08-02-21 El poderío mexica
Aprendizaje esperado: Identifica
la historia del pueblo mexica, así como sus principales características,
costumbres, creencias y organización; también conoce cómo los mexicas lograron
dominar gran parte de Mesoamérica.
Énfasis: Conocer
las primeras conquistas más allá de la cuenca, la organización política, los
calpulli, los barrios y la economía mexica.
¿Qué vamos a aprender?
Continuarás con el estudio de la
cultura mexica. En esta sesión, conocerás sus aspectos políticos y económicos,
sus expansiones militares y sus primeras conquistas más allá de la cuenca.
Después de una larga peregrinación los
mexicas llegaron al lago de Texcoco provenientes de un lugar llamado Aztlán,
por eso también se les conoce como aztecas. Eran pobres y atrasados, por lo que
fueron mal vistos por los habitantes de los señoríos de origen tolteca ya
establecidos en la cuenca lacustre de México, la gente de Texcoco, Azcapotzalco
y Culhuacan que dominaban esas tierras.
Los mexicas fueron sometidos y
estuvieron varias décadas bajo el dominio del poderoso señorío de Azcapotzalco
al que servían como soldados. Estaban obligados a trabajar y pagarle tributo.
No obstante la pobreza del lugar, en
1325 fundaron México-Tenochtitlan, al encontrar en un pequeño islote en medio
del lago, en el sitio que ahora ocupa el centro histórico de la Ciudad de
México, la señal que según la leyenda les había dado su dios Huitzilopochtli:
un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente.
Los mexicas lograron rehacerse a
partir de su tenacidad. Se vieron rodeados de agua y al carecer de tierras
cultivables diseñaron las chinampas. Los lagos y el clima hacían de la cuenca
de México una región fértil donde prosperó la agricultura. Abundaba la pesca y
los animales para la cacería como: venados, conejos y aves. Todo esto permitió
que México-Tenochtitlan creciera.
Hacia 1430, habían asimilado la
cultura de los pueblos avanzados y se habían convertido en un eficiente poder
militar. Atacaron y derrotaron a Azcapotzalco transformándose en uno de los más
fuertes señoríos de la región. Iniciaron una sorprendente hazaña guerrera que
en sólo 70 años los haría dueños del más grande imperio en Mesoamérica.
Para liberarse del dominio de
Azcapotzalco, los mexicas se aliaron con Texcoco. Al vencer, se unieron con el
señorío de Tlacopan (Tacuba) para formar la Triple Alianza que se adueñó de la
cuenca de México y después conquistó otras regiones a las que les cobró
tributo. El Anáhuac quedó dividido en tres reinos: Texcoco, Tenochtitlan y
Tacuba.
Los mexicas conquistaron el centro de
México, Veracruz, la costa de Guerrero, parte de Oaxaca y dominaron el
territorio de Soconusco, en los límites con Guatemala. Sólo unos cuantos
pueblos lograron resistir el empuje mexica. Los purépechas, los yopes, los
tlaxcaltecas y algunos señoríos mixtecas.
Moctezuma Ilhuicamina gobernó de 1440
a 1469, extendió su territorio y trajo a Tenochtitlan arquitectos de Chalco y
orfebres de la Mixteca. Sólidos edificios de piedra sustituyeron a las antiguas
chozas de paja. Bajo el mando de los jefes que le siguieron, el señorío mexica
continuó su expansión. En menos de dos siglos los mexicas habían pasado de la
miseria al esplendor: Fueron herederos de una antigua tradición cultural, a
través de Tula y de los toltecas habían heredado el modelo teotihuacano de gran
ciudad.
En náhuatl los jefes recibían el
título de "tlatoani" (el que habla) y el gobernante supremo era el
"Hueitlatoani". Por su afán de conquista la guerra fue una actividad
muy importante. Los mexicas creían que los dioses se habían sacrificado por los
hombres, que su sangre les había dado la vida y que el sol se alimentaba con
sangre de los corazones humanos, por eso sacrificaban a muchos prisioneros.
