jueves, 28 de enero de 2021

F.C. y E. I Grupos: 1D y 1E 28-01-21

 

28-01-21  Comunícate y soluciona el conflicto

Aprendizaje esperado: Comprende los elementos que intervienen en un conflicto y crea las condiciones básicas para solucionarlo.

 Énfasis: Reconocer las condiciones que permiten solucionar un conflicto.

 ¿Qué vamos a aprender?

 La intención de esta sesión es reconocer las condiciones en las que ocurre un conflicto para aplicar estrategias que permitan su solución, haciendo uso del análisis y la reflexión.

 Sabemos que tú, como adolescente, experimentas diversos cambios que, en ocasiones, son complicados de asimilar, ya sea por la falta de conocimiento sobre el tema, o por las condiciones diversas en las que te encuentras. Todo ello genera conflictos que demandan el desarrollo de capacidades para resolverlos; por ello, durante esta sesión vas a reflexionar sobre las condiciones, habilidades y valores que contribuyen a las soluciones.

Conflicto y violencia



 

La violencia es el uso directo u oculto de la fuerza como medio para resolver el conflicto. Estrictamente hablando la violencia no es una fuerza sino el abuso de la fuerza. Es apenas una de las tantas formas en que se manifiesta el conflicto, pero éste puede mostrarse en toda una gama de actitudes que sirven como indicadores del conflicto: el lenguaje corporal, las palabras empleadas y el tono de la voz usados para exponer una idea, la retención de información y el "encerramiento", o su contrapartida: ventilar información reservada a través de los medios de comunicación; los desacuerdos con los sistemas de valores, el aumento en la falta de respeto, la falta de objetivos claros, la negativa a efectuar evaluaciones o valoraciones de una determinada actitud, etc., etc.

Toda la historia de la humanidad está llena de conflictos y guerras, y muchos autores, especializados en temas de cultura y evolución de las civilizaciones, indican que de no ser por estos factores la sociedad nunca se habría desarrollado. Algunos han intentado explicar el uso de la violencia en la resolución de nuestros conflictos aplicando algo de teoría psicoanalítica, y dicen por ejemplo, que es simplemente una manifestación más de la desazón producida por el desequilibrio social, la injusticia, la falta de gobernabilidad, la incertidumbre por el futuro de la nación, etc. Aparecen entonces los correspondientes contradictores a este análisis diciendo que no explica nada puesto que hay otras naciones y países que experimentan condiciones socioeconómicas mucho más adversas y sin embargo no exhiben los niveles de expresión de la violencia que caracterizan nuestra cotidianidad.

Es probable que los anteriores planteamientos sean ciertos pero da lugar a una interpretación pesimista, también propuesta por otros ensayistas, de que siempre viviremos en guerra y que nada de lo que hagamos por mejorar en la resolución de los conflictos y la búsqueda de la paz será verdaderamente efectivo, puesto que la actitud violenta es propia del ser humano. Sustentan su posición en que en la gran mayoría de los casos nuestra alternativa personal para resolver un conflicto es la violencia y la imposición.

Aceptan que la fuerza es el recurso, último o habitual, cuando está interiorizada como parte de la cultura propia y del modo de obrar para obtener la razón, y de esta forma se continua dando ejemplo para perpetuar el mismo mecanismo de resolución de conflictos, la fuerza, de forma que se está construyendo una sociedad violenta y en permanente amenaza, siempre en nombre de la razón y la verdad.

Hay que asumir el conflicto como un hecho natural de las relaciones sociales, cuya resolución no puede ser mediante la violencia, puesto que estaríamos alimentando permanentemente una sociedad violenta y respaldando así los planteamientos de los pensadores que cité en la Introducción de este ensayo. Tampoco podemos olvidar que en el fondo de la violencia están las desigualdades económicas y la pobreza, los obstáculos a las posibilidades de desarrollo, los gobiernos autoritarios, la exclusión por razón de sexo, cultura o color de piel, etc., y que la solución de estos problemas sociales y económicos a todas las escalas es prioritario para que se pueda "eliminar la violencia" y construir la paz.

 

La educación en valores y la cultura de la paz: Hacia una nueva conciencia social



La paz empieza por rechazar la violencia como forma de resolver los conflictos. No es fácil: en nosotros está muy profundizada esta cultura de la guerra y la violencia, consideramos que la guerra es injusta y dramática pero a la vez la consideramos inevitable en muchos casos. Hay que empezar por hacer una interiorización cultural de la paz, considerar otros modelos de negociación de conflictos, buscar alternativas de conciliación. La construcción de una cultura de la paz es un lento proceso que va de la mano con el cambio de mentalidad individual y colectiva.

En este paso hacia una nueva mentalidad la educación es fundamental. Sólo la formación en valores de los futuros ciudadanos permitirá una evolución del pensamiento social. Como cualquier cambio evolutivo es lento, pero tiene un carácter más irreversible […] y aquí la escuela ayuda con la construcción de nuevas formas de pensamiento y de pensar (1).

