martes, 26 de enero de 2021

Historia II Grupos: 2C y 2D 27-01-21

 

27-01-21   Posclásico

Aprendizaje esperado: Aprende e identifica los rasgos más importantes del posclásico, al comparar las ciudades de Tula y Chichén Itzá; además, reconoce el papel de la militarización en las sociedades del periodo.

 Énfasis: Identificar el periodo Posclásico (900-1521) y su división cronológica en temprano y tardío.

 ¿Qué vamos a aprender?

 En esta sesión, estudiarás el periodo posclásico, identificarás cómo se ha dividido, así como las características que tuvo y las culturas que aparecieron en cada uno.



Época: 800-1521 d.C.

 El periodo Posclásico o histórico, como también lo llaman los especialistas, se inicia hacia el año 800 y termina en 1521, cuando los españoles tomaron la capital del imperio azteca.

 El fenómeno que caracteriza al Posclásico es la invasión de Mesoamérica por parte de pueblos seminómadas que provenían del norte, de la vasta extensión de Aridoamérica. Estos pueblos se asentaron en Mesoamérica, se mezclaron con los antiguos pobladores asimilares muchos elementos de las culturas clásicas. Con el tiempo, crearían una nueva civilización, comparable a las más avanzadas del continente americano.

 Es también en esta época cuando se desarrollan las técnicas para fundir y trabajar metales como el oro, la plata y el cobre. Estas técnicas se inventaron en la región de comerciantes que navegaban por las costas del Océano Pacífico. Aunque los pueblos del Posclásico fueron artesanos maravillosos, no utilizaron los metales con fines prácticos, sino únicamente en la fabricación de joyas y adornos.

El Período Posclásico es la última etapa del desarrollo independiente de la civilización mesoamericana. Como los otros períodos de la cronología mesoamericana, el inicio de este período varía en el tiempo, aunque se suele señalar la caída de las ciudades-Estado del Epiclásico del centro de Mesoamérica como el principio del Posclásico. Sin embargo, en todas las áreas de Mesoamérica ocurrió un proceso de deterioro de las hegemonías regionales del Clásico que concluyó con el abandono de las grandes metrópolis, como Monte Albán en Oaxaca o las ciudades mayas de las Tierras Altas. Por otra parte, el Norte de Mesoamérica fue escenario de un desastre ecológico que implicó el abandono completo de esa región. Ante estos hechos, las migraciones fueron un fenómeno que marcó el inicio del Posclásico. Estos cambios sociales que marcaron a las sociedades mesoamericanas ocurrieron entre los siglos VIII y X d.C. El final del Posclásico ocurrió con la llegada de los españoles hacia la segunda década del siglo XVI. A partir de entonces ocurrió un proceso de transculturación que remodeló las culturas indígenas y sentó las bases de las culturas mestizas de México y Centroamérica.



Antiguamente, se solía presentar al Posclásico como una época dominada por Estados bélicos; en oposición con los pacíficos Estados del Clásico. Las nuevas interpretaciones de las evidencias arqueológicas sobre varios pueblos del Clásico —es el caso de los teotihuacanos y mayas— han dejado claro que la guerra también fue una actividad importante entre esas sociedades. Es especial la imagen de los mayas, a los que se solía imaginar como un pueblo gobernado por sacerdotes entregados a actividades intelectuales. En la actualidad, aunque se reconocen las diferencias entre las sociedades mesoamericanas clásicas y posclásicas, la oposición entre Estados militaristas y Estados teocráticos ha dejado de tener validez explicativa.

El Posclásico es el contexto histórico en el que florecieron pueblos como los mexicas y toltecas en el Centro; los mixtecos en Oaxaca; los tarascos en el Occidente; los huastecos en el norte de la llanura del Golfo de México; los mayas en la península de Yucatán y los pipiles en América Central.

Características generales del Posclásico mesoamericano

Las sociedades del Posclásico mesoamericano siguieron desarrollándose sobre las mismas bases materiales que en tiempos anteriores. Esto quiere decir que la base de la economía siguió siendo la agricultura, sobre todo de temporal. Algunas regiones poseían mejores condiciones para el desarrollo de sistemas de irrigación que produjeran mejores resultados agrícolas, por ejemplo, en las riberas de los ríos o de los lagos. Algunas zonas con humedad baja desarrollaron también sistemas hidráulicos, con el propósito de aprovechar mejor los recursos hidrícos existentes. Por ejemplo, en Tetzcuco se construyeron acueductos que sirvieron para llevar agua desde los manantiales de la Sierra Nevada tanto a la población como a las zonas de cultivo del señorío acolhua. Obras similares se realizaron en Loma de la Coyotera, en la región oaxqueña (Rojas Rabiela, s/f: 5). Mientras tanto, en Yucatán se desarrolló un sistema de cisternas excavadas en la roca madre de la superficie, llamadas chultunes, que tenían por objetivo la recolección de agua de lluvia y su almacenamiento (Zapata Peraza, 1989).

