19-04-21 El
Virreinato II
Aprendizaje esperado: Identifica
la manera en que el Virreinato de la Nueva España se organizó en los ámbitos
administrativo y económico.
Énfasis: Reconocer
las repúblicas de indios y de españoles, el auge y debilitamiento de la
encomienda y el repartimiento.
¿Qué vamos a aprender?
En esta sesión, identificarás la
manera en que se conformó el Virreinato. Además, conocerás cómo se construyeron
las repúblicas de indios y españoles, y profundizarás en la encomienda y el
repartimiento durante este periodo.
El Libro VI de la Recopilación de
Leyes de los Reinos de Indias recoge la legislación relativa a la república de
los indios, que parte de un concepto básico en la colonización española y
vigente desde el primer momento: los indios son vasallos de la Corona, no
extranjeros o enemigos (como ocurrirá en otras colonizaciones) sino súbditos a
los que se pretende integrar en el sistema hispánico, estableciéndose incluso
la obligatoriedad del pago del tributo como reconocimiento de su vasallaje.
Pero al mismo tiempo que se
declara formalmente que como tales súbditos son libres e iguales a los
españoles -aunque éstos no pagan tributos-, se reconoce su situación de
inferioridad legal y práctica, contradicción que se trata de resolver mediante
la adopción de una política proteccionista, de subordinación y aculturación,
con medidas tutelares sobre una población considerada en permanente minoría de
edad. El ejercicio de la tutela requiere organizar a los indios dentro de un
régimen político en común, es decir, en república, entendiendo por ello la vida
ordenada, en policía.
Ello implica la reorganización de la vida
indígena y la congregación de los indios en pueblos o reducciones, donde no
residirían más españoles que los doctrineros, corregidores y encomenderos.
Estos asentamientos permiten vigilar y controlar mejor a la masa indígena, a la
vez que buscan impedir posibles extorsiones y abusos por parte de los españoles
u otras gentes. De todas formas, la política aislacionista no fue rígida, y
cierto número de pueblos indios vivió constantemente en contacto con los
españoles, además de que en todas las grandes ciudades había barrios indios,
denominados cercados y situados en las afueras. En la aplicación de la política
indígena será decisiva la colaboración de la Iglesia y de la
propia nobleza india. Los caciques (término caribeño que acabó
reemplazando a las distintas denominaciones locales para las jefaturas
indígenas de carácter medio, pues los niveles superiores fueron eliminados a
raíz de la conquista) tenían un gran poder en sus comunidades y fueron
instrumentos esenciales para el control de los nativos. Caciques y principales
se convirtieron en gobernadores, alcaldes y regidores de
los cabildos de indios establecidos en sus pueblos según
el modelo español, y actuaron como intermediarios y auxiliares de la
colonización, organizando la recaudación de tributos, la provisión de mano de
obra, etcétera. Gracias a esta colaboración, la nobleza indígena fue reconocida
y recompensada con algunas distinciones. Por ejemplo, a diferencia del resto de
los indios, los caciques y principales tenían permiso para llevar armas de
fuego y espadas y podían montar a caballo, estaban muy hispanizados en su
indumentaria, casas y estilo de vida, poseían tierras, ganados y esclavos
negros, algunos pocos incluso fueron encomenderos. Es decir, la misma función
de la nobleza en la república de los españoles. Sin embargo, el poder político
efectivo en los distritos indígenas lo tiene el gobernador español,
que con título de corregidor o alcalde mayor es la máxima autoridad y quien
toma las principales decisiones, debiendo velar por el cumplimiento de la
legislación proteccionista. En la práctica su actuación no siempre será
tutelar, por el contrario los frecuentes abusos acabarán convirtiendo a estos
funcionarios en una de las lacras de la administración colonial, y desde luego
serán odiados por los indios, hasta llegar a ser las primeras víctimas de sus
motines y rebeliones. El sistema político-legal proteccionista se completa con
otras figuras que se van nombrando y actuarán en los diferentes distritos, como
el protector de indios (con funciones nunca reglamentadas, aunque implícitas en
su nombre, cuya actuación dependió de la personalidad del titular) y el
procurador de indios, especie de abogado de pobres en las Audiencias,
donde existía también la figura del fiscal de indios. La Iglesia,
estrechamente vinculada a los intereses políticos y colonizadores del Estado,
es la institución que asume mayor protagonismo para modificar la sociedad
indígena, no sólo en el plano religioso sino también en el lingüístico y el
cultural. La evangelización, que teóricamente justificaba toda la empresa
española en América, fue asumida con entusiasmo desde el principio y pronto se
superó la actitud agresiva, compulsiva, característica de los primeros años,
cuando la integración religiosa se concebía como una prolongación de la
conquista y la tarea fundamental era destruir las evidencias del paganismo.
