27-01-21 Posclásico
Aprendizaje esperado: Aprende e
identifica los rasgos más importantes del posclásico, al comparar las ciudades
de Tula y Chichén Itzá; además, reconoce el papel de la militarización en las
sociedades del periodo.
Énfasis: Identificar el periodo
Posclásico (900-1521) y su división cronológica en temprano y tardío.
¿Qué vamos a aprender?
En esta sesión, estudiarás el periodo posclásico,
identificarás cómo se ha dividido, así como las características que tuvo y las
culturas que aparecieron en cada uno.
Época: 800-1521 d.C.
El periodo Posclásico o
histórico, como también lo llaman los especialistas, se inicia hacia el año 800
y termina en 1521, cuando los españoles tomaron la capital del imperio azteca.
El fenómeno que caracteriza al
Posclásico es la invasión de Mesoamérica por parte de pueblos seminómadas que
provenían del norte, de la vasta extensión de Aridoamérica. Estos pueblos se
asentaron en Mesoamérica, se mezclaron con los antiguos pobladores asimilares
muchos elementos de las culturas clásicas. Con el tiempo, crearían una nueva
civilización, comparable a las más avanzadas del continente americano.
Es también en esta época cuando
se desarrollan las técnicas para fundir y trabajar metales como el oro, la
plata y el cobre. Estas técnicas se inventaron en la región de comerciantes que
navegaban por las costas del Océano Pacífico. Aunque los pueblos del Posclásico
fueron artesanos maravillosos, no utilizaron los metales con fines prácticos,
sino únicamente en la fabricación de joyas y adornos.
El Período Posclásico es
la última etapa del desarrollo independiente de la
civilización mesoamericana. Como los otros períodos de la cronología
mesoamericana, el inicio de este período varía en el tiempo, aunque se suele
señalar la caída de las ciudades-Estado del Epiclásico del centro de
Mesoamérica como el principio del Posclásico. Sin embargo, en todas las áreas
de Mesoamérica ocurrió un proceso de deterioro de las hegemonías regionales
del Clásico que concluyó con el abandono de las grandes metrópolis,
como Monte Albán en Oaxaca o las ciudades mayas de las
Tierras Altas. Por otra parte, el Norte de Mesoamérica fue escenario
de un desastre ecológico que implicó el abandono completo de esa región. Ante
estos hechos, las migraciones fueron un fenómeno que marcó el inicio del
Posclásico. Estos cambios sociales que marcaron a las sociedades mesoamericanas
ocurrieron entre los siglos VIII y X d.C. El final del
Posclásico ocurrió con la llegada de los españoles hacia la segunda década
del siglo XVI. A partir de entonces ocurrió un proceso
de transculturación que remodeló las culturas indígenas y sentó las
bases de las culturas mestizas de México y Centroamérica.
Antiguamente, se solía presentar al
Posclásico como una época dominada por Estados bélicos; en oposición con los
pacíficos Estados del Clásico. Las nuevas interpretaciones de las evidencias
arqueológicas sobre varios pueblos del Clásico —es el caso de
los teotihuacanos y mayas— han dejado claro que la guerra también
fue una actividad importante entre esas sociedades. Es especial la imagen de
los mayas, a los que se solía imaginar como un pueblo gobernado por sacerdotes
entregados a actividades intelectuales. En la actualidad, aunque se reconocen
las diferencias entre las sociedades mesoamericanas clásicas y posclásicas, la
oposición entre Estados militaristas y Estados teocráticos ha dejado de tener
validez explicativa.
El Posclásico es el contexto histórico
en el que florecieron pueblos como
los mexicas y toltecas en el Centro; los mixtecos en
Oaxaca; los tarascos en el Occidente; los huastecos en el
norte de la llanura del Golfo de México; los mayas en la península de
Yucatán y los pipiles en América Central.
Características generales del
Posclásico mesoamericano
Las sociedades del Posclásico
mesoamericano siguieron desarrollándose sobre las mismas bases materiales que
en tiempos anteriores. Esto quiere decir que la base de la economía siguió
siendo la agricultura, sobre todo de temporal. Algunas regiones poseían
mejores condiciones para el desarrollo de sistemas de irrigación que produjeran
mejores resultados agrícolas, por ejemplo, en las riberas de los ríos o de los
lagos. Algunas zonas con humedad baja desarrollaron también sistemas
hidráulicos, con el propósito de aprovechar mejor los recursos hidrícos existentes.
