miércoles, 21 de abril de 2021

F.C. Y E. I Grupos: 1D y 1E 20-04-21

 

20-04-21         Todas y todos somos diversos

Aprendizaje esperado: Reflexiona acerca del respeto a la diversidad, la igualdad y la solidaridad como condiciones básicas de la cohesión social.

Énfasis: Reconocer que impulsar acciones en favor de la diversidad, igualdad y solidaridad fortalece la cohesión social.

¿Qué vamos a aprender?

Reflexionarás acerca del respeto a la diversidad y la igualdad como condiciones básicas para la cohesión social. En el desarrollo de la sesión, profundizarás en cada uno de los valores mencionados e identificarás la manera en que cada persona contribuye a la cohesión social. Así, recordarás los saberes aprendidos en sesiones anteriores y los reforzaras.

La igualdad y la diversidad en la sociedad y la cultura



La sociedad y la cultura como lugares de la diversidad Todas las personas somos diferentes; no es posible que existan dos personas completamente iguales. Hay diferencias que se hacen evidentes a primera vista: en los rostros, en la voz, en la altura o en el color del cabello. Hay otras que nos lleva un poco más de tiempo descubrir, como, por ejemplo, los pensamientos o los gustos de cada uno. Además de esas diferencias personales e identitarias, las personas pertenecen a sociedades y culturas diversas. Es por ello que la sociedad y la cultura son lugares donde la diversidad es la regla. Las relaciones sociales se deben desarrollar a partir de la noción de la característica primaria de las personas: la desigualdad. No en el sentido negativo de pensar una sociedad o persona que se posiciona como superior frente a otra inferior, sino en el orden de lo que no es igual, de lo distinto. La convivencia entre las diferentes sociedades se desenvuelve en un marco de respeto y valoración del otro cultural, solo cuando se reconoce que es en esa diversidad donde reside la riqueza del intercambio humano. La diversidad es inseparable de la condición humana. No hay una sociedad o una cultura que se pueda presentar como mejor que otra: todas son diferentes y todas tienen sus aportes, valores y riquezas. La cultura es el conjunto de costumbres, formas de conducta, lenguaje, religión y sistema de creencias, por medio de los cuales una sociedad se expresa y manifiesta. Según la Unesco, es a través de la cultura que el ser humano “se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”. Las personas perciben la realidad a través de la cultura; su propio sistema de valores es concebido culturalmente y, a partir de ellos, toman decisiones o eligen entre opciones varias. En resumen, las diferencias entre las personas particulares y los grupos sociales son naturales, son parte misma de lo que nos conforma como seres humanos. Las identidades individuales y grupales son producto de una construcción histórica y social, determinada también por el universo cultural de cada uno.

 

Las diferencias entre los grupos sociales



Desde la década de los setenta, comenzaron a realizarse estudios sobre las diferentes sociedades y culturas que habitan en una misma región, así surgió el término multiculturalismo. Los primeros trabajos sobre este tema se produjeron en Canadá y Australia. El multiculturalismo es la coexistencia de grupos culturales distintos dentro de un mismo Estado nacional. En las sociedades multiculturales se comienzan a visualizar, bajo el concepto de “minorías”, otros grupos sociales diferentes al que pertenece una supuesta mayoría determinada. Luego, al extenderse este término hacia otras situaciones, contextos y disciplinas, se continuó tratando a todos los grupos diferentes como minorías. Veamos algunos ejemplos de minorías. Las comunidades originarias o los inmigrantes son grupos socioculturales englobados bajo ese rótulo de minorías. Que ambos sean llamados minorías no significa que tienen elementos en común.

 Las poblaciones autóctonas fundamentan sus derechos en la ascendencia histórica y en la ocupación originaria de la tierra. Las demandas sobre la posesión de la tierra son centrales y de larga data, aunque, por supuesto, no son las únicas. En cambio, como los inmigrantes no fueron los ocupantes originarios de las tierras antes de la formación de los Estados nacionales, sus derechos se fundamentan en la posibilidad de expresión y desarrollo de sus diversidades culturales, siempre en el marco de relaciones sociales interculturales basadas en el respeto y la valoración de ese intercambio. El proceso de globalización profundizó las migraciones y, con ello, también los contactos multiculturales. Las personas con capacidades diferentes son consideradas como la “minoría más grande del mundo”.

 Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “en todo el mundo, las personas con discapacidad siguen enfrentándose a obstáculos en su participación en la sociedad, y a niveles inferiores de vida”. Por ello, en 2008, los Estados miembro de Naciones Unidas, en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, lograron aprobar un tratado que “convierte a las personas con discapacidad en ‘tenedores de derechos’ y en ‘sujetos de derecho’, con la participación total en la formulación e implementación de planes y políticas que les afecten”. Para garantizar la equidad y el acceso igualitario a los derechos de todas las personas, es necesario que los distintos Estados desarrollen políticas tendientes a asegurarlos, pero también es necesaria una sociedad comprometida en el reconocimiento de la igualdad de derechos.

El pluralismo

Cuando hablamos de pluralismo, nos referimos a la situación en la cual en una misma región conviven armoniosamente sociedades, grupos o comunidades etnicoculturales diferentes. La característica principal de las sociedades pluralistas es la existencia en ellas de la diversidad cultural, la que es valorada en sus dimensiones culturales e identitarias, propias de ese otro cultural. Dentro del pluralismo, la diversidad cultural se mantiene, es decir, no desaparece ni es engullida por culturas señaladas como dominantes. En la actualidad, el pluralismo y los avances de la globalización complejizan y ponen en tensión la definición de la identidad nacional.