En general, el esfuerzo misionero fue una operación pacífica, constante e ininterrumpida, cuyo resultado final desde el punto de vista de la creencia religiosa indígena fue el sincretismo, la fusión de la fe cristiana y la pagana. Los indios incorporaron la nueva religión a su propio panteón politeísta y sistema de creencias, prestando mayor atención a aspectos como el de los santos o el dogma de la Trinidad que al propio Dios cristiano. Pero desde el punto de vista de las actitudes sociales y ceremonias externas, la evangelización fue un éxito: en cualquier pueblo indígena la iglesia jugaba un papel dirigente, y aunque los indios no solían ser sacerdotes, se ocupaban de la sacristía y desempeñaban toda una serie de tareas menores, participaban en los ritos y fiestas, se organizaban en cofradías, etcétera. Como parte de la propia metodología misional, los religiosos aprendieron las lenguas indígenas (convertidas en lenguas oficiales de la Iglesia católica) y asumieron también la función educativa. En general, las escuelas parroquiales y misionales proporcionaban, junto con la enseñanza de la doctrina, una educación rudimentaria, aunque la mayoría de los indígenas no llegó a aprender nunca la lengua castellana. Los mayores esfuerzos en este sentido se dedicaron a las capas altas de la sociedad india, fundándose colegios específicos para ellas, como los de Santa Cruz de Tlatelolco (México), del Príncipe (Lima), o de San Francisco de Borja (Cuzco). En cuanto a la cultura material, la asimilación fue muy lenta en las zonas rurales. Por ejemplo, los indios -que eran mayoritariamente campesinos- tardaron mucho en incorporar el arado, que implicaba el uso de animales de tiro y otros cambios en sus métodos agrícolas, así que durante mucho tiempo siguieron usando el palo cavador tradicional. Por otro lado, a veces los esfuerzos integradores resultaron ser una extorsión. Es el caso de los llamados repartos (ventas) de mercancías, que fueron un importante instrumento de aculturación forzada encaminado a introducir a los indios en una economía mercantil. Los corregidores, aunque por ley tenían prohibido participar en actividades comerciales, controlaban la distribución económica entre los indios, obligándoles a comprar a precios excesivos tanto productos necesarios como superfluos. Estas prácticas, usuales aunque ilegales tanto en Nueva España como en Perú desde la segunda mitad del siglo XVII, fueron legalizadas a partir de 1751 en un intento de controlar los excesos, pero la práctica no cambió las cosas y el reparto constituyó una fuente de crónica irritación para los indios. Pero además de los planos político, religioso, língüístico y cultural, se intentó también -y se hizo en primer lugar y con éxito- la integración laboral, principal forma de vinculación entre el mundo español y el mundo indígena. Los sistemas de utilización de la mano de obra variaron según los lugares y épocas, y tuvieron estrecha relación con la organización sociocultural indígena, sobre todo en las sociedades complejas, donde los españoles encontraron vigentes condiciones de esclavitud y servidumbre que procuraron aprovechar. Por orden más o menos cronológico, los sistemas de trabajo implantados fueron la esclavitud, encomienda, trabajo forzado, trabajo semivoluntario y trabajo libre.
El trabajo en
la encomienda era prácticamente idéntico al de la esclavitud. De
todas formas, ya vimos cómo esta institución deja de ser una fuente de trabajo
privado para convertirse en una renta; desde fines del XVI sólo en zonas
marginales y pobres subsiste la encomienda de servicio personal. El siguiente
sistema fue el reclutamiento forzado de mano de obra, basado en prácticas
prehispánicas, que en México se llamó coatequitl o régimen de tandas, y en Perú
mita.
La forma más elaborada fue la
mita peruana o repartición, el trabajo forzoso por antonomasia, consistente en
prestaciones laborales temporales, en actividades de interés público
(especialmente en la minería, pero también en obrajes, caminos, etc.). Se
trataba de un trabajo compulsivo pero remunerado y perfectamente reglamentado,
aunque provocó muchas quejas debido al incumplimiento de la legislación. Las
mitas de Potosí, con cerca de 13.500 indios al año, y Huancavélica, con unos
2.200, fueron las más importantes y las que significaron una dura carga para
los pueblos obligados a proporcionar los contingentes de trabajadores. El
trabajo semivoluntario se basaba también en sistemas prehispánicos de mano de
obra atada o semiservil. Las categorías más conocidas fueron las de yanacona,
especie de siervos vinculados a la tierra, y naboría, término caribeño que los
españoles aplicaron en Nueva España y que más tarde se hispanizaría transformándose
en laborío, que describe diversas formas de mano de obra indígena.
Actividad:
- · ¿Cómo era la vida de los indígenas y españoles durante el Virreinato? (Diferencias en derechos y obligaciones).
- · ¿En qué consistía la encomienda y el repartimiento durante el Virreinato?