Tula, ciudad de Quetzalcóatl

Los Atlantes, uno de los principales atractivos de la zona arqueológica, ubicada en el estado Hidalgo.



Cuenta una leyenda que el rey-sacerdote Quetzalcóatl fundó la ciudad de Tula después de vengar el asesinato de su padre, y comenzó así un gran periodo de esplendor para los toltecas, ya que de la mano de su gobernante aprendieron artes e importantes doctrinas religiosas y realizaron grandes construcciones como los atlantes, símbolo que identifica la zona arqueológica.

Ubicada aproximadamente a 85 kilómetros al norte de la ciudad de México, en el estado de Hidalgo, la Zona Arqueológica de Tula es un lugar donde el tiempo corre de manera muy lenta y apacible. Los fuertes vientos y el clima semiseco, propios de la región del Valle del Mezquital, sitúan a la zona en un espacio donde el cielo siempre es azul.

Tula, junto con Teotihuacan y Tenochtitlan, fue uno de los grandes centros urbanos del Altiplano Central de Mesoamérica. La ciudad tuvo una larga vida de casi cuatro siglos en su momento de máximo apogeo (900 -1000 d. C.); de hecho, hacia el año 1000 era probablemente la ciudad más grande de Mesoamérica, con una extensión de casi 16 kilómetros cuadrados.

El esplendor de la  antigua ciudad quedó representado por los vestigios que, hoy en día, componen la zona arqueológica, como la pirámide B o Edificio de los Atlantes, el Palacio Quemado, el Altar Central, el Coatepantli o Muro de las Serpientes, los Juegos de Pelotas y el Tzompantli. Construcciones que guardan testimonio de la jerarquía que tuvo la ciudad en la época prehispánica.

El volumen de las dos pirámides principales no es muy grande, si se compara, por ejemplo, con el de las pirámides del Sol y de la Luna en Teotihuacan, pero la dimensión de las pirámides era realzada por las terrazas y plataformas que conforman el gran complejo arquitectónico sobre el cual se alzaban.

De ahí que uno de los principales atractivos del lugar sean las esculturas conocidas como  los Atlantes de Tula, que miden poco más de cuatro metros de altura, labrados en piedra basáltica, hallados en 1940 por el arqueólogo Jorge Acosta. Los  monumentales atlantes custodian la parte superior del Templo de Tlahuizcalpantecutli o Estrella de la Mañana (Pirámide B) desde la cual se aprecia toda la plaza principal del sitio.

En la parte trasera de la Pirámide B se localiza el Coatepantli o Muro de serpientes, estructura que mediante los estudios se ha deducido estuvo dedicada a Quetzalcóatl.

El Coatepantli contiene tres hileras de frisos, de las cuales la central muestra serpientes que devoran individuos semidescarnados, quienes representarían el alma de los guerreros; las otras dos presentan grecas escalonadas, mientras que en su parte superior tiene grabados caracoles cortados transversalmente que de acuerdo con las investigaciones están asociados a Venus.

La estructura es, por lo tanto, una muestra de la gran destreza que tenían los toltecas para labrar piedras. Este arte también se aprecia en los frisos que recubren la parte trasera de la Pirámide B (edificio de los atlantes) los cuales representan a diversos animales, como un puma y águilas. Estas estructuras al igual que el Coatepantli marcaban los límites del  “espacio sagrado”.

El edificio más importante de la zona es la llamada Pirámide C, localizada en el lado noreste de la plaza, su importancia radica porque de acuerdo con las investigaciones del arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Robert Cobean a estructura probablemente, era el axis mundi del recinto sagrado y por lo tanto el eje central de construcción de la ciudad.

CHICHÉN ITZÁ, CORAZÓN DEL IMPERIO MAYA

El sitio arqueológico de Chichén Itzá fue una ciudad Maya de gran importancia de la era precolombina entre los años  525 y 1100 d.C. Su nombre en Maya significa “boca del pozo de los Itzáes“. Chichén Itzá es un ejemplo de la fusión de la cultura mexica, maya y tolteca. La presencia de esculturas y relieves de piedra dan a conocer el culto al dios Quetzalcoatl, a quién los mayas adoraban con el nombre de Kukulkán.