La diversidad sociocultural

 En las páginas anteriores vimos que la sociedad, la cultura y la identidad son lugares de diversidad. Es justamente mediante esa diversidad que nos enriquecemos, porque nos contactamos con otras culturas y otras maneras posibles de entender el mundo en el que vivimos. Por lo tanto, en las sociedades en las que está presente la diversidad sociocultural, ningún grupo determinado debería perder parte de su cultura o de sus identidades en ese contacto, sino que esas diferencias deberían cobrar valor y espacio de desarrollo.

La alteridad: el valor de descubrir a un “otro”

 La palabra alteridad proviene del latín: alter que refiere al “otro”, y dad que alude a la “cualidad”. Significa, entonces, la condición o posibilidad de ser otro. La alteridad es un concepto que se utiliza para señalar a un “otro”, distinto a mí, que tiene su forma particular de comprender el mundo y, en consecuencia, de actuar en él. Es, entonces, el proceso por el cual una persona descubre al otro cultural a partir de una distinción entre ese “otro” (que tiene sus costumbres, sus características particulares y tradiciones) y un “yo”. Para que haya alteridad, ese puente relacional producido entre el “otro” y “yo”, entre un “nosotros” y un “ellos”, se debe desarrollar en armonía y respeto. Esta división no significa ejercer algún tipo de práctica discriminatoria negativa, sino que se refiere a valorar y respetar las situaciones de encuentro de dos cosmovisiones o formas diferentes de concebir la realidad. La alteridad propicia el diálogo, el entendimiento y las relaciones pacíficas y armoniosas entre “nosotros” y los “otros”. Si no hay alteridad, aparece la discriminación y los intentos de dominación de aquel que se presume más fuerte o correcto. Por ejemplo, en el proceso de conquista y colonización de América, las culturas y cosmovisiones de las comunidades originarias eran vistas por los europeos como inferiores, atrasadas y “no civilizadas”. Esa concepción estaba basada en la creencia de que la cultura de “ellos”, la europea, era superior. En esa relación desigual, no hubo voluntad de entendimiento y respeto por la forma de comprensión del mundo que tenían los indígenas americanos, no hubo alteridad. Por lo tanto, la cultura europea dominó a la americana e impuso por la fuerza su propia manera de ser cultural.

 La identidad en la alteridad

Las bases de la alteridad debemos buscarlas en los procesos de socialización, en el aprendizaje primario de los valores de la convivencia, la tolerancia y el respeto y preocupación por el otro. Para que haya alteridad, es necesario tener en cuenta la perspectiva del otro y ponerla en valor al mismo nivel que la propia. Si pensamos que la propia percepción de la realidad es la única posible y correcta, no solo no habilitamos el desarrollo de la alteridad, sino que también le estamos negando al otro su derecho de ser particular en el mundo.

Las representaciones hegemónicas

Las representaciones hegemónicas son aquellas formas sociales que en una sociedad determinada se establecen como las correctas. Es decir, son las formas de ser, comportarse y expresarse que, se supone, la sociedad espera de las personas. Esto nos muestra que, si hay una forma de comportamiento esperada es porque, de alguna manera, se estableció qué es lo correcto y qué no lo es. Ahora bien, ¿quién lo estableció? ¿Está escrito en algún lado? Si alguien es señalado porque no se comporta igual que todos los demás, ¿no lo estamos discriminando? ¿Existe algo así como un “manual de representaciones hegemónicas” que podamos consultar para evitar señalamientos y prejuicios sociales? Las representaciones hegemónicas se fundamentan en el sentido común. Se transmiten casi sin darnos cuenta: están en las conversaciones cotidianas, las vemos reflejadas en las publicidades, en las historias de los programas de televisión y en las películas que vemos. Podrían ser representadas bajo la frase de “todo el mundo lo sabe”. A medida que las sociedades van cambiando y modificando su forma de ver el mundo, esas representaciones van mutando también.

Tipos de representaciones hegemónicas

Existen distintos tipos de representaciones hegemónicas: pueden ser de género, de nacionalidad, étnicas, religiosas, de orientación sexual, ideológicas o generacionales, por ejemplo. Cada una determina una forma social que se presume como correcta y señala negativamente aquellas formas que se “salen de lo normal”. Cuando se producen estos señalamientos discriminatorios, podemos afirmar que no hay alteridad, porque no se respetan ni se valoran las formas de comprender el mundo de los otros. A través de las representaciones de género, por ejemplo, se determinan cuáles son los roles reservados para las mujeres y para los varones, y se establece que aquellos que se salen de ese campo delimitado no están en lo correcto. Por ejemplo, “las mujeres son las que deben limpiar”, “los varones son los que deben trabajar para mantener a sus familias” son representaciones hegemónicas de género que, en la actualidad, están en proceso de cambio. Las representaciones hegemónicas de orientación sexual marcan como “correcta” la heterosexualidad, señalando negativamente a aquellas personas de elecciones sexuales diferentes. De esta manera, las representaciones hegemónicas delimitan un “nosotros” (los que siguen los lineamientos sociales que esas representaciones marcan como correctos), de un “ellos”, que serían los “distintos”. Esa delimitación está presente también en la alteridad, pero en términos positivos, inclusivos y valorativos del otro.

Ejemplo:



Actividad:

Por medio de la información proporcionada explica los siguientes conceptos:

  • ·         Multiculturalismo
  • ·         Pluralismo
  • ·         Alteridad
  • ·         Representaciones hegemónicas