sábado, 30 de enero de 2021

Historia II Grupos: 2C y 2D 29-01-21

 29-01-21     Tula

Aprendizaje esperadoIdentifica los rasgos más importantes del Posclásico al comparar las ciudades de Tula y Chichén Itzá; además, reconoce el papel de la militarización en las sociedades del periodo.

 ÉnfasisIdentificar los rasgos más importantes de Tula.

 ¿Qué vamos a aprender?

 Identificarás los rasgos más importantes de Tula.

 



Tula fue una de las capitales más importantes del mundo prehispánico durante el período posclásico, que comprende del 900 al 1521 de nuestra era. Alcanzó una extensión de 16 kilómetros cuadrados y sus restos arqueológicos nos dejan ver el grado de importancia que llegó a tener la ciudad, pues su influencia llegó hasta la actual Guatemala.

“Tula” es la mala pronunciación de la palabra náhuatl “tolan”, que significa “lugar de juncos”. Existen dos versiones sobre sus posibles significados: la primera nos habla sobre la abundante presencia de agua, lo que propicia el crecimiento de este tipo de plantas acuáticas; la segunda nos habla acerca de una metrópoli en sentido figurado, al compararse con los juncos por la forma en que crecen como multitud, lo que cobra más sentido si tomamos en cuenta que a Cholula también se le llamó “Tolan Chololan” y a Teotihuacan “Tolan Teotihuacan”.

La leyenda dice que el mismo Quetzalcóatl fundó Tolan y que fue éĺ quien inició el período de esplendor para los toltecas, ya que les enseñó la doctrina religiosa y las artes.

Tras la caída de Teotihuacán, y después del apogeo de Xochicalco y Cacaxtla hacia el año 900 d.C., los toltecas desarrollaron una civilización en la ciudad de Tula. En su etapa de mayor esplendor, Tula llegó a tener hasta 60 mil habitantes y se convirtió en el centro de mayor influencia en el Altiplano Central mesoamericano. Tula tiene una superficie de 16 kilómetros cuadrados y su nombre proviene del náhuatl tollan que significa “metrópoli”.

Los toltecas constituyeron un grupo nahua que, según su leyenda, procedía de un lugar mítico llamado Huehuetlapalan, situado probablemente entre los ríos Gila y Colorado. Cuando unos emigrantes salieron de Huehuetlapan emprendieron una ruta que recorría los actuales estados de Sonora, Sinaloa, Nayarit, Zacatecas, Jalisco, norte de Michoacán y sur del Estado de México, hasta llegar a Hidalgo -de donde 8 fueron arrojados por los huastecos- para después establecerse en la Cuenca de México. Una vez asentados en este sitio, fueron recibiendo a gente de Xochicalco y otros grupos del Bajío, quienes se fueron infiltrando progresivamente en la Cuenca de México, de tal modo que su religión agrícola empezó a transformarse con las aportaciones de los nuevos miembros. En ese momento surgieron los toltecas como tales; la cultura que fundó Tula, una ciudad cuya importancia e influencia fue decisiva para sus pueblos contemporáneos y posteriores. Después de la fundación de Tula, los toltecas se mezclaron con los otomíes y atrajeron a los nonoalcas y a los amantecas. Su gran habilidad sincrética les permitió asimilar con facilidad y rapidez los adelantos de estos grupos.

De este modo, el imperio tolteca creció y entró en contacto con las culturas más importantes de Mesoamérica, de las cuales recibió importantes elementos y con ellos llegó a formar una cultura nueva que se extendería a lo largo de la Costa del Golfo hasta Yucatán y, por el sur, hasta Oaxaca, Chiapas y Centroamérica. Tula y los toltecas se transformaron en símbolos de un pasado idealizado en el que se mezclan la historia y la mitología. En algunas crónicas se entremezclan eventos y sucesos históricos de la Tollan real con relatos sobre una Tollan mítica, habitada por seres excepcionales a quienes se les atribuía la invención de la escritura, la metalurgia y otras artes y ciencias. La influencia cultural que ejercieron los toltecas, se extendió superando los límites de Tula; muchos aspectos de la civilización nahua -que alcanzaron su máxima expresión con el imperio mexica- nacieron en el mundo tolteca. Se puede decir, además, que el tolteca fue el primer pueblo -posterior a la decadencia de Teotihuacán- que unificó extensas áreas de Mesoamérica en un gran sistema cultural. De igual forma, los toltecas consolidaron una amplia red comercial que se reflejó en los productos foráneos que llegaron a Tula desde lugares muy alejados del Altiplano Central. Durante la exploración de sus recintos se encontraron vasijas de Costa Rica y Nicaragua, fragmentos de vasos policromados mayas de Campeche, vasijas de loza plumbate del Soconusco, así como cantidades importantes de cerámica procedente de la Huasteca, el centro de Veracruz y el norte de Mesoamérica.