Por ejemplo, en Tetzcuco se construyeron acueductos que sirvieron
para llevar agua desde los manantiales de la Sierra Nevada tanto a la
población como a las zonas de cultivo del señorío acolhua. Obras similares
se realizaron en Loma de la Coyotera, en la región oaxqueña (Rojas Rabiela,
s/f: 5). Mientras tanto, en Yucatán se desarrolló un sistema
de cisternas excavadas en la roca madre de la superficie,
llamadas chultunes, que tenían por objetivo la recolección de agua de
lluvia y su almacenamiento (Zapata Peraza, 1989).
Tula, ciudad de Quetzalcóatl
Los Atlantes, uno de los principales
atractivos de la zona arqueológica, ubicada en el estado Hidalgo.
Cuenta una leyenda que el
rey-sacerdote Quetzalcóatl fundó la ciudad de Tula después de
vengar el asesinato de su padre, y comenzó así un gran periodo de esplendor
para los toltecas, ya que de la mano de su gobernante aprendieron artes e
importantes doctrinas religiosas y realizaron grandes construcciones como los
atlantes, símbolo que identifica la zona arqueológica.
Ubicada aproximadamente a 85 kilómetros al norte de la ciudad de México, en el
estado de Hidalgo, la Zona Arqueológica de Tula es un lugar donde el tiempo
corre de manera muy lenta y apacible. Los fuertes vientos y el clima semiseco,
propios de la región del Valle del Mezquital, sitúan a la zona en un espacio
donde el cielo siempre es azul.
Tula, junto con Teotihuacan y
Tenochtitlan, fue uno de los grandes centros urbanos del Altiplano Central de
Mesoamérica. La ciudad tuvo una larga vida de casi cuatro siglos en su momento
de máximo apogeo (900 -1000 d. C.); de hecho, hacia el año 1000 era
probablemente la ciudad más grande de Mesoamérica, con una extensión de casi 16
kilómetros cuadrados.
El esplendor de la antigua ciudad quedó representado por los vestigios
que, hoy en día, componen la zona arqueológica, como la pirámide B o Edificio
de los Atlantes, el Palacio Quemado, el Altar Central, el Coatepantli o Muro de
las Serpientes, los Juegos de Pelotas y el Tzompantli.
Construcciones que guardan testimonio de la jerarquía que tuvo la ciudad en la
época prehispánica.
El volumen de las dos pirámides principales no es muy grande, si se compara,
por ejemplo, con el de las pirámides del Sol y de la Luna en Teotihuacan, pero
la dimensión de las pirámides era realzada por las terrazas y plataformas que
conforman el gran complejo arquitectónico sobre el cual se alzaban.
De ahí que uno de los principales atractivos del lugar sean las esculturas
conocidas como los Atlantes de Tula, que miden poco más de cuatro metros
de altura, labrados en piedra basáltica, hallados en 1940 por el arqueólogo
Jorge Acosta. Los monumentales atlantes custodian la parte superior del
Templo de Tlahuizcalpantecutli o Estrella de la Mañana
(Pirámide B) desde la cual se aprecia toda la plaza principal del sitio.
En la parte trasera de la Pirámide B
se localiza el Coatepantli o Muro de serpientes, estructura
que mediante los estudios se ha deducido estuvo dedicada a Quetzalcóatl.
El Coatepantli contiene tres hileras de frisos, de las cuales
la central muestra serpientes que devoran individuos semidescarnados, quienes
representarían el alma de los guerreros; las otras dos presentan grecas
escalonadas, mientras que en su parte superior tiene grabados caracoles
cortados transversalmente que de acuerdo con las investigaciones están
asociados a Venus.
La estructura es, por lo tanto, una muestra de la gran destreza que tenían los
toltecas para labrar piedras. Este arte también se aprecia en los frisos que
recubren la parte trasera de la Pirámide B (edificio de los atlantes) los
cuales representan a diversos animales, como un puma y águilas. Estas
estructuras al igual que el Coatepantli marcaban los límites
del “espacio sagrado”.
El edificio más importante de la zona es la llamada Pirámide C, localizada en
el lado noreste de la plaza, su importancia radica porque de acuerdo con las
investigaciones del arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH) Robert Cobean a estructura probablemente, era el axis
mundi del recinto sagrado y por lo tanto el eje central de
construcción de la ciudad.
CHICHÉN
ITZÁ, CORAZÓN DEL IMPERIO MAYA
El sitio arqueológico de Chichén
Itzá fue una ciudad Maya de gran importancia de la era precolombina
entre los años 525 y 1100 d.C. Su nombre en Maya significa “boca del
pozo de los Itzáes“. Chichén Itzá es un ejemplo de la fusión de la cultura
mexica, maya y tolteca. La presencia de esculturas y relieves de piedra dan a
conocer el culto al dios Quetzalcoatl, a quién los mayas adoraban
con el nombre de Kukulkán.
