29-01-21 Tula
Aprendizaje esperado: Identifica
los rasgos más importantes del Posclásico al comparar las ciudades de Tula y
Chichén Itzá; además, reconoce el papel de la militarización en las sociedades
del periodo.
Énfasis: Identificar
los rasgos más importantes de Tula.
¿Qué vamos a aprender?
Identificarás los rasgos más
importantes de Tula.
Tula fue una de las capitales más
importantes del mundo prehispánico durante el período posclásico, que comprende
del 900 al 1521 de nuestra era. Alcanzó una extensión de 16 kilómetros
cuadrados y sus restos arqueológicos nos dejan ver el grado de importancia que
llegó a tener la ciudad, pues su influencia llegó hasta la actual Guatemala.
“Tula” es la mala pronunciación de la
palabra náhuatl “tolan”, que significa “lugar de juncos”. Existen dos versiones
sobre sus posibles significados: la primera nos habla sobre la abundante
presencia de agua, lo que propicia el crecimiento de este tipo de plantas
acuáticas; la segunda nos habla acerca de una metrópoli en sentido figurado, al
compararse con los juncos por la forma en que crecen como multitud, lo que
cobra más sentido si tomamos en cuenta que a Cholula también se le llamó “Tolan
Chololan” y a Teotihuacan “Tolan Teotihuacan”.
La leyenda dice que el mismo
Quetzalcóatl fundó Tolan y que fue éĺ quien inició el período de esplendor para
los toltecas, ya que les enseñó la doctrina religiosa y las artes.
Tras la caída de Teotihuacán, y
después del apogeo de Xochicalco y Cacaxtla hacia el año 900 d.C., los toltecas
desarrollaron una civilización en la ciudad de Tula. En su etapa de mayor
esplendor, Tula llegó a tener hasta 60 mil habitantes y se convirtió en el
centro de mayor influencia en el Altiplano Central mesoamericano. Tula tiene
una superficie de 16 kilómetros cuadrados y su nombre proviene del náhuatl
tollan que significa “metrópoli”.
Los toltecas constituyeron un grupo
nahua que, según su leyenda, procedía de un lugar mítico llamado
Huehuetlapalan, situado probablemente entre los ríos Gila y Colorado. Cuando
unos emigrantes salieron de Huehuetlapan emprendieron una ruta que recorría los
actuales estados de Sonora, Sinaloa, Nayarit, Zacatecas, Jalisco, norte de
Michoacán y sur del Estado de México, hasta llegar a Hidalgo -de donde 8 fueron
arrojados por los huastecos- para después establecerse en la Cuenca de México.
Una vez asentados en este sitio, fueron recibiendo a gente de Xochicalco y
otros grupos del Bajío, quienes se fueron infiltrando progresivamente en la
Cuenca de México, de tal modo que su religión agrícola empezó a transformarse
con las aportaciones de los nuevos miembros. En ese momento surgieron los
toltecas como tales; la cultura que fundó Tula, una ciudad cuya importancia e
influencia fue decisiva para sus pueblos contemporáneos y posteriores. Después
de la fundación de Tula, los toltecas se mezclaron con los otomíes y atrajeron
a los nonoalcas y a los amantecas. Su gran habilidad sincrética les permitió
asimilar con facilidad y rapidez los adelantos de estos grupos.
De este modo, el imperio tolteca
creció y entró en contacto con las culturas más importantes de Mesoamérica, de
las cuales recibió importantes elementos y con ellos llegó a formar una cultura
nueva que se extendería a lo largo de la Costa del Golfo hasta Yucatán y, por
el sur, hasta Oaxaca, Chiapas y Centroamérica. Tula y los toltecas se
transformaron en símbolos de un pasado idealizado en el que se mezclan la
historia y la mitología. En algunas crónicas se entremezclan eventos y sucesos
históricos de la Tollan real con relatos sobre una Tollan mítica, habitada por
seres excepcionales a quienes se les atribuía la invención de la escritura, la
metalurgia y otras artes y ciencias. La influencia cultural que ejercieron los
toltecas, se extendió superando los límites de Tula; muchos aspectos de la
civilización nahua -que alcanzaron su máxima expresión con el imperio mexica-
nacieron en el mundo tolteca. Se puede decir, además, que el tolteca fue el
primer pueblo -posterior a la decadencia de Teotihuacán- que unificó extensas
áreas de Mesoamérica en un gran sistema cultural. De igual forma, los toltecas
consolidaron una amplia red comercial que se reflejó en los productos foráneos
que llegaron a Tula desde lugares muy alejados del Altiplano Central. Durante
la exploración de sus recintos se encontraron vasijas de Costa Rica y
Nicaragua, fragmentos de vasos policromados mayas de Campeche, vasijas de loza
plumbate del Soconusco, así como cantidades importantes de cerámica procedente
de la Huasteca, el centro de Veracruz y el norte de Mesoamérica.