Los mexicas tuvieron especial interés
en la educación, niños y niñas eran cuidadosamente educados desde su
nacimiento. En los primeros años al padre le correspondía educar al niño y a la
madre la niña,. Cumplida la educación familiar, los nobles iban al Calmécac y
los demás al Telpochcalli.
La enseñanza en el Calmécac incluía la
interpretación de los códices, los conocimientos calendáricos, la historia y
las tradiciones. Allí se formaron los pintores de códices, los médicos y los
constructores. En el Telpochcalli la educación era más técnica y elemental, se
aprendía sobre la religión, las artes de la guerra y algunos oficios.
En 1519, año de la llegada de los
españoles a México Central, una gran parte de Mesoamérica estaba bajo el
control de la cultura azteca, quienes habían forjado en poco más de
un siglo un poderoso imperio que se extendía de la frontera septentrional del
área al istmo de Tehuantepec, y del Atlántico al Pacífico.El corazón de este
vasto territorio era Tenochtitlán, una ciudad densamente poblada del Valle de
México, al sur del Altiplano Central. La urbe, compuesta por dos ciudades
gemelas (Tcnochtitlán y Tlatelolco), contaba entre 150.000 y 300.000
habitantes, concentrados en dos pequeñas islas que habían crecido gracias al
empleo de islotes artificiales. El centro de la ciudad estaba ocupado
por el recinto sagrado, un conjunto de 78 edificios religiosos presididos por
el Templo Mayor. A su alrededor, ordenados en círculos concéntricos se
alzaban los dos palacios reales, las residencias de los nobles y las casas de
los plebeyos. El mercado estaba en Tlatelolco y era visitado diariamente por
más de 60.000 personas.
La Cuenca de México está rodeada por
una cordillera en forma de anfiteatro con alturas superiores a los 5.000 m
(Popocatepetl e Iztacíhuatl); su altitud es de unos 2.300 metros sobre el nivel
del mar; y goza de un agradable clima subtropical de altura. En la época
prehispánica la zona central estaba ocupada por cinco grandes lagos comunicados
entre sí: Xaltocan y Zumpango al norte. Tetzcoco en el centro, y Xochimilco y
Chaco al sur. Todos tenían el agua dulce, salvo la laguna de Tetzcoco.
Historia
Tras la caída del Imperio Tolteca a
fines del siglo XII, el Valle de México fue invadido por sucesivas oleadas de
pueblos bárbaros procedentes del norte que fundaron diversas ciudades-estado,
como Xaltocan, Tetzcoco, Azcapotzalco o Coatlinchan. La última invasión la
efectuaron la cultura azteca, un grupo de lengua náhuatl originario de Aztlan,
un lugar semimítico situado en el Occidente de México.
Los mexicas —nombre que se daba a la cultura azteca a sí mismos— se
asentaron primero en la colina de Chapultépec y luego, tras ser expulsados de
allí, en Culhuacán, de donde también debieron huir. Finalmente se establecieron
de manera definitiva en un islote arenoso del lago de Tetzcoco. Los comienzos
de la ciudad de Tenochtitlán, fundada en 1345, estuvieron llenos de problemas y
dificultades. Por un lado, una parte de la población, descontenta con el
terreno que se le había asignado, abandonó la pequeña aldea para fundar una
nueva ciudad (Tlatelolco) en una isla cercana. Por el otro, la falta de
materiales para la construcción y la ausencia de tierras cultivables obligó a
los gobernantes mexicas a aceptar la autoridad de Azcapotzalco, una de las
principales ciudades-estado de la región. Durante largo tiempo, los aztecas tuvieron
que participar en las guerras imperialistas de Azcapotzalco, lo cual les
proporcionó una gran experiencia militar que les sería de gran utilidad en el
futuro.
La muerte del rey azeapotzalca en 1426
abrió una crisis dinástica que aprovechó la cultura azteca para independizarse.
Su jefe Itzcoatl (1426-1440) se alió con el señorío de Tetzcoco, el principal
rival de Azcapotzalco, y logró vencer a sus antiguos señores. La desaparición
del poder azcapotzalea abrió un nuevo período en la historia de Mesoamérica
porque los vencedores decidieron mantener la unión e integrar en ella a los
vencidos. Nació así la Triple Alianza, una confederación que se caracterizó por
su marcado talante imperialista.