La estructura de la ciudad esta
dividida en dos grupos, en el grupo norte donde se
encuentra El Castillo o Templo de Kukulcán, el Templo de los Guerreros,
el Mercado, el Cenote Sagrado, el Baño de vapor, la Plataforma de Venus, la
Plataforma de las Calaveras, la Plataforma de los Jaguares y de las Águilas y
el Juego de Pelota. Y el grupo central donde se concentran
la La Casa Colorada, la Tumba del Gran Sacerdote, la Casa de las
Monjas, el Caracol u observatorio, la Iglesia, el Akab Dzib y los
Tableros Esculpidos.
MILITARIZACIÓN
Y MIGRACIONES EN EL POSCLÁSICO TEMPRANO (900 – 1200 D.C.)
El Posclásico Temprano (900-1200 d.C.)
es, indudablemente, un periodo de intensa actividad bélica y de alta estima
social hacia quienes conducían y participaban en las guerras: las abundantes
representaciones de guerreros en Tula y Chichen Itzá, por ejemplo, son una
clara expresión de ese fenómeno. No fue ésta, sin embargo, la primera vez que
en el México antiguo se vivió un ambiente de esa naturaleza; la guerra estuvo
presente en épocas anteriores, en especial en las fases previas a las
grandes transformaciones sociales y políticas. La diferencia entre periodos no
fue una cuestión de presencia o ausencia, sino de grado: a partir del
Posclásico Temprano, las sociedades se militarizaron en grado extremo y lo
hicieron, aparentemente, como respuesta a las necesidades de defensa de
territorios en disputa y de expansión hacia nuevas tierras.
En épocas anteriores, esa actividad
parece haber sido más que cotidiana, un fenómeno de crisis; la guerra entre
elites, pactada y sin pretensiones de ampliar el dominio de tributación, debió
haber sido mas frecuente en esos tiempos.
Entre 900 y 1200 d.C., se dieron
migraciones de todo tipo, una tras otra. Ésta es otra de las características
del Posclásico Temprano, quizá, la más notoria. En el Centro de México parecen
estar relacionadas con el militarismo exacerbado del periodo y, al igual que
este último, son un fenómeno presente en el México antiguo desde épocas
remotas: existe abundante infonnaci6n de desplazamientos masivos desde la época
de la colonizaci6n de América por migrantes asiáticos. Sin embargo. parece ser
la primera vez que las migraciones se presentan como un fenómeno de resistencia
y de creación de nuevas condiciones de vida.
Los relatos que nos han llegado sobre
estas migraciones son, en esencia, crónicas destinadas a validar reclamos
territoriales y a legitimar el poder de gobernantes por asociación con antiguos
linajes, o por referencia a dioses, o a personajes que se confunden con dioses.
Todas tienen en común un punto de origen mítico y son presentadas como verdaderas
peregrinaciones alentadas por líderes que interpretan la voluntad de los
dioses. Muchas de ellas consignan el nombre de Tollan o Tarnoanchan como escala
en el itinerario o punto de partida; algunas son planteadas como retorno al
punto del cual salieron en un principio. Se trata de acontecimientos históricos
presentados en una matriz de mito y, como tales, no pueden entenderse sino en
el contexto de la sociedad a la que hacen referencia y la sociedad que los
produce.
POSCLÁSICO
TARDÍO (1200-1521 D.C.)
En esta fase las dimensiones del
territorio mesoamericano se habían reducido notablemente. Tal vez a
consecuencia de fuertes cambios climáticos, los asentamientos sedentarios de la
zona norte habían sido abandonados, y en el Posclásico Tardío esa región estaba
habitada por grupos nómadas a los que se llamaba chichimecas. En el ámbito
mesoamericano, en tanto, como había sucedido en el periodo anterior, los
aspectos militares y comerciales fueron factores fundamentales en la
integración de las distintas regiones. El Posclásico Tardío se distingue
también por el surgimiento y expansión de una de las entidades políticas más
complejas y poderosas que haya conocido el México prehispánico: la Triple
Alianza, liderada por Tenochtitlan; únicamente los tarascos y otros señoríos
fueron capaces de enfrentar exitosamente sus afanes expansionistas.
Actividad:
- ·
¿Qué avances tecnológicos se dieron en el posclásico?
- ·
Menciona las principales características de
Tula y Chichén Itzá
- ·
Explica los dos periodos en que se dividió el Posclásico
(Temprano y Tardío)