La estructura de la ciudad esta dividida en dos grupos, en el grupo norte donde se encuentra  El Castillo o Templo de Kukulcán, el Templo de los Guerreros, el Mercado, el Cenote Sagrado, el Baño de vapor, la Plataforma de Venus, la Plataforma de las Calaveras, la Plataforma de los Jaguares y de las Águilas y el Juego de Pelota. Y el grupo central donde se concentran la La Casa Colorada, la Tumba del Gran Sacerdote, la Casa de las Monjas, el Caracol u observatorio,  la Iglesia, el Akab Dzib y los Tableros Esculpidos.



 

MILITARIZACIÓN Y MIGRACIONES EN EL POSCLÁSICO TEMPRANO (900 – 1200 D.C.)

El Posclásico Temprano (900-1200 d.C.) es, indudablemente, un periodo de intensa actividad bélica y de alta estima social hacia quienes conducían y participaban en las guerras: las abundantes representaciones de guerreros en Tula y Chichen Itzá, por ejemplo, son una clara expresión de ese fenómeno. No fue ésta, sin embargo, la primera vez que en el México antiguo se vivió un ambiente de esa naturaleza; la guerra estuvo presente en épocas anteriores,  en especial en las fases previas a las grandes transformaciones sociales y políticas. La diferencia entre periodos no fue una cuestión de presencia o ausencia, sino de grado: a partir del Posclásico Temprano, las sociedades se militarizaron en grado extremo y lo hicieron, aparentemente, como respuesta a las necesidades de defensa de territorios en disputa y de expansión hacia nuevas tierras.



En épocas anteriores, esa actividad parece haber sido más que cotidiana, un fenómeno de crisis; la guerra entre elites, pactada y sin pretensiones de ampliar el dominio de tributación, debió haber sido mas frecuente en esos tiempos.

Entre 900 y 1200 d.C., se dieron migraciones de todo tipo, una tras otra. Ésta es otra de las características del Posclásico Temprano, quizá, la más notoria. En el Centro de México parecen estar relacionadas con el militarismo exacerbado del periodo y, al igual que este último, son un fenómeno presente en el México antiguo desde épocas remotas: existe abundante infonnaci6n de desplazamientos masivos desde la época de la colonizaci6n de América por migrantes asiáticos. Sin embargo. parece ser la primera vez que las migraciones se presentan como un fenómeno de resistencia y de creación de nuevas condiciones de vida.

Los relatos que nos han llegado sobre estas migraciones son, en esencia, crónicas destinadas a validar reclamos territoriales y a legitimar el poder de gobernantes por asociación con antiguos linajes, o por referencia a dioses, o a personajes que se confunden con dioses. Todas tienen en común un punto de origen mítico y son presentadas como verdaderas peregrinaciones alentadas por líderes que interpretan la voluntad de los dioses. Muchas de ellas consignan el nombre de Tollan o Tarnoanchan como escala en el itinerario o punto de partida; algunas son planteadas como retorno al punto del cual salieron en un principio. Se trata de acontecimientos históricos presentados en una matriz de mito y, como tales, no pueden entenderse sino en el contexto de la sociedad a la que hacen referencia y la sociedad que los produce.

POSCLÁSICO TARDÍO (1200-1521 D.C.)

En esta fase las dimensiones del territorio mesoamericano se habían reducido notablemente. Tal vez a consecuencia de fuertes cambios climáticos, los asentamientos sedentarios de la zona norte habían sido abandonados, y en el Posclásico Tardío esa región estaba habitada por grupos nómadas a los que se llamaba chichimecas. En el ámbito mesoamericano, en tanto, como había sucedido en el periodo anterior, los aspectos militares y comerciales fueron factores fundamentales en la integración de las distintas regiones. El Posclásico Tardío se distingue también por el surgimiento y expansión de una de las entidades políticas más complejas y poderosas que haya conocido el México prehispánico: la Triple Alianza, liderada por Tenochtitlan; únicamente los tarascos y otros señoríos fueron capaces de enfrentar exitosamente sus afanes expansionistas. 

Actividad:

  • ·         ¿Qué avances tecnológicos se dieron en el posclásico?
  • ·         Menciona las principales características de Tula y Chichén Itzá 
  • ·         Explica los dos periodos en que se dividió el Posclásico  (Temprano y Tardío)