Los edificios que componen los
vestigios arqueológicos del lugar son la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli, el
Palacio Quemado, el Altar Central, el Coatepantli o Muro de las Serpientes, los
Juegos de Pelotas y el Tzompantli. Y solo representan el doce por ciento de lo
que fue la gran ciudad.
Sobre el templo de
Tlahuizcalpantecuhtli, podemos decirte que seguramente la reconoces porque en
ella se encuentran los famosos “atlantes de Tula”, que son cuatro monumentos de
4.5 metros de altura con forma humana, que se dice que cumplían con la función
de columnas de soporte para el techo del edificio.
Los atlantes de Tula son cuatro figuras antropomorfas ubicadas en la
zona arqueológica de Tula, en el estado mexicano de Hidalgo. Los también
llamados “gigantes de Tula” fueron construidos por los toltecas, una de las
culturas más poderosas de la zona. Las figuras, que se encuentran sobre la
Pirámide B, representan a guerreros toltecas.
La ciudad de Tula vivió su momento de
mayor esplendor entre los años 900 y 1000 d. C. En esa época, la ciudad ocupaba
un territorio de unos 16 kilómetros cuadrados. Fue en ese terreno donde el
arqueólogo Jorge Ruffier Acosta encontró las cuatro esculturas en 1940.
Los atlantes están situados en la cima
de la pirámide Tlahuizcalpantecuhtli o Estrella de la Mañana. Aunque las
hipótesis han sido numerosas, la más común indica que su función era servir de
soporte al techo de la construcción.
Las figuras muestran el alto nivel
escultórico alcanzado por los toltecas. A pesar de estar divididos en cuatro
piezas diferentes, las junturas son apenas visibles. En todas ellas se tallaron
distintos elementos que representan discos en la espalda, brazaletes o un
pectoral en forma de mariposa. Además, los guerreros portan sus armas y llevan
un tocado con plumas en sus cabezas.
Los
atlantes
Los atlantes de Tula están ubicados en
el estado de Hidalgo, en México. En concreto, se encuentran en la zona arqueológica
de Tula, la antigua capital de los toltecas, a unos 93 kilómetros de Ciudad de
México.
Las cuatro estatuas se encuentran en
la parte superior del templo llamado Tlahuizcalpantecuhtli (templo de la
Estrella de la Mañana), una pirámide que estaba destinada a rendir culto al
dios Quetzalcoatl.
Descubrimiento
El primero que dejó referencias
escritas sobre la ciudad de Tula fue el cronista español fray Bernardino de
Sahagún, en el siglo XVI. Más adelante, en el siglo XIX, se desarrollaron
algunos trabajos arqueológicos en la zona cercana a Pachuca, en el suroeste del
estado de Hidalgo.
Los atlantes fueron descubiertos por
el arqueólogo mexicano Jorge Ruffier Acosta en 1940. El investigador encontró
las figuras por partes, por lo que tuvieron que ser recompuestas para poder
colocarlas en su emplazamiento original, sobre la pirámide.
Tula, capital tolteca
La caída de Teotihuacan dio paso a un
periodo en el que varios pueblos mesoamericanos lucharon entre ellos para
heredar su hegemonía. Finalmente, fueron los toltecas los que lograron
controlar la zona, lo que se prolongaría hasta el surgimiento de los aztecas.
Durante algunos siglos, el poder
militar tolteca fue extendiendo sus dominios hasta controlar un territorio que
iba desde el centro de México hasta el Yucatán.
Los toltecas establecieron su capital
en Tula (Tollan-Xicocotitlan), en el actual estado mexicano de Hidalgo. Esta
ciudad alcanzó su máximo esplendor durante el Periodo posclásico, entre el 900
y el 1200 d. C.
Dentro de ese periodo histórico, los mejores
años de la ciudad se produjeron durante el gobierno de Ce Ácatl Topiltzin, un
monarca que ejercía tanto el poder político como el religioso. Algunos
historiadores afirman que fue durante su reinado cuando se construyeron los
atlantes, aunque este hecho no ha podido ser probado con certeza.
Datos históricos
Como se ha señalado, los cuatro
atlantes están colocados en la parte superior del templo de
Tlahuizcalpantecuhtli, también conocido como Estrella de la Mañana. Desde esa
pirámide puede contemplarse toda la plaza principal de la ciudad. Las
esculturas antropomorfas tienen un gran tamaño, lo que demuestra la habilidad
de los toltecas para labrar las piedras.