De acuerdo con la información
existente, la extensión del territorio que controlaba la Triple Alianza
-formada por México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba- en la etapa inmediatamente
anterior a la llegada de los españoles, es impresionante: más de 400 pueblos,
señoríos y ciudades-Estado se encontraban, de una forma u otra, bajo su
dominio. Según la Matrícula de Tributos, los pueblos y señoríos sujetos a
recaudación tributaria se hallaban agrupados en 38 grandes provincias. Sin
embargo, las continuas rebeliones -consignadas en diversas fuentes- señalan la
inestabilidad del imperio mexica sobre tan extenso territorio. La efectividad
del sistema se pondría
a prueba
durante la conquista.
Mapa de la Cultura Azteca o Mexica
Así, Motecuhzoma I Ilhuicamina (1440-1468),
el sucesor de Itzcoatl, dominó el sur del Valle de México y conquistó extensos
territorios en Oaxaca y la costa del Golfo. La misma política siguió Axayacatl
(1468-1481), quien unió al naciente imperio una parte del Valle de Toluca y la
zona de Cacaxtla. Fracasó, en cambio, al intentar anexionarse el territorio
tarasco, aunque compensó esta derrota con un sonado éxito de gran valor
simbólico: la ocupación de la ciudad hermana de Tlatelolco.
El proceso expansionista sufrió una breve pausa durante el reinado de Tízoc
(1481-1486), un misterioso gobernante que, según cuentan las crónicas, murió
envenenado. Pero se reanudó con gran fuerza al ocupar el icpalli o
trono Ahuitzotl (1486-1502). Este monarca extendió de forma
considerable la frontera de la cultura azteca, pues se apoderó de Xoconochco,
Tehuantepec, Veracruz y otras áreas de gran riqueza. Ahuitzotl fue también un
magnífico hombre de Estado y un gran urbanista que amplió el Templo Mayor de
Tenochtitlán, el principal monumento de la ciudad.
A su muerte le sucedió Motecuhzoma II Xocoyotzin (1502-1520),
un sagaz político que inició una serie de profundas reformas encaminadas a
consolidar el imperio. Así, obligó a los nobles a desempeñar cargos públicos e
impuso la supremacía de Tenochtitlán en la Triple Alianza al
sustituir a los gobernantes legítimos por parientes suyos. Las reformas también
afectaron a la política imperial, puesto que Motecuhzoma frenó la expansión
militar y se concentró en la tarea de someter a los territorios independientes
que habían resistido los ataques de sus predecesores. No lo consiguió, y ello
sería la principal razón del fin del imperio, porque los españoles nunca
habrían logrado vencer a los mexicas sin la ayuda de Tlaxcallan, uno de los
Estados libres del México Central.
Organización social de la Cultura
Azteca
La sociedad de la cultura azteca
experimentó profundas modificaciones a lo largo de su corta historia al
transformarse poco a poco el igualitarismo de los primeros tiempos,
consecuencia de la orientación militar y los grupos de parentesco, en la
estructura social descrita por los soldados españoles.
En principio, pueden diferenciarse dos grandes clases sociales: la
noble y la plebeya. Teóricamente, los miembros del grupo inferior podían
ascender al superior y viceversa, pero en la práctica la movilidad social era
inexistente.
La Nobleza
El sector dominante estaba formado por
capas sociales de diversa procedencia encabezadas por el linaje real
descendiente del primer tlatoani (Orador) o rey mexica.
Tlatoani
Le seguían en poder y prestigio
los tetecuhtin (Señores), nobles de alto rango que se habían
hecho merecedores del título por los valiosos servicios que prestaron al
Estado. Los Señores poseían enormes extensiones de tierras en
los lugares conquistados que se cultivaban mediante siervos y ocupaban los
cargos más elevados del gobierno de la nación. El rango no era hereditario, si
bien los hijos de los tetecuhtin podían sucederá su padre cuando demostraban
poseer los requisitos necesarios.