La educación formal en valores no es suficiente para que estos cambios se operen en profundidad: la construcción de la cultura de la paz, debe venir desde los medios de comunicación, desde la familia y las empresas, desde los campos y los cuarteles, desde las organizaciones no gubernamentales y las asociaciones ciudadanas, desde el gobierno, etc. Hay que formar una conciencia colectiva sobre la necesidad de la paz que esté tan enraizada en la sociedad y con tanta fuerza que no deje lugar a la violencia.

Pero obviamente que a la par con la educación y el cultivo de los valores para la paz habrá que trabajar, no sólo desde los entes administrativos, sino el Estado en general, para ir fortaleciendo los factores y condicionantes que faciliten esa búsqueda de la paz: eliminando las situaciones de injusticia, buscando una distribución más equitativa de la riqueza y los recursos, asegurando el derecho a la educación en igualdad de condiciones, etc., es, en resumidas cuentas, asumir una nueva cultura de administrar el poder, más que simplemente cambiar las estructuras políticas, económicas y sociales.

Enseñar, instruir, formar, adiestrar, capacitar (los sinónimos son incontables) para la paz es una forma especial de educar en valores, porque cuando educamos estamos transmitiendo, consciente o inconscientemente una escala de valores. Conscientemente estamos ayudando a construir unas actitudes determinadas como la justicia, la cooperación, el respeto, la libertad, la actitud crítica, la solidaridad, la autonomía, el compromiso, la participación, el dialogo. Pero además, inconscientemente, estamos cuestionando valores que son contrarios a la paz: intolerancia, discriminación, violencia, y muchos más.

Educar para la paz no es inhibir la iniciativa y el interés sino encauzar la actividad y el espíritu combativo hacia la consecución de resultados útiles a la sociedad. Representa proporcionar alternativas que favorezcan la autoestima como base de las relaciones personales y sociales, para que se fortalezcan la comunicación, la convivencia, el deseo de participar en actos y celebraciones relacionados con la paz y fomentar ambientes democráticos en las aulas, en los parques, en los campos, en la mesa familiar, etc. Educar para la paz es ayudar a superar el miedo de expresar las propias opiniones y de controvertir las ajenas para así facilitar el trabajo en grupo, poder dar soluciones a grandes problemas o simplemente disfrutar una sencilla conversación entre amigos.

Los valores en la construcción de la cultura de la paz: algunos ejemplos concretos



El valor de la autoestima como proyecto para equilibrar las bases del poder.

El desarrollo del propio auto-concepto y el de los demás, sirve para ir descubriendo, valorando y proyectando todas las potencialidades (talentos, aptitudes, etc., etc.) que tenemos. Así podemos reconocer las bases de nuestro propio poder para saber, en caso de enfrentarnos al conflicto, qué recursos tenemos y equilibrar las fuerzas de manera que sea posible negociar satisfactoriamente. Los sicólogos han desarrollado todo un mostrario de juegos y actividades lúdicas que permiten interiorizar el cultivo del valor de la autoestima y su aplicación en la resolución de conflictos.

El valor de la cooperación como proyecto de solución de conflictos.

Entender que la cooperación puede permitir el enriquecimiento mutuo asegura que los espíritus, las motivaciones y las manos se unan por una causa común, y por tanto nos ayuda a descubrir los valores del otro, como alguien con el que puedo asociarme y colaborar. Sirve para aprender a valorar en el otro la diferencia de pensamiento y la riqueza emanada de tal diferencia y verlo más como un aliado con quien intercambiar puntos de vista y expectativas que como un obstáculo para mis planes o potencial enemigo.

El valor de la comunicación para la toma de decisiones

Aprender a desarrollar una verdadera comunicación efectiva posibilita el que dialoguemos y escuchemos de una manera activa. En el manejo de las situaciones de conflicto el diálogo es fundamental, porque no sólo  nos permite transmitir las ideas, sino también las emociones y sentimientos presentes en todo conflicto. Con "juego abierto sobre la mesa" usando palabras de tahúres, es más fácil tomar decisiones que recojan el consenso de los interesados, de una manera igualitaria y participativa, sin miramientos o prejuicios por las creencias particulares, sin actitudes sexistas o autoritarias. Como todo, para aprenderlo hay que ponerlo en práctica, y esto supone ceder terrenos de responsabilidad, de poder y dar espacios para tomar decisiones.

El valor de la tolerancia en el manejo de los conflictos.

Desde el punto de vista de la tolerancia encontramos que el conflicto es beneficioso por dos razones: Primero, aprendemos a considerar la diversidad y la diferencia como valores que nos llevan a buscar en la cooperación y la solidaridad posibilidades de crecimiento y enriquecimiento mutuo. La segunda razón consiste en que sólo cuando "entramos en conflicto" con las personas y con la realidad, la sociedad puede avanzar hacia mejores modelos. Bajo esta perspectiva el conflicto se convierte en esa "palanca", de la que hablaba Arquímedes, para transformar el mundo.