Al igual que otros edificios
encontrados en el sitio arqueológico, la pirámide parece estar relacionada con
la clase media de Tula. Los investigadores afirman que los toltecas recordaban
con la estructura de estas construcciones a las realizadas por la cultura
teotihuacana.
El mejor momento de la ciudad se
produjo entre los años 900 y 1000 d. C. En esa etapa, Tula ocupaba un espacio
de unos 16 kilómetros cuadrados. La actual zona arqueológica solo representa el
12% de todo ese territorio, por lo que se espera que aparezcan más hallazgos
conforme avancen los trabajos.
El edificio más importante hasta ahora
encontrado es el denominado Palacio Quemado, al noreste de la plaza. Según los
investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ese palacio
era el eje central de la construcción de la ciudad.
Significado
de atlante y función de las figuras
El gran tamaño y las características
de las esculturas de los atlantes han provocado que las teorías sobre su origen
y significado hayan proliferado desde su descubrimiento. Sin embargo, la
función de los atlantes era puramente arquitectónica, aunque también tuvieran
su faceta como representaciones simbólicas.
Como se ha indicado, las cuatro
figuras estaban colocadas en la zona alta de la Pirámide B, en el mismo lugar
en el que se volvieron a colocar tras ser halladas. Su función era sostener el
techo del templo de Tlahuizcalpantecuhtli.
De esta forma, los atlantes cumplían
la función de columnas colocadas para aguantar el techo del templo situado en
la pirámide. Detrás de las figuras se encuentran cuatro pilastras muy sencillas
que también tenían la misma función de sostén.
Aunque se han ofrecido múltiples
teorías sobre el significado de “atlante”, hay dos que destacan sobre las
demás. La primera señala el término en arquitectura hace referencia a las
columnas con forma masculina que sostienen algún edificio. Por otra parte,
algunos señalan al atlatl, el pectoral de mariposa tallado en las esculturas,
como el origen del nombre.
Además de sostener ese techo, los
atlantes eran un adorno para el templo, además de simbolizar a los guerreros
seguidores del dios Quetzalcóatl, aunque algunos investigadores mantienen que
eran representaciones de la propia divinidad.
Por último, desde el punto de vista de
la religión tolteca, los atlantes eran una ofrenda a la serpiente emplumada.
Descripción
Los cuatro atlantes de Tula fueron
esculpidos en piedra basáltica, un material de gran dureza. Su altura alcanza
los 4,5 metros y se calcula que pueden pesar entre 8 y 8,5 toneladas.
Cada una de las figuras está compuesta
por cuatro bloques: uno que representa las piernas, otros dos para completar el
tronco y uno final para la cabeza. Esas cuatro partes están perfectamente
unidas entre ellas.
Los atlantes tienen grabados elementos
propios de los guerreros toltecas. Así, llevan un tocado de plumas, el
mencionado pectoral de mariposa denominado atlatl, un arma en la mano derecha y
una bolsa en la izquierda. Además, también aparece una espada con un escudo con
el sello del sol.
En sus cabezas hay tallado un tocado
de plumas y de piel de serpiente, lo que los relaciona con el dios
Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. La cara, por su parte, está compuesta por
unos ojos con las cuencas vacías y una boca.
Estas esculturas son unas de las más
enigmáticas de aquella ciudad, pues se desconoce cómo llegaron ahí y cómo
fueron esculpidas.
A pesar de encontrarse en una zona
semidesértica, el río Tula permitió el desarrollo de una agricultura muy
productiva y a eso hay que sumarle que la ciudad se encontraba estratégicamente
situada en una región muy rica en yacimientos de obsidiana y, además, se
convirtió en una importantísima ruta comercial de turquesa proveniente del
norte de Mesoamérica y del sur del actual Nuevo México.
En el final de Tula, según relata
Fernando de Alva Ixtlilxochitl, los pueblos vecinos se unieron para saquear la
ciudad, acabando con ella y dejando sólo con vida a 1612 toltecas que no
pudieron devolverle la grandeza a la urbe.
¿Quiénes fueron los invasores?
Se habla de grupos bárbaros, que no
son otros que pueblos chichimecas del norte, que buscaban simplemente establecerse
en la debilitada Tula, que había sufrido una decadencia provocada por el
agotamiento de su sistema político, en el que dominaba el empoderamiento de las
élites a través de la figura de Quetzalcóatl.
Es decir, al igual que en las grandes
ciudades sagradas del mundo, Tula era motivo de grandes ambiciones de
conquista, lo que finalmente llegó a suceder alrededor del año 1160.
Actividad:
·
Según la leyenda como se originó la ciudad de
Tula.
·
¿Qué representan los Atlantes de Tula?