El tercer bloque estaba formado por los pipillin (literalmente
Hijos), quienes, como su nombre indica, estaban emparentados con los monarcas y
los tetecuhtin. Constituían la gran masa de la nobleza y sin ellos el imperio
no hubiera podido funcionar, dado que todos los puestos intermedios de la administración,
la magistratura, el ejército y el sacerdocio eran ejercidos por
pipiltin. Estos nobles tenían derecho a poseer una o más parcelas del
latifundio familiar.
Los cuauhpipiltin (Hijos del águila) constituían el último escalón de la clase
noble. Se trataba de guerreros o mercaderes procedentes de la clase plebeya que
habían logrado franquear la barrera social gracias a sus dotes
militares o a su habilidad comercial. Estos méritos les daban derecho a
disponer de la producción de un pequeño lote de tierras que se les entregaba
para su sustento, a contraer más de un matrimonio, y a quedar exentos de la
obligación de tributar en especie o en trabajo al tlatoani.
Los cuauhpipiltin, sin embargo, no eran bien vistos por los
aristócratas de sangre, que les prohibían lucir determinados adornos reservados
a la nobleza, recordándoles así lo bajo de su cuna.
Cuauhpipiltin
Los Plebeyos
La clase dominada carecía de la
homogeneidad que caracterizaba al estamento plebeyo de otras sociedades
precolombinas. Había tantas diferencias económicas e incluso jurídicas que
conviene diferenciar al menos tres estratos: superior, medio e inferior.
Estrato Superior
El primero lo integraban los pochteca, comerciantes
dedicados a la exportación e importación de los productos de lujo
consumidos por la élite dirigente. El carácter semioficial de su profesión, que
les llevaba a veces a actuar como espías, les proporcionaba grandes riquezas y
la gratitud del Estado. Los pochteca tenían derecho a
tribunales, fiestas y emblemas particulares; pero no estaban libres de entregar
fuertes tributos, lo cual señalaba su pertenencia a la clase plebeya. Algunos
artesanos especializados en la elaboración de los artículos de lujo gozaban de
una posición similar.
Pochteca
Estato Medio
Por el contrario, la inmensa mayoría
de los macehualtin (Merecidos) se situaba en el escalón
intermedio. Su profesión dependía del lugar donde residiesen: los que vivían en
las áreas rurales o en los suburbios de Tenochtitlán se dedicaban a la
agricultura; los de las ciudades al comercio al por menor, a las artesanías o a
los servicios (médicos, parteras, barberos, etc.). Los macehualtin tenían
rigurosamente prohibido poseer tierras en propiedad. Además, debían pagar
impuestos, cumplir el servicio militar y trabajar gratis en las construcciones
públicas.
Los plebeyos se organizaban en calpultin (singular
calpulli) o barrios. El calpulli fue originariamente un grupo de familias
emparentadas entre sí que cultivaban la tierra de manera comunal y estaban
subordinadas a un jefe, el calpuUec. Esta institución, típica de las sociedades
agrícolas preaztecas, se convirtió en Tenochtitlán en una simple demarcación
territorial con funciones económicas, administrativas, militares y educativas.
Estrato Inferior
Los mayeque (braceros)
y los tlatlacotin o esclavos constituían los estratos
inferiores de la sociedad de la cultura azteca. Los primeros cultivaban las
tierras de los nobles y estaban adscritos a ellas. Al igual que sucedía en la
Europa medieval, los mayeque formaban parte del latifundio y se heredaban o
compraban junto con el resto de la propiedad. La categoría de siervo pasaba de
padres a hijos e incluía, entre otras muchas cargas, la obligación de servir en
el ejército, de hacer las tareas domésticas de la casa del Señor, y de
entregarle una parte de la propia cosecha.
Los tlatlacotin, denominados impropiamente esclavos por los cronistas
españoles, gozaban de una posición jurídica que les hacía más semejantes a los
siervos del Medievo que a los esclavos de la antigüedad clásica. Así, podían
contraer matrimonio con personas libres, sus hijos no heredaban la condición de
esclavo y tenían derecho a poseer propiedades (esclavos incluidos). Las causas
que conducían a la esclavitud eran dos: la pobreza, que impulsaba a
algunas personas a venderse a sí mismas, y la condena por robo u otro
delito.