Cinco estrategias de resolución de conflictos

Cuando surge un conflicto, ya sea en casa o en el trabajo, usualmente caemos en la tendencia de intentar corregir las percepciones de la otra persona o del otro grupo, de sermonearlos y explicarles por qué tenemos la razón y por qué están equivocados. Pero en el fondo, sabemos que este enfoque para resolver conflictos usualmente falla y a menudo empeora las cosas.

Estas son cinco estrategias más efectivas para la resolución de conflictos, obtenidas de investigaciones sobre negociación y conflictos. Pruébalas la próxima vez que te sientas tentado a discutir para convencer a los demás de que tienes la razón.

1. Reconoce que todos tenemos percepciones viciadas sobre lo justo

Ambas partes de un conflicto suelen pensar que tienen la razón y que la otra parte está equivocada porque no pueden ver las cosas más desde una perspectiva que no sea la suya. Nuestra noción de lo que sería una resolución justa para un conflicto está viciada por el egoísmo, esa tendencia a no poder ver fácilmente la situación desde el punto de vista de la otra persona, según investigaciones de los profesores Linda Babcock, George Lowenstein y sus colegas de la Universidad Carnegie-Mellon.

Cuando estamos enzarzados en un conflicto, tenemos que intentar superar nuestras percepciones egoístas de lo que es justo. Podríamos hacerlo contratando un mediador que ayude a las partes a ver sus respectivos puntos de vista o reclutando a alguna clase de experto sin prejuicios, tal como un valuador, para que nos dé una visión nueva de los "hechos".

2. Evita que las tensiones se agraven con amenazas y provocaciones

Cuando sentimos que nos ignoran o que nos están pasando por encima, solemos intentar llamar la atención de la otra parte con amenazas, tales como decir que llevaremos una disputa al tribunal o que trataremos de arruinar la reputación de la otra parte.

Hay un lugar y un momento para los litigios, pero es un error recurrir a amenazas y a otras maniobras para llamar la atención como hacer ofertas de "tómalo o déjalo". Existe una tendencia humana común a tratar a los demás como nos tratan, así que la gente suele reaccionar a las amenazas de la misma forma, lo que provoca que el conflicto caiga en un círculo vicioso.

Antes de amenazar, asegúrate de haber agotado las demás opciones para manejar los conflictos.

3. Supera esa mentalidad de 'nosotros contra ellos'

En las relaciones grupales se desarrollan la lealtad y los lazos fuertes, pero también puede promoverse la desconfianza y la hostilidad hacia los miembros de otros grupos. En consecuencia, los grupos en conflicto suelen tener una comprensión incorrecta de las posturas de los otros y suelen considerar que dichas posturas son más radicales de lo que realmente son.

Ya sea que estés lidiando con un conflicto en grupo o por tu cuenta, puedes superar la tendencia a satanizar a la otra parte buscando un objetivo o una identidad en común. Inicia tus esfuerzos para manejar el conflicto destacando el objetivo en común de llegar a un acuerdo justo y sostenible.

Trata de identificar y hablar de los puntos de similitud entre ambos. Entre más puntos de conexión identifiques, es más probable que tu proceso de resolución de conflictos sea más colaborativo y productivo.

4. Busca los problemas ocultos bajo la superficie

Aparentemente, las disputas más profundas suelen ser por dinero: disputas laborales por los salarios de los empleados o conflictos familiares por los bienes, por ejemplo. Como el dinero es un recurso finito, estos conflictos suelen ser batallas sobre una sola cosa en la que el triunfo de una parte será inevitablemente una pérdida para la otra.

Sin embargo, las disputas por dinero suelen involucrar causas de conflictos más profundas, tales como la sensación de que te están faltando al respeto o de que te están pasando por alto. La próxima vez que te encuentres discutiendo por la división de los recursos, sugiere que se deje en pausa esa conversación. Tómense el tiempo de explorar las inquietudes más profundas de todas las partes. Escuchen atentamente sus quejas y traten de encontrar formas creativas de abordarlas.

Es probable que esta estrategia para el manejo de conflictos fortalezca la relación y agregue intereses a la negociación, además de que expandirá el valor total que se repartirá.

 

5. Separa los temas sagrados de los que no lo son en realidad

El manejo de conflictos puede ser particularmente difícil cuando se trata de valores esenciales que son sagrados (o no negociables) para las partes, tales como los lazos familiares, las creencias religiosas, las posturas políticas o el código moral personal.

Tomemos por ejemplo a dos hermanos que no se ponen de acuerdo en vender la granja de los padres fallecidos. Uno de ellos insiste en que debe seguir siendo parte del patrimonio familiar y el otro argumenta que sus padres habrían querido que la vendieran.



Actividad:

  1. ·         ¿Cómo el conflicto puede llegar a la violencia?
  2. ·         ¿Qué influencia tienen los valores en la solución de conflictos y menciona algunos de estos valores?
  3. ·         De las estrategias de la solución  de conflictos, ¿Cuál has utilizado? y explica ¿cómo fue? .