y expectativas que como un obstáculo para mis planes o
potencial enemigo.
El valor de la comunicación para la toma de decisiones
Aprender a desarrollar una
verdadera comunicación efectiva posibilita el que dialoguemos y escuchemos de
una manera activa. En el manejo de las situaciones de conflicto el diálogo es
fundamental, porque no sólo nos permite
transmitir las ideas, sino también las emociones y sentimientos presentes en
todo conflicto. Con "juego abierto sobre la mesa" usando palabras de
tahúres, es más fácil tomar decisiones que recojan el consenso de los
interesados, de una manera igualitaria y participativa, sin miramientos o
prejuicios por las creencias particulares, sin actitudes sexistas o
autoritarias. Como todo, para aprenderlo hay que ponerlo en práctica, y esto
supone ceder terrenos de responsabilidad, de poder y dar espacios para tomar
decisiones.
El valor de la tolerancia en el manejo de los
conflictos.
Desde el punto de vista de la
tolerancia encontramos que el conflicto es beneficioso por dos razones:
Primero, aprendemos a considerar la diversidad y la diferencia como valores que
nos llevan a buscar en la cooperación y la solidaridad posibilidades de
crecimiento y enriquecimiento mutuo. La segunda razón consiste en que sólo
cuando "entramos en conflicto" con las personas y con la realidad, la
sociedad puede avanzar hacia mejores modelos. Bajo esta perspectiva el
conflicto se convierte en esa "palanca", de la que hablaba
Arquímedes, para transformar el mundo.
Cinco estrategias de
resolución de conflictos
Cuando surge un conflicto, ya sea
en casa o en el trabajo, usualmente caemos en la tendencia de intentar corregir
las percepciones de la otra persona o del otro grupo, de sermonearlos y
explicarles por qué tenemos la razón y por qué están equivocados. Pero en el
fondo, sabemos que este enfoque para resolver conflictos usualmente falla
y a menudo empeora las cosas.
Estas son cinco estrategias más
efectivas para la resolución de conflictos, obtenidas de investigaciones sobre
negociación y conflictos. Pruébalas la próxima vez que te sientas tentado a
discutir para convencer a los demás de que tienes la razón.
1. Reconoce que todos tenemos
percepciones viciadas sobre lo justo
Ambas partes de un conflicto
suelen pensar que tienen la razón y que la otra parte está equivocada porque no
pueden ver las cosas más desde una perspectiva que no sea la suya. Nuestra
noción de lo que sería una resolución justa para un conflicto está viciada por
el egoísmo, esa tendencia a no poder ver fácilmente la situación desde el punto
de vista de la otra persona, según investigaciones de los profesores Linda
Babcock, George Lowenstein y sus colegas de la Universidad Carnegie-Mellon.
Cuando estamos enzarzados en un
conflicto, tenemos que intentar superar nuestras percepciones egoístas de lo
que es justo. Podríamos hacerlo contratando un mediador que ayude a las partes
a ver sus respectivos puntos de vista o reclutando a alguna clase de experto
sin prejuicios, tal como un valuador, para que nos dé una visión nueva de los
"hechos".
2. Evita que las tensiones se
agraven con amenazas y provocaciones
Cuando sentimos que nos ignoran o
que nos están pasando por encima, solemos intentar llamar la atención de la
otra parte con amenazas, tales como decir que llevaremos una disputa al
tribunal o que trataremos de arruinar la reputación de la otra parte.
Hay un lugar y un momento para
los litigios, pero es un error recurrir a amenazas y a otras maniobras para
llamar la atención como hacer ofertas de "tómalo o déjalo". Existe
una tendencia humana común a tratar a los demás como nos tratan, así que la
gente suele reaccionar a las amenazas de la misma forma, lo que provoca que el
conflicto caiga en un círculo vicioso.
Antes de amenazar, asegúrate de
haber agotado las demás opciones para manejar los conflictos.
3. Supera esa mentalidad de
'nosotros contra ellos'
En las relaciones grupales se
desarrollan la lealtad y los lazos fuertes, pero también puede promoverse la
desconfianza y la hostilidad hacia los miembros de otros grupos. En
consecuencia, los grupos en conflicto suelen tener una comprensión incorrecta de
las posturas de los otros y suelen considerar que dichas posturas son más
radicales de lo que realmente son.
Ya sea que estés lidiando con un
conflicto en grupo o por tu cuenta, puedes superar la tendencia a satanizar a
la otra parte buscando un objetivo o una identidad en común. Inicia tus
esfuerzos para manejar el conflicto destacando el objetivo en común de llegar a
un acuerdo justo y sostenible.
Trata de identificar y hablar de
los puntos de similitud entre ambos. Entre más puntos de conexión identifiques,
es más probable que tu proceso de resolución de conflictos sea más colaborativo
y productivo.
4. Busca los problemas ocultos
bajo la superficie
Aparentemente, las disputas más
profundas suelen ser por dinero: disputas laborales por los salarios de los
empleados o conflictos familiares por los bienes, por ejemplo. Como el dinero
es un recurso finito, estos conflictos suelen ser batallas sobre una sola cosa
en la que el triunfo de una parte será inevitablemente una pérdida para la
otra.
Sin embargo, las disputas por
dinero suelen involucrar causas de conflictos más profundas, tales como la
sensación de que te están faltando al respeto o de que te están pasando por
alto. La próxima vez que te encuentres discutiendo por la división de los
recursos, sugiere que se deje en pausa esa conversación. Tómense el tiempo de
explorar las inquietudes más profundas de todas las partes. Escuchen
atentamente sus quejas y traten de encontrar formas creativas de abordarlas.
Es probable que esta estrategia
para el manejo de conflictos fortalezca la relación y agregue intereses a la
negociación, además de que expandirá el valor total que se repartirá.
5. Separa los temas sagrados
de los que no lo son en realidad
El manejo de conflictos puede ser
particularmente difícil cuando se trata de valores esenciales que son sagrados
(o no negociables) para las partes, tales como los lazos familiares, las
creencias religiosas, las posturas políticas o el código moral personal.
Tomemos por ejemplo a dos
hermanos que no se ponen de acuerdo en vender la granja de los padres
fallecidos. Uno de ellos insiste en que debe seguir siendo parte del patrimonio
familiar y el otro argumenta que sus padres habrían querido que la vendieran.
Actividad:
- · ¿Cómo el conflicto puede llegar a la violencia?
- · ¿Qué influencia tienen los valores en la solución de conflictos y menciona algunos de estos valores?
- · De las estrategias de la solución de conflictos, ¿Cuál has utilizado? y explica ¿cómo fue? .