Tlatlacotin
Las diferencias entre pipiltin
y macehualtin no se limitaban a los campos de la economía y la
política, sino que comprendían también otras facetas de la vida humana, como el
matrimonio (los nobles eran polígamos y los plebeyos monógamos) o la educación.
Los aztecas fueron el único pueblo de América prehispánica que establecieron la
educación obligatoria y gratuita para todos los varones. Sin embargo, su
sistema educativo reflejaba la estratificación social, pues los hijos de la
nobleza iban al calmecac, un internado donde se impartía una
refinada educación, y los del pueblo a los telpochcaltin, escuelas de barrio
que daban una formación puramente militar.
Organización político-administrativa
La mayor autoridad de Tenochtitlán era
el Huey tlatoani (Gran orador), quien acumulaba en su persona
el poder ejecutivo, legislativo y judicial. También tenía las máximas
competencias en el campo religioso, si bien, a diferencia del Inca del
Imperio Incaico, sus súbditos no le atribuían carácter divino. El cargo
pertenecía a una familia, aunque no pasaba de padre a hijo, sino de hermano a
hermano. Cuando fallecía el último hermano vivo, le sucedía uno de los hijos
del hermano que reinó en primer lugar.
Tlatoani
El Huey tlatoani contaba
con la ayuda del cihuacóatl (Serpiente hembra), un virrey o visir que ejercía
la regencia en caso de ausencia o muerte del monarca. El rango de cihuacóati se
heredaba y entre sus funciones estaba la de presidir el tribunal más alto o de
última instancia, así como la supervisión de los distintos consejos: el
militar, el judicial y el económico. Este último consejo, situado en una sala
del palacio imperial llamada petlacalco (Casa del cofre),
dependía directamente del virrey y se encargaba de todo lo relacionado con la
movilización de la mano de obra, los tributos y las obras pú-blicas. Los
responsables de las distintas comisiones formaban el Consejo Supremo, organismo
que. junto con otros altos dignatarios, constituía el cuerpo electoral
encargado de seleccionar al nuevo tlatoani entre los distintos candidatos.
cihuacóatl
El imperio se organizó de una forma
más simple que el de los incas, ya que, por regla general, los mexicas y sus
confederados respetaron la autonomía de los Estados sometídos siempre y cuando
se declarasen vasallos suyos, entregasen un fuerte tributo anual y participasen
en las guerras del imperio. El gobierno directo sólo se imponía cuando los
vencidos se rebelaban. En ese caso, se sustituía al tlatoani local por un
gobernador militar de la cultura azteca. Para vigilar la recogida de tributos
de las 38 provincias dominadas, que dependía de los gobernantes de la zona, se
creó una red de calpixque o recaudadores de tributos, que podían pedir ayuda a
las guarniciones militares diseminadas a lo largo y ancho del imperio en caso
de peligro.
Economía
El tributo, la agricultura y el
binomio artesanía/comercio constituían los tres pilares de la economía de la
cultura azteca. Cada uno era indispensable para los otros y su desarrollo
dependía directamente de la guerra.
La agricultura
La agricultura de la cultura azteca
estaba perfectamente adaptada al medio ambiente. En las zonas secas se
construyeron centenares de canales de riego para aprovechar las aguas de los
lagos y ríos; y en las lagunas, donde no se podía cultivar, se crearon
infinidad de chinampas, islotes artificiales de cieno apuntalados
en sus esquinas con sauces acuáticos que daban dos cosechas anuales. Las
chinampas, al igual que las restantes tierras, se dividían en tres grupos según
su poseedor: comunales, estatales y privadas. Las primeras pertenecían
al calpulli y se entregaban en usufructo a los miembros del barrio para su
cultivo individual. Las segundas eran propiedad del Estado, quien las explotaba
directamente o mediante arriendo para sufragar los gastos del palacio, la
justicia o el ejército. Las terceras estaban en manos de los nobles y podían
venderse junto con sus mayeque siempre y cuando el comprador fuese miembro de
la nobleza.