Los edificios que componen los vestigios arqueológicos del lugar son la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli, el Palacio Quemado, el Altar Central, el Coatepantli o Muro de las Serpientes, los Juegos de Pelotas y el Tzompantli. Y solo representan el doce por ciento de lo que fue la gran ciudad.



Sobre el templo de Tlahuizcalpantecuhtli, podemos decirte que seguramente la reconoces porque en ella se encuentran los famosos “atlantes de Tula”, que son cuatro monumentos de 4.5 metros de altura con forma humana, que se dice que cumplían con la función de columnas de soporte para el techo del edificio.

Los atlantes de Tula son cuatro figuras antropomorfas ubicadas en la zona arqueológica de Tula, en el estado mexicano de Hidalgo. Los también llamados “gigantes de Tula” fueron construidos por los toltecas, una de las culturas más poderosas de la zona. Las figuras, que se encuentran sobre la Pirámide B, representan a guerreros toltecas.



La ciudad de Tula vivió su momento de mayor esplendor entre los años 900 y 1000 d. C. En esa época, la ciudad ocupaba un territorio de unos 16 kilómetros cuadrados. Fue en ese terreno donde el arqueólogo Jorge Ruffier Acosta encontró las cuatro esculturas en 1940.

Los atlantes están situados en la cima de la pirámide Tlahuizcalpantecuhtli o Estrella de la Mañana. Aunque las hipótesis han sido numerosas, la más común indica que su función era servir de soporte al techo de la construcción.

Las figuras muestran el alto nivel escultórico alcanzado por los toltecas. A pesar de estar divididos en cuatro piezas diferentes, las junturas son apenas visibles. En todas ellas se tallaron distintos elementos que representan discos en la espalda, brazaletes o un pectoral en forma de mariposa. Además, los guerreros portan sus armas y llevan un tocado con plumas en sus cabezas.

Los atlantes

Los atlantes de Tula están ubicados en el estado de Hidalgo, en México. En concreto, se encuentran en la zona arqueológica de Tula, la antigua capital de los toltecas, a unos 93 kilómetros de Ciudad de México.

Las cuatro estatuas se encuentran en la parte superior del templo llamado Tlahuizcalpantecuhtli (templo de la Estrella de la Mañana), una pirámide que estaba destinada a rendir culto al dios Quetzalcoatl.

Descubrimiento

El primero que dejó referencias escritas sobre la ciudad de Tula fue el cronista español fray Bernardino de Sahagún, en el siglo XVI. Más adelante, en el siglo XIX, se desarrollaron algunos trabajos arqueológicos en la zona cercana a Pachuca, en el suroeste del estado de Hidalgo.

Los atlantes fueron descubiertos por el arqueólogo mexicano Jorge Ruffier Acosta en 1940. El investigador encontró las figuras por partes, por lo que tuvieron que ser recompuestas para poder colocarlas en su emplazamiento original, sobre la pirámide.

Tula, capital tolteca

La caída de Teotihuacan dio paso a un periodo en el que varios pueblos mesoamericanos lucharon entre ellos para heredar su hegemonía. Finalmente, fueron los toltecas los que lograron controlar la zona, lo que se prolongaría hasta el surgimiento de los aztecas.

Durante algunos siglos, el poder militar tolteca fue extendiendo sus dominios hasta controlar un territorio que iba desde el centro de México hasta el Yucatán.

Los toltecas establecieron su capital en Tula (Tollan-Xicocotitlan), en el actual estado mexicano de Hidalgo. Esta ciudad alcanzó su máximo esplendor durante el Periodo posclásico, entre el 900 y el 1200 d. C.

Dentro de ese periodo histórico, los mejores años de la ciudad se produjeron durante el gobierno de Ce Ácatl Topiltzin, un monarca que ejercía tanto el poder político como el religioso. Algunos historiadores afirman que fue durante su reinado cuando se construyeron los atlantes, aunque este hecho no ha podido ser probado con certeza.

Datos históricos

Como se ha señalado, los cuatro atlantes están colocados en la parte superior del templo de Tlahuizcalpantecuhtli, también conocido como Estrella de la Mañana. Desde esa pirámide puede contemplarse toda la plaza principal de la ciudad. Las esculturas antropomorfas tienen un gran tamaño, lo que demuestra la habilidad de los toltecas para labrar las piedras.