La posesión de la tierra permitía a los pipiltin dedicarse
íntegramente a la guerra, gracias a la cual se obtenían enormes cantidades de
objetos exóticos, materias primas o productos de primera necesidad. La mayor
parte del tributo de los pueblos sometidos se empleaba en el mantenimiento de
la corte, del ejército, de las fiestas religiosas, de los obreros y del pueblo
en época de malas cosechas; el resto se entregaba a los artesanos para su
transformación en productos de lujo, que a su vez se exportaban a otras áreas
de Mesoamérica.
Chinampas
Comercio
Esta economía, de marcado corte
imperial, exigía un activo comercio, cuyas rutas cubrían desde las costas del
Pacífico hasta las del Golfo de México. Por eso los pochteca gozaban,
como hemos visto, de un fuerte prestigio social. La actividad de los mercaderes
no se limitaba al territorio controlado por la cultura aztecas. La demanda de
cacao, plumas de quetzal y otras materias tropicales llevaba a los pochteca a
los lejanos mercados de Xicalanco, en el Golfo de México, y Xoconochco, en la
costa pacífica, importantes centros comerciales donde se intercambiaban las
producciones del Altiplano y del área maya.
Algunos bienes suntuarios se
distribuían paralelamente a través de la red de mercados locales o regionales.
En los tianguiz, que se celebraban cada cinco o veinte días, se
vendían todo tipo de mercancías y se ofrecían los servicios de muchas
profesiones. Una corte de 12 jueces, presididos por un representante de los
pochteca, y un ejército de funcionarios se encargaban de impedir los fraudes o
de resolver los litigios.
Las compras se hacían a base de
trueque o, lo más frecuente, con moneda. El sistema monetario mexica se
diferenciaba bastante del occidental, pues los valores de cambio más frecuentes
eran las semillas de cacao y las mantas, cuyo valor dependía de su tamaño y
calidad. Al respecto interesa señalar que las mantas suponían una elevada
porción de los tributos recogidos.
Comercio Azteca
Religión
El militarismo de la sociedad de la
cultura azteca se reflejaba con gran claridad en la esfera religiosa. Los mitos
de creación, por ejemplo, sacralizaban la guerra al sostener que la única forma
de evitar la destrucción de la humanidad, como había sucedido a las cuatro
anteriores, consistía en alimentar al Sol con la sangre de los enemigos
prisioneros de guerra para fortalecerle y evitar así su muerte.
Sin embargo, las creencias guerreras de los pipiltin mexicas
no eran compartidas por la inmensa mayoría de los campesinos del México
Central, sostén económico de Tenochtitlán, que seguían adorando a los viejos
dioses de la vegetación y el agua. Esta oposición dio origen a una religión
donde convivían en igualdad ambas tradiciones. La presencia de dos capillas
gemelas en el Templo Mayor de Tenochtitlán, dedicada una a Tialoc, el dios
acuático, y otra a Huitzilopochtli, la belicosa deidad de la cultura azteca,
simbolizaba a la perfección el dualismo típico del pensamiento mexica.
Las principales deidades del panteón eran Omelecuhtli y Omecíhuatl, dioses
creadores, y sus cuatro hijos: Tezcatlipoca, dios de la Providencia;
Huitzilopochtli, de la guerra: Quelzalcóatl, deidad del bien; y Xipe, patrono
de la primavera y los cultivos. La misma importancia poseían Tlaloc y
Chalchiuhtlicue, divinidades acuáticas; Mictlantecuhtli. señor de los
Infiernos; y las distintas advocaciones de la gran diosa madre de los primen»
agricultores (Coatlicue y Tlazolteotl).
Omelecuhtli
El dualismo se extendía también al
mundo de los muertos. Los guerreros muertos en combate o en la piedra de los
sacrificios iban al Paraíso Solar; los que perecían ahogados o por causas
relacionadas con el dios de las aguas marchaban al Paraíso de Tlaloc, un jardín
lleno de flores, riachuelos y frutas variadas. El resto de los mortales se
encaminaba al Mictlan (Lugar de los difuntos), donde se
llevaba una existencia similar a la anterior.
Los sacrificios humanos, punto
culminante del complejo sistema ceremonial mexica. reproducían también la
dualidad, ya que las técnicas empleadas en algunos de ellos (decapitación,
flechamiento, inmersión en agua o desollamiento) tenían un claro simbolismo
agrario. Sin embargo, todos finalizaban de la misma manera, que el sacrificio
realizado en honor de Tonatiuh, la deidad solar: los sacerdotes abrían el pecho
del cautivo con una gran navaja de piedra, sacaban el corazón y lo ofrecían al
Sol.
La complejidad de la vida religiosa de la cultura azteca exigía un sacerdocio numeroso y bien organizado. A la cabeza se encontraban dos sumos sacerdotes, iguales en poder y prestigio, representantes respectivos de Tlaloc y Huitzilopochtli. Les seguía en categoría el Mexicatl teohuatzin (Sacerdote mexicano), encargado de las ceremonias, y sus subordinados directos. El resto del clero se agrupaba en órdenes religiosas divididas en cuatro grupos de edad: novicios, jóvenes, maduros y ancianos.
Ciencias y artes
Las creaciones intelectuales de la
cultura azteca seguían la línea trazada por la cultura maya.
El calendario
El calendario, herencia de los
antiguos habitantes del Altiplano, constaba de dos ciclos: el tonalpohualli (Cuenta
de los días) o año ritual de 260 días, y el xihuitl, o año solar de
365.
El primero estaba formado por la unión de una serie de números, del 1 al 13,
con otra de 20 signos. Ambas ruedas se combinaban de tal manera que una
composición determinada no se repetía hasta que transcurrían 260 jornadas
(13×20). El xihuitl tenía 18 meses de 20 días cada uno. Lo que
sumaba 360. A esta cantidad se añadía 5 días llamados nemontemi,
que se consideraban nefastos. La unión de ambos sistemas permitía numerar los
años solares. Las fechas, establecidas según la técnica del tonalpohualli se
repetían pasados 52 años. Este período equivalía a nuestro siglo y su final
provocaba una gran inquietud, pues la cultura azteca pensaban que la
desaparición del mundo sucedería al final de un ciclo de 52 años.
Calendario Azteca
La Escritura
La escritura mexica no alcanzó la
madurez de la maya. Los conceptos y objetos se representaban
mediante dibujos más o menos realistas, aunque también existían algunos glifos
de tipo ideográfico y otros fonéticos para transcribir numerosas sílabas y los
sonidos a, e y o. Gracias a estos
símbolos, reproducidos en largas tiras de papel de fibra de maguey ó piel de
venado plegadas como un biombo, la cultura azteca podía llevar las cuentas de
los tributos, recordar los acontecimientos pasados y predecir el futuro.
La ausencia de una escritura formal no
fue ningún obstáculo para los poetas de la cultura azteca, que compusieron
centenares de bellas composiciones de todos los géneros, desde el épico
yaocuicatl (canto de guerra) hasta el lírico xochicuicatl (canción
de la flor), pasando por el icnocuicatl, un poema de corte
dramático y honda profundidad filosófica. La prosa méxica ofrece un interés
literario menor, salvo la retórica, arte en el que la cultura azteca fueron
consumados maestros.
El Arte
Las artes presentaron un desarrollo
extraordinario. Los mexicas destacaron en todas las manifestaciones artísticas,
si bien fue la escultura en piedra —tanto de bulto redondo, como en relieve— el
campo que más trabajaron. La escultura de la cultura azteca tiende al
colosalismo y su estética, geométrica y naturalista, está pensada para causar
una honda impresión en el espectador. También sobresalieron en las denominadas
artes industriales: lapidaria, plumería y cerámica.
Actividad:
·
¿Qué territorios abarco el imperio mexica y a quienes
no lograron dominar?
·
Explica cuál era la función del Calmécac y el Telpochcalli.
·
Menciona como estaba dividida la sociedad mexica.
·
¿En qué basaban su economía?
·
¿Qué avances tecnológicos lograron?