Al igual que otros edificios encontrados en el sitio arqueológico, la pirámide parece estar relacionada con la clase media de Tula. Los investigadores afirman que los toltecas recordaban con la estructura de estas construcciones a las realizadas por la cultura teotihuacana.

El mejor momento de la ciudad se produjo entre los años 900 y 1000 d. C. En esa etapa, Tula ocupaba un espacio de unos 16 kilómetros cuadrados. La actual zona arqueológica solo representa el 12% de todo ese territorio, por lo que se espera que aparezcan más hallazgos conforme avancen los trabajos.

El edificio más importante hasta ahora encontrado es el denominado Palacio Quemado, al noreste de la plaza. Según los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ese palacio era el eje central de la construcción de la ciudad.

Significado de atlante y función de las figuras

El gran tamaño y las características de las esculturas de los atlantes han provocado que las teorías sobre su origen y significado hayan proliferado desde su descubrimiento. Sin embargo, la función de los atlantes era puramente arquitectónica, aunque también tuvieran su faceta como representaciones simbólicas.

Como se ha indicado, las cuatro figuras estaban colocadas en la zona alta de la Pirámide B, en el mismo lugar en el que se volvieron a colocar tras ser halladas. Su función era sostener el techo del templo de Tlahuizcalpantecuhtli.



De esta forma, los atlantes cumplían la función de columnas colocadas para aguantar el techo del templo situado en la pirámide. Detrás de las figuras se encuentran cuatro pilastras muy sencillas que también tenían la misma función de sostén.

Aunque se han ofrecido múltiples teorías sobre el significado de “atlante”, hay dos que destacan sobre las demás. La primera señala el término en arquitectura hace referencia a las columnas con forma masculina que sostienen algún edificio. Por otra parte, algunos señalan al atlatl, el pectoral de mariposa tallado en las esculturas, como el origen del nombre.

 

Además de sostener ese techo, los atlantes eran un adorno para el templo, además de simbolizar a los guerreros seguidores del dios Quetzalcóatl, aunque algunos investigadores mantienen que eran representaciones de la propia divinidad.

Por último, desde el punto de vista de la religión tolteca, los atlantes eran una ofrenda a la serpiente emplumada.

Descripción

Los cuatro atlantes de Tula fueron esculpidos en piedra basáltica, un material de gran dureza. Su altura alcanza los 4,5 metros y se calcula que pueden pesar entre 8 y 8,5 toneladas.

Cada una de las figuras está compuesta por cuatro bloques: uno que representa las piernas, otros dos para completar el tronco y uno final para la cabeza. Esas cuatro partes están perfectamente unidas entre ellas.

Los atlantes tienen grabados elementos propios de los guerreros toltecas. Así, llevan un tocado de plumas, el mencionado pectoral de mariposa denominado atlatl, un arma en la mano derecha y una bolsa en la izquierda. Además, también aparece una espada con un escudo con el sello del sol.

En sus cabezas hay tallado un tocado de plumas y de piel de serpiente, lo que los relaciona con el dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. La cara, por su parte, está compuesta por unos ojos con las cuencas vacías y una boca.

Estas esculturas son unas de las más enigmáticas de aquella ciudad, pues se desconoce cómo llegaron ahí y cómo fueron esculpidas.

A pesar de encontrarse en una zona semidesértica, el río Tula permitió el desarrollo de una agricultura muy productiva y a eso hay que sumarle que la ciudad se encontraba estratégicamente situada en una región muy rica en yacimientos de obsidiana y, además, se convirtió en una importantísima ruta comercial de turquesa proveniente del norte de Mesoamérica y del sur del actual Nuevo México.

En el final de Tula, según relata Fernando de Alva Ixtlilxochitl, los pueblos vecinos se unieron para saquear la ciudad, acabando con ella y dejando sólo con vida a 1612 toltecas que no pudieron devolverle la grandeza a la urbe.

¿Quiénes fueron los invasores?

Se habla de grupos bárbaros, que no son otros que pueblos chichimecas del norte, que buscaban simplemente establecerse en la debilitada Tula, que había sufrido una decadencia provocada por el agotamiento de su sistema político, en el que dominaba el empoderamiento de las élites a través de la figura de Quetzalcóatl.

Es decir, al igual que en las grandes ciudades sagradas del mundo, Tula era motivo de grandes ambiciones de conquista, lo que finalmente llegó a suceder alrededor del año 1160.

Actividad:

·         Según la leyenda como se originó la ciudad de Tula.

·         ¿Qué representan los Atlantes de Tula?

¿Cuáles son las principales características de la ciudad de Tula